• Génesis 18.12.2012 No Comments
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    Estudio de la Santa Biblia en audio MP3, de Génesis Capítulo 44:8, 45 – 46:4

    Génesis 44:8-34

    Génesis 45:1-28

    Génesis 46:1-4

    Vamos a proseguir este estudio, considerando los versículos 8 y 9, que dicen:

    Génesis 44:8-9

    He aquí, el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales, te lo volvimos a traer desde la tierra de Canaán; ¿cómo, pues, habíamos de hurtar de casa de tu señor plata ni oro?

    Aquel de tus siervos en quien fuere hallada la copa, que muera, y aun nosotros seremos siervos de mi señor.

    Vemos aquí cuán seguros estaban estos hombres de que ninguno de ellos tenía la copa. Estaban dispuestos a respaldar aun con su propia vida lo que acababan de declarar. Leamos ahora los versículos 10 hasta el 13 de este capítulo 44 de Génesis:

    Génesis 44:10-13

    10 Y él dijo: También ahora sea conforme a vuestras palabras; aquel en quien se hallare será mi siervo, y vosotros seréis sin culpa.

    11 Ellos entonces se dieron prisa, y derribando cada uno su costal en tierra, abrió cada cual el costal suyo.

    12 Y buscó; desde el mayor comenzó, y acabó en el menor; y la copa fue hallada en el costal de Benjamín.

    13 Entonces ellos rasgaron sus vestidos, y cargó cada uno su asno y volvieron a la ciudad.

    Podemos asegurarnos que no volverían a casa sin llevar a Benjamín. Prosigamos ahora con el versículo 14 que dice:

    Génesis 44:14

    14 Vino Judá con sus hermanos a casa de José, que aún estaba allí, y se postraron delante de él en tierra.

    Aquí tenemos aun otra ocasión en que se postran ante su hermano. Esta vez es con espanto e intensa emoción. Avancemos ahora con el versículo 15:

    Génesis 44:15

    15 Y les dijo José: ¿Qué acción es esta que habéis hecho? ¿No sabéis que un hombre como yo sabe adivinar?

    Notemos que Judá se adelanta, y ahora la nobleza de este hombre realmente resalta. Fue de la tribu de Judá de quien procedió el Salvador. Este hombre da uno de los discursos más excelentes que la historia jamás haya registrado. Confiesa que es por causa del pecado de ellos que esto les ha sucedido. Leamos los versículos 16 y 17 de Génesis, capítulo 44:

    Génesis 44:16-17

    16 Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué hablaremos, o con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos; he aquí, nosotros somos siervos de mi señor, nosotros, y también aquel en cuyo poder fue hallada la copa.

    17 José respondió: Nunca yo tal haga. El varón en cuyo poder fue hallada la copa, él será mi siervo; vosotros id en paz a vuestro padre.

    Ahora, José desea probarlos más con respecto a su amor para con su hermano. Dice que Benjamín es el culpable, y por tanto es Benjamín quien tiene que quedarse. Recuerde que ellos lo habían vendido a él como esclavo. Ahora él dice simplemente: “Dejad a Benjamín aquí y me servirá de esclavo”. José estaba dispuesto a dejar que los otros volvieran a la casa sin Benjamín. Veamos ahora una vez más la nobleza de Judá en los versículos 18 al 29:

    Génesis 44:18-29

    Judá intercede por Benjamín

    18 Entonces Judá se acercó a él, y dijo: Ay, señor mío, te ruego que permitas que hable tu siervo una palabra en oídos de mi señor, y no se encienda tu enojo contra tu siervo, pues tú eres como Faraón.

    19 Mi señor preguntó a sus siervos, diciendo: ¿Tenéis padre o hermano?

    20 Y nosotros respondimos a mi señor: Tenemos un padre anciano, y un hermano joven, pequeño aún, que le nació en su vejez; y un hermano suyo murió, y él solo quedó de los hijos de su madre; y su padre lo ama.

    21 Y tú dijiste a tus siervos: Traédmelo, y pondré mis ojos sobre él.

    22 Y nosotros dijimos a mi señor: El joven no puede dejar a su padre, porque si lo dejare, su padre morirá.

    23 Y dijiste a tus siervos: Si vuestro hermano menor no desciende con vosotros, no veréis más mi rostro.

    24 Aconteció, pues, que cuando llegamos a mi padre tu siervo, le contamos las palabras de mi señor.

    25 Y dijo nuestro padre: Volved a comprarnos un poco de alimento.

    26 Y nosotros respondimos: No podemos ir; si nuestro hermano va con nosotros, iremos; porque no podremos ver el rostro del varón, si no está con nosotros nuestro hermano el menor.

    27 Entonces tu siervo mi padre nos dijo: Vosotros sabéis que dos hijos me dio a luz mi mujer;

    28 y el uno salió de mi presencia, y pienso de cierto que fue despedazado, y hasta ahora no lo he visto.

    29 Y si tomáis también a éste de delante de mí, y le acontece algún desastre, haréis descender mis canas con dolor al Seol.

    Creemos que Judá aquí en esta declaración hace un recuento de lo que ha pasado y describe la condición de su padre. En realidad, al padre lo han engañado y ahora José se da cuenta de esto. Ahora sabe exactamente lo que sus hermanos le habían dicho a su padre en cuanto a lo que le había sucedido tantos años atrás. Creemos que esta es una confesión verdadera ahora. Creemos que es la primera vez que alguno de ellos ha dicho precisamente lo que había pasado. Habían dicho previamente que José no pareció, dando a entender que estaba muerto. Nunca antes habían contado lo que realmente aconteció. Podemos ver algo más. Jacob crece en la gracia, pero no ha madurado todavía por la sencilla razón de que en vez de confiar en el Señor, se apoya en su hijo Benjamín. Si algo le hubiera pasado a Benjamín, esto lo hubiera matado y habría ido al sepulcro. Amigo oyente, hay cristianos hoy en día que demuestran una fe maravillosa en Dios en la hora en que llega la muerte para un ser amado. Otros, en realidad, se afligen cuando llega esta hora. No importa cuanto ame uno a un ser querido, amigo oyente, si usted es hijo de Dios y si él es hijo de Dios, usted sabe que un día volverá a verlo de nuevo. El que anda por fe no se aflige en tal hora. Por eso, reconocemos que Jacob no ha madurado. Sí, crece en la gracia, pero todavía no confía completamente en Dios. Leamos ahora los versículos 30 al 34, donde Judá continúa hablando:

    Génesis 44:30-34

    30 Ahora, pues, cuando vuelva yo a tu siervo mi padre, si el joven no va conmigo, como su vida está ligada a la vida de él,

    31 sucederá que cuando no vea al joven, morirá; y tus siervos harán descender las canas de tu siervo nuestro padre con dolor al Seol.

    32 Como tu siervo salió por fiador del joven con mi padre, diciendo: Si no te lo vuelvo a traer, entonces yo seré culpable ante mi padre para siempre;

    33 te ruego, por tanto, que quede ahora tu siervo en lugar del joven por siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus hermanos.

    34 Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre.

    ¿Nota usted la ansiedad que siente Judá por Jacob su padre? Judá se constituye en el vocero del grupo, pero creemos que cualquiera de los otros hermanos hubiera expresado el mismo sentimiento. Judá está dispuesto a tomar el lugar de Benjamín. José ahora sabe los resultados de la prueba a que ha sometido a sus hermanos.
    Amigo oyente, vino Uno de la línea de Judá y llevó la pena por los culpables de todo el mundo. Tomó el lugar de los culpables así como Judá aquí estaba dispuesto a tomar el lugar de Benjamín. El Apóstol Pablo nos dice en su carta a los Romanos, capítulo 5, versículo 8:

    Romanos 5:8

    Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

    Y esto quiere decir, amigo oyente, que murió por usted y murió por mí, también. Y así concluimos nuestro estudio del capítulo 44 del libro de Génesis. Y entramos al capítulo 45. La historia de José sigue adelante. José se identifica ante sus hermanos, y después de una reunión compasiva, los envía a su padre Jacob, con una invitación para que todos vengan hasta Egipto. Leamos los primeros dos versículos de este capítulo 45 de Génesis:

    Génesis 45:1-2

    José se da a conocer a sus hermanos

    45  No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos.

    Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón.

    Esta vez José no pudo salir del cuarto. Simplemente se soltó en llanto. Nadie sabe la razón, excepto José. No le fue posible encubrir más su identidad sabiendo que había probado completamente a sus hermanos. No había otro motivo para encubrir su identidad. Sus hermanos en este momento no saben por qué llora, ni los siervos que están allí presentes. Por tanto, José los manda a salir a todos para darse a conocer a sus hermanos.
    Viene el día cuando el Señor Jesús se dará a conocer a sus hermanos. Vino la primera vez a lo Suyo, y los Suyos no le recibieron. Lo entregaron para ser crucificado. Llegará el día cuando vendrá por segunda vez, y se dará a conocer a los Suyos. En aquel día, como dice Zacarías, capítulo 13, versículo 6:

    Zacarías 13:6

    Y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos.

    Nos dicen que en aquel día se abrirá en Jerusalén un manantial para la purificación. Esto es un cuadro de aquel día lo que vemos aquí con José.
    José estaba tan cargado de emoción que no podía contenerse. Se podía oír el llanto hasta en el palacio de Faraón mismo. No podían comprender qué era lo que estaba pasando en la casa de José. Leamos ahora el versículo 3:

    Génesis 45:3

    Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él.

    La palabra turbados, en nuestra traducción, no es realmente una palabra lo suficientemente fuerte. En realidad, los hermanos tenían terror ante su presencia. Si antes tenían miedo, ahora estaban aterrorizados de veras. Había transcurrido un lapso de 25 años desde que lo habían visto la ultima vez, cuando lo vendieron a los ismaelitas. Créame, amigo oyente, que estaban seguros que ahora José desearía vengarse de ellos. Eran presa del más profundo terror; aunque sin base en la realidad ya que como vemos en el verso 4, dice:

    Génesis 45:4

    Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto.

    Soy vuestro hermano. Estamos en el momento dramático. ¿Puede usted imaginar cómo se sienten ellos en cuanto a esto? Fíjese aquí en la reacción de José. No está enojado y no busca venganza. Buscar venganza sería la reacción humana y natural. Pero, ¿por qué no quiere vengarse? La explicación la encontramos en los versículos 5 al 8:

    Génesis 45:5-8

    Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros.

    Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega.

    Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación.

    Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto.

    Note usted que José podía ver en todo esto que Dios era quien le había permitido toda esta experiencia con un propósito. Dios había estado obrando en su vida. Si usted, amigo oyente, y yo pudiéramos ver la mano de Dios obrando en nuestras vidas, ¿nos pondríamos enojados, o buscaríamos venganza? Creemos que no. Este hombre da a Dios la gloria.
    Note usted la explicación que da. Reconoce que Dios ha estado obrando en su vida y les dice a sus hermanos, que todavía quedan cinco años de hambre por delante. José tenía 17 años cuando fue traído a Egipto. Tenía 30 años cuando se paró delante de Faraón. Habían pasado 7 años de abundancia, y ahora han pasado dos años de hambre. Por tanto, José tiene aquí 39 años, y había estado viviendo en la tierra por 22 años. ¿Ve usted la mano de Dios en todo esto? Leamos ahora los versículos 9 al 11 de Génesis, capítulo 44 que dicen:

    Génesis 45:9-11

    Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas.

    10 Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes.

    11 Y allí te alimentaré, pues aún quedan cinco años de hambre, para que no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes.

    Jacob y su familia no podían haber quedado vivos si se hubieran quedado en la tierra de Palestina durante ese período de hambruna. La muerte sería segura; así es que José quería traerlos a la tierra de Gosén, que en realidad, era la mejor parte de la tierra. Era en aquella tierra donde Dios los iba a hacer una nación, protegidos de lo demás del mundo. La conducta de la familia había revelado que era necesario que salieran de la tierra de Canaán. Leamos ahora los versículos 12 al 15 de Génesis, capítulo 45:

    Génesis 45:12-15

    12 He aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os habla.

    13 Haréis, pues, saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto; y daos prisa, y traed a mi padre acá.

    14 Y se echó sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró; y también Benjamín lloró sobre su cuello.

    15 Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos; y después sus hermanos hablaron con él.

    Creemos que se pararon allí absolutamente fascinados, y que se postraron y se pararon, quedando sin palabras al escuchar hablar a José las palabras que parecían ser increíbles. Debían ser increíbles exceptuando que José estaba allí mismo delante de ellos. Hay una escena compasiva aquí entre dos hombres maravillosos, los hermanos José y Benjamín. Los otros hermanos no sólo estaban perplejos sino también aturdidos. No sabían qué decir, pero ahora al recobrar el juicio, comienzan a hablar. Luego la noticia empieza a publicarse. Leamos el versículo 16:

    Génesis 45:16

    16 Y se oyó la noticia en la casa de Faraón, diciendo: Los hermanos de José han venido. Y esto agradó en los ojos de Faraón y de sus siervos.

    Había tanto bullicio en la casa de José, que todos lo podían oír. Faraón quiso saber lo que estaba ocurriendo y suponemos que preguntara a uno de los siervos de la casa de José en cuanto a esto. Este probablemente explicó que los once hombres que habían llegado de Canaán eran hermanos de José. Esto alegró grandemente a Faraón. Ahora, ¿por qué lo alegró? Bueno, tengamos en cuenta que Faraón era un rey hicso, aparentemente de la misma descendencia de José y sus hermanos. Mientras que el Faraón desconfiaba del pueblo egipcio, podía confiar en José y sus hermanos y así se alegró en tener a estas personas a su alrededor. Continuemos leyendo ahora desde el versículo 17:

    Génesis 45:17-19

    17 Y dijo Faraón a José: Di a tus hermanos: Haced esto: cargad vuestras bestias, e id, volved a la tierra de Canaán;

    18 y tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí, porque yo os daré lo bueno de la tierra de Egipto, y comeréis de la abundancia de la tierra.

    19 Y tú manda: Haced esto: tomaos de la tierra de Egipto carros para vuestros niños y vuestras mujeres, y traed a vuestro padre, y venid.

    Note usted la palabra “carros”. Dice aquí que Faraón prometió enviar carros con ellos. La invención de la rueda es considerada como una de las invenciones principales de la humanidad. Jacob y su familia no usaban carro todavía, pero en Egipto ya estaban en pleno uso. Por tanto, Faraón muy bondadosamente envía carros con ellos. Él mismo suplirá todo lo que les falta, como vemos ahora en los versículos 20 al 28, que dicen:

    Génesis 45:20-28

    20 Y no os preocupéis por vuestros enseres, porque la riqueza de la tierra de Egipto será vuestra.

    21 Y lo hicieron así los hijos de Israel; y les dio José carros conforme a la orden de Faraón, y les suministró víveres para el camino.

    22 A cada uno de todos ellos dio mudas de vestidos, y a Benjamín dio trescientas piezas de plata, y cinco mudas de vestidos.

    23 Y a su padre envió esto: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de trigo, y pan y comida, para su padre en el camino.

    24 Y despidió a sus hermanos, y ellos se fueron. Y él les dijo: No riñáis por el camino.

    25 Y subieron de Egipto, y llegaron a la tierra de Canaán a Jacob su padre.

    26 Y le dieron las nuevas, diciendo: José vive aún; y él es señor en toda la tierra de Egipto. Y el corazón de Jacob se afligió, porque no los creía.

    27 Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado; y viendo Jacob los carros que José enviaba para llevarlo, su espíritu revivió.

    28 Entonces dijo Israel: Basta; José mi hijo vive todavía; iré, y le veré antes que yo muera.

    ¡Qué acontecimientos más conmovedores vemos aquí! La esperanza de ver a José ciertamente persuadió a Jacob a decidirse en hacer el viaje a Egipto. ¿Cree usted que Jacob pensaba radicarse en Egipto? Creemos que no. Creemos que su intención era hacerle una visita breve a su hijo, y luego regresar a su casa en Canaán tan pronto como acabara el tiempo del hambre. Sin embargo, Jacob nunca más regresó a Canaán, excepto para su propio entierro. Murió en la tierra de Egipto mientras toda su familia vivía allí, pero le enterraron en la tierra de Canaán.
    Y así concluye el capítulo 45 del libro de Génesis. Y entramos en el capítulo 46. En este capítulo veremos cómo Jacob, con toda su familia, desciende a Egipto, y se reúne con su hijo José. Jacob aparentemente pensaba que iba a Egipto sólo para una visita breve, y aún fue con algo de mala gana y vacilación Quería que Dios mismo le indicara lo que debía hacer. Antes, Dios había instruido a Abraham que se mantuviera fuera de Egipto. Y Abraham se halló en apuros cuando fue allí. Dios había dicho lo mismo a Isaac. Ahora, la pregunta es pues, ¿debe descender Jacob a la tierra de Egipto? Bueno, él necesita algo más que la invitación de su hijo José, o aún la de Faraón mismo. Necesitaba una luz verde de parte de Dios, y Dios se la va a dar, por supuesto.
    Ahora, la última vez que Dios se había aparecido a Jacob, le dijo que fuera a Bet-el. Ahora quería ir a Egipto para ver a su hijo, una visita que cree será temporal, pero permanece inquieto aun en cuanto a esta visita: si es que realmente debe ir o no. Leamos el primer versículo de Génesis capítulo 46:

    Génesis 46:1

    Jacob y su familia en Egipto

    46  Salió Israel con todo lo que tenía, y vino a Beerseba, y ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.

    Aquí tenemos una cosa asombrosa. Dice aquí que Jacob (o sea Israel) ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. ¿Recuerda usted la primera vez que salió de aquella tierra descendiendo a la tierra de Harán, y llegó a Betel? ¿Estaba buscando a Dios en ese entonces? No, amigo oyente, Jacob pensaba huir de Él. No buscaba la voluntad de Dios de ninguna manera, ni pedía Su dirección. ¡Qué contraste había entre Jacob y el siervo de Abraham! El siervo de Abraham nunca avanzó sin buscar la dirección divina. Jacob en cambio, había dado muchos pasos sin acudir a Dios. No creía que en manera alguna Dios le hiciera falta en su vida. Pasaron muchos años, antes de aprender que ese no era el debido camino que debía seguir en su vida. Cuántos cristianos hoy en día se pasan toda la semana dejando a Dios fuera de sus planes. Hacen sus propias decisiones, haciendo lo que les da la gana. Luego, van a la iglesia los domingos y se portan como si fueran muy religiosos, creyéndose dispuestos a hacer la voluntad de Dios los domingos. Creen que la voluntad de Dios es asistir a la iglesia y quizá enseñar una clase en la Escuela Dominical. Luego, el mismo domingo después del servicio de la mañana, le dicen “hasta el próximo domingo”, a Dios. Durante los demás días de la semana, Dios no está incluido en sus planes. Bueno, este hombre Jacob no acostumbraba a buscar a Dios ni a pedirle Su dirección. Sin embargo, vemos aquí que ofrece sacrificios a Dios. Ahora, se acerca a Dios. Y veremos que Dios es bondadoso para con él y se le aparece.

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  • Génesis 18.12.2012 No Comments
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    Estudio de la Santa Biblia en audio MP3, de Génesis Capítulo 43:1 – 44:7

    Génesis 43:1-34

    Génesis 44:1-7

    Debido a la gravedad del hambre, los hijos de Jacob se ven obligados a regresar a Egipto acompañados en esta ocasión por su hermano menor Benjamín. Y una vez en Egipto, tienen una audiencia otra vez con José y le presentan a Benjamín. Ahora, José aún no se da a conocer a sus hermanos.
    Lo que les impulsa a viajar a Egipto de nuevo es, como dijimos, la gravedad del hambre. Si se hubiera disminuido el hambre, creemos que Simeón habría tenido que pasar toda su vida en la cárcel en Egipto, o por lo menos hasta cuando su hermano lo pusiera en libertad. Sin duda este capítulo 43, es otro de los capítulos dramáticos en el libro de Génesis. No conocemos nada que sea tan conmovedor como el encuentro de Benjamín con José. Leamos los primeros dos versículos de este capítulo 43 de Génesis:

    Génesis 43:1-2

    Los hermanos de José regresan con Benjamín

    43  El hambre era grande en la tierra;

    y aconteció que cuando acabaron de comer el trigo que trajeron de Egipto, les dijo su padre: Volved, y comprad para nosotros un poco de alimento.

    Jacob se daba cuenta que morirían de hambre si no iban a Egipto. En el versículo 3, vemos que Judá es quien responde a su padre.

    Génesis 43:3

    Respondió Judá, diciendo: Aquel varón nos protestó con ánimo resuelto, diciendo: No veréis mi rostro si no traéis a vuestro hermano con vosotros.

    Al decir aquel varón, Judá por supuesto, se refiere a su hermano José, aunque ellos mismos no lo sabían todavía. Pero Judá continúa hablando en esta misma porción bíblica, y dice en los versículos 4 y 5 de este capítulo 43 de Génesis:

    Génesis 43:4-5

    Si enviares a nuestro hermano con nosotros, descenderemos y te compraremos alimento.

    Pero si no le enviares, no descenderemos; porque aquel varón nos dijo: No veréis mi rostro si no traéis a vuestro hermano con vosotros.

    José les había dado una orden y ellos la entendían muy bien. O llevaban a Benjamín, o no iban. Era así de sencillo. Ahora el pobre Jacob está realmente frustrado, como lo vemos en los versos 6 y 7 de este capítulo 43 de Génesis:

    Génesis 43:6-7

    Dijo entonces Israel: ¿Por qué me hicisteis tanto mal, declarando al varón que teníais otro hermano?

    Y ellos respondieron: Aquel varón nos preguntó expresamente por nosotros, y por nuestra familia, diciendo: ¿Vive aún vuestro padre? ¿Tenéis otro hermano? Y le declaramos conforme a estas palabras. ¿Acaso podíamos saber que él nos diría: Haced venir a vuestro hermano?

    Jacob no se daba cuenta que ya José lo sabía todo y así expresó su deseo de que sus hijos hubieran guardado silencio en cuanto a Benjamín. Los hermanos realmente eran muy razonables en su contestación a su padre. Y dijeron que no había sido su intención declararlo todo, pero que el varón egipcio había seguido indagándoles. José quería obtener su información y no dejaría de indagarles hasta cuando la obtuviera. Nosotros bien sabemos eso. Leamos entonces, los versículos 8 al 10 de Génesis, capítulo 43:

    Génesis 43:8-10

    Entonces Judá dijo a Israel su padre: Envía al joven conmigo, y nos levantaremos e iremos, a fin de que vivamos y no muramos nosotros, y tú, y nuestros niños.

    Yo te respondo por él; a mí me pedirás cuenta. Si yo no te lo vuelvo a traer, y si no lo pongo delante de ti, seré para ti el culpable para siempre;

    10 pues si no nos hubiéramos detenido, ciertamente hubiéramos ya vuelto dos veces.

    Vemos pues, que Judá promete salir como fiador de Benjamín. Amigo oyente, usted y yo, tenemos un fiador hoy día: Jesucristo, quien procedió precisamente de la tribu de Judá. El Señor Jesús tomó aquel puesto y llegó a constituirse en mi fiador. Tomó el lugar mío y mi condena. A mí no me era posible cumplir los requisitos de Dios. Yo no podía satisfacer las normas Suyas. No podía llegar a Su nivel, pero el Señor Jesús intervino y llegó a constituirse en mi fiador, dando Su vida por mí. ¡Qué cuadro tenemos aquí, amigo oyente! Judá le dice al padre que ya pudieron haber estado de vuelta si Jacob hubiera dejado que salieran de inmediato. Leamos ahora los versículos 11 al 14:

    Génesis 43:11

    11 Entonces Israel su padre les respondió: Pues que así es, hacedlo; tomad de lo mejor de la tierra en vuestros sacos, y llevad a aquel varón un presente, un poco de bálsamo, un poco de miel, aromas y mirra, nueces y almendras.

    Note usted que lo que le faltaba era grano, le faltaba pan, el sostén de la vida. Al parecer, tenían miel y especies. Así pues, Jacob dice que deben llevar al hombre algún regalo. “Vamos a halagarlo”, eso es lo que realmente quiere decir con el regalo. Sigamos leyendo ahora desde el versículo 12:

    Génesis 43:12-14

    12 Y tomad en vuestras manos doble cantidad de dinero, y llevad en vuestra mano el dinero vuelto en las bocas de vuestros costales; quizá fue equivocación.

    13 Tomad también a vuestro hermano, y levantaos, y volved a aquel varón.

    14 Y el Dios Omnipotente os dé misericordia delante de aquel varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y a este Benjamín. Y si he de ser privado de mis hijos, séalo.

    Jacob pues, tuvo que abandonar a Benjamín y dejar que acompañara a los otros hermanos. Ahora, el versículo 15:

    Génesis 43:15

    15 Entonces tomaron aquellos varones el presente, y tomaron en su mano doble cantidad de dinero, y a Benjamín; y se levantaron y descendieron a Egipto, y se presentaron delante de José.

    Este es un momento dramático. Notemos que no son diez u once, sino todos los doce hijos que se reúnen ahora. Leamos el versículo 16:

    Génesis 43:15-17

    15 Entonces tomaron aquellos varones el presente, y tomaron en su mano doble cantidad de dinero, y a Benjamín; y se levantaron y descendieron a Egipto, y se presentaron delante de José.

    16 Y vio José a Benjamín con ellos, y dijo al mayordomo de su casa: Lleva a casa a esos hombres, y deguella una res y prepárala, pues estos hombres comerán conmigo al mediodía

    Quizá podemos preguntarnos por qué José los invitó a su casa. Bueno, creemos que el motivo es muy obvio. No quería identificarse públicamente como hermano de ellos. Era un asunto personal. Notemos entonces que según el verso 17:

    Génesis 43:17

    17 E hizo el hombre como José dijo, y llevó a los hombres a casa de José.

    Ahora, el versículo 18 refleja la situación tensa que vivían los hermanos de José:

    Génesis 43:18

    18 Entonces aquellos hombres tuvieron temor, cuando fueron llevados a casa de José, y decían: Por el dinero que fue devuelto en nuestros costales la primera vez nos han traído aquí, para tendernos lazo, y atacarnos, y tomarnos por siervos a nosotros, y a nuestros asnos.

    Estos hombres ahora sí que estaban aterrorizados. No podían imaginarse que él los convidaba a su casa para bien. Los había tratado tan ásperamente antes, y ahora los convida al almuerzo en su propia casa.
    De nuevo, hay algo aquí, que bajo circunstancias ordinarias hubiera sido algo de qué jactarse. Amigo oyente, ¿no se jactaría usted si el presidente de su país le hubiera convidado a su casa para cenar con él? Seguramente usted lo consideraría un honor y privilegio maravilloso. Sin embargo, para estos hombres, tal invitación no les produjo ningún gozo. Y es que tenían un complejo de culpabilidad. Se sienten culpables con respecto a todo lo que les pasa porque ellos son los que vendieron a su hermano. La culpabilidad hace que el gozo se vuelva en miseria. En su temor se preguntan y comienzan a especular: “¿Será posible que este hombre quiera hacernos esclavos por causa del dinero que se hallaba en los sacos?” Bueno, ellos realmente no habían titubeado cuando decidieron vender a José como esclavo a la tierra de Egipto. Notemos ahora en los versículos 19 al 21, lo siguiente:

    Génesis 43:19-21

    19 Y se acercaron al mayordomo de la casa de José, y le hablaron a la entrada de la casa.

    20 Y dijeron: Ay, señor nuestro, nosotros en realidad de verdad descendimos al principio a comprar alimentos.

    21 Y aconteció que cuando llegamos al mesón y abrimos nuestros costales, he aquí el dinero de cada uno estaba en la boca de su costal, nuestro dinero en su justo peso; y lo hemos vuelto a traer con nosotros.

    Note usted que empiezan a disculparse. Aun se lo cuentan a este hombre quien evidentemente era un oficial. Leamos el versículo 22:

    Génesis 43:22

    22 Hemos también traído en nuestras manos otro dinero para comprar alimentos; nosotros no sabemos quién haya puesto nuestro dinero en nuestros costales.

    Este oficial, aparentemente había recibido instrucciones sobre cómo responder, pues, en el versículo 23 dice:

    Génesis 43:23

    23 El les respondió: Paz a vosotros, no temáis; vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro en vuestros costales; yo recibí vuestro dinero. Y sacó a Simeón a ellos.

    Evidentemente, el oficial había llegado a un conocimiento del Dios vivo y verdadero por medio del testimonio de José. Creemos que José le había dado a conocer su secreto, por lo menos en forma parcial. Cuando el hombre les dijo que él recibió el dinero, creemos que los aterrorizó aún más. Veamos el versículo 24:

    Génesis 43:24

    24 Y llevó aquel varón a los hombres a casa de José; y les dio agua, y lavaron sus pies, y dio de comer a sus asnos.

    Vemos aquí de nuevo la costumbre de lavar los pies. La vimos ya en la vida de Abraham y luego en la ciudad de Sodoma. Era la costumbre de aquel entonces. Ahora, los versículos 25 y 26 de Génesis, capítulo 43, dicen:

    Génesis 43:25-26

    25 Y ellos prepararon el presente entretanto que venía José a mediodía, porque habían oído que allí habrían de comer pan.

    26 Y vino José a casa, y ellos le trajeron el presente que tenían en su mano dentro de la casa, y se inclinaron ante él hasta la tierra.

    Un vez más se inclinaron ante José y le trajeron el regalo. Recuerde usted que su padre les había dicho que llevaran un regalo a este hombre. Pero aquí los vemos inclinándose hasta la tierra. Eso, una vez más, es el cumplimiento de la profecía; los sueños de José se están cumpliendo. Ahora veamos los versículos 27 y 28:

    Génesis 43:27-28

    27 Entonces les preguntó José cómo estaban, y dijo: ¿Vuestro padre, el anciano que dijisteis, lo pasa bien? ¿Vive todavía?

    28 Y ellos respondieron: Bien va a tu siervo nuestro padre; aún vive. Y se inclinaron, e hicieron reverencia.

    Vea usted este drama, amigo oyente. José sin duda está sentado en un lugar elevado, un lugar de eminencia. Estos hombres se inclinan ante él. Al levantarse ellos, José los mira frente a frente y ellos a su vez, lo miran a él. Les pregunta por el padre si aún vive y cómo le va a él. Es que José tiene mucho interés en esta respuesta porque también es su propio padre. Sus hermanos le contestan que su padre vive, que está muy bien, y luego se inclinan una vez más. ¿No le gustaría a usted tener una foto de eso? Ahora, Benjamín está con ellos y también se inclina. El sueño predijo que todos se inclinarían. Leamos ahora los versículos 29 y 30 de Génesis 43:

    Génesis 43:29-30

    29 Y alzando José sus ojos vio a Benjamín su hermano, hijo de su madre, y dijo: ¿Es éste vuestro hermano menor, de quien me hablasteis? Y dijo: Dios tenga misericordia de ti, hijo mío.

    30 Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus entrañas a causa de su hermano, y buscó dónde llorar; y entró en su cámara, y lloró allí.

    Este es el momento en que se encuentra con su hermano verdadero, hijo de su propia madre y José no aguantó más y al verlo se conmovió su corazón. Pidió disculpas para dejarlos un momento. Quizá se excusó diciendo que alguien le estaba llamando por teléfono o bueno, lo que fuera la excusa de la cual se sirvió aquel día, pero lo cierto del caso es que salió del cuarto tan pronto como le fue posible. Entró en su cámara y lloró allí. Nunca jamás había pensado ver a sus hermanos, mucho menos a su hermano Benjamín. José seguramente ha cumplido más de 40 años. Benjamín es el menor, pero ya es un hombre joven. Sin duda, el hambre estaba llegando a su fin. Y podemos asumir que unos años han pasado desde la primera visita a Egipto de los hermanos. Por tanto, José se agobia de emoción y entra pues, en su cámara y llora. El versículo 31, dice:

    Génesis 43:31

    31 Y lavó su rostro y salió, y se contuvo, y dijo: Poned pan.

    Este es un cuadro maravilloso de algo que todavía se ha de cumplir. Esperamos que usted lo vea. El profeta Zacarías nos dice que algún día Jesucristo se dará a conocer a Sus hermanos. Le van a preguntar acerca de las señales de los clavos en Sus manos y de su herida en el costado y les dirá en aquel día que las recibió en casa de Sus amigos. Luego, le conocerán y le reconocerán. Luego, ellos llorarán. Él es quien ha provisto la salvación para ellos. Él es quien les ha provisto la redención. Eso tendrá lugar cuando el Señor Jesús venga de nuevo a la tierra. Se revelará a Sus hermanos, la nación de Israel. Habrá un remanente que le conocerá. Habrá también muchos que no creyeron en Él cuando vino por primera vez, pero que entonces, lo reconocerán como su Mesías prometido. Recuerde usted que los hermanos de José fueron los mismos que lo entregaron a la esclavitud. Lo vendieron, se desprendieron de él. Ahora, se dará a conocer a sus hermanos. Algún día el Señor Jesucristo también hará eso.
    Amigo cristiano que nos escucha, usted debe cuidarse mucho del antisemitismo. No importa cuán ciega haya sido la nación de Israel; ni importa lo que se señale hoy en día; ni que no siempre nos causen la mejor impresión. La verdad queda todavía y tenemos que reconocerla de que son los hermanos de nuestro Señor Jesucristo. Y vendrá el día cuando Él se dará a conocer a ellos. Leamos ahora el versículo 32:

    Génesis 43:32

    32 Y pusieron para él aparte, y separadamente para ellos, y aparte para los egipcios que con él comían; porque los egipcios no pueden comer pan con los hebreos, lo cual es abominación a los egipcios.

    José regresó y ordenó que sirvieran la comida. Era un almuerzo extraordinario. Los hermanos debieron haberse fijado en algunas cosas con respecto a esa comida, aunque estaban tan atemorizados. José no comió con los egipcios; los egipcios comieron aparte. José estaba separado de ellos. Los hermanos pudieron haber pensado que lo hacía simplemente porque José era de alto rango. Y ahora, leamos los versículos 33 y 34, versículos finales del capítulo 43 de Génesis, que dicen:

    Génesis 43:33-34

    33 Y se sentaron delante de él, el mayor conforme a su primogenitura, y el menor conforme a su menor edad; y estaban aquellos hombres atónitos mirándose el uno al otro.

    34 Y José tomó viandas de delante de sí para ellos; mas la porción de Benjamín era cinco veces mayor que cualquiera de las de ellos. Y bebieron, y se alegraron con él.

    Note usted que los sentó en orden cronológico según sus edades. José puso tal vez tarjetas en la mesa y sentó a Rubén en su lugar propio; sentó también a Benjamín en su propio lugar. Todos los hermanos se sentaron en su debido orden. Y se quedaron atónitos preguntándose cómo era que él podía saber todo eso. Pero todavía no sospechan nada en cuanto a quién era él, porque están cegados. Note usted también que era él quien servía los platos, y de nuevo no pudo refrenarse demostrar sus sentimientos, su afecto por su propio hermano Benjamín y le sirvió cinco veces más que a los demás. El joven había pasado hambre y esta era la primera comida de la cual se gozaba en mucho tiempo. El versículo 34 concluye diciendo:

    Génesis 43:34

    34 … Y bebieron, y se alegraron con él.

    Fue una ocasión verdaderamente gloriosa y así mismo será también un día glorioso, cuando Cristo se revele a Sus hermanos. De esta manera, amigo oyente, concluimos nuestro estudio del capítulo 43 del libro de Génesis. Ahora, en el capítulo 44, José despide a sus hermanos con los costales llenos de trigo, habiendo incluido su propia copa de plata en el costal de Benjamín. Envía luego al mayordomo a buscarlos, acusándolos de robar la copa. La copa es encontrada en el costal de Benjamín, y Judá procede a interceder elocuentemente por la vida de Benjamín.
    Una vez más, tenemos aquí un capítulo dramático y maravilloso. José tiene otra cosa preparada en secreto cuando despide a sus hermanos con el trigo. Y es el examinar a sus hermanos con respecto a su afecto y amor para con Benjamín y su padre. No olvidemos que lo habían vendido a él como esclavo. Ahora, José se preguntaría: ¿habrán cambiado de corazón? ¿Habría uno entre ellos que estuviera dispuesto a sacrificarse por su hermano? Le era necesario satisfacerse en cuanto a esto antes de darse a conocer a sus hermanos. La prueba que usa aquí le daría la evidencia absoluta de que sus hermanos no repetirían el episodio que él había experimentado antes en sus manos.
    Judá se constituye en vocero del grupo y aquí se ve algo maravilloso. Está dispuesto a tomar el lugar de Benjamín, y su defensa elocuente a favor de Benjamín es uno de los pasajes más conmovedores en la Biblia. Leamos este relato en Génesis, capítulo 44. Vamos a leer los versículos 1 al 7:

    Génesis 44:1-7

    La copa de José

    44  Mandó José al mayordomo de su casa, diciendo: Llena de alimento los costales de estos varones, cuanto puedan llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal.

    Y pondrás mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, con el dinero de su trigo. Y él hizo como dijo José.

    Venida la mañana, los hombres fueron despedidos con sus asnos.

    Habiendo ellos salido de la ciudad, de la que aún no se habían alejado, dijo José a su mayordomo: Levántate y sigue a esos hombres; y cuando los alcances, diles: ¿Por qué habéis vuelto mal por bien? ¿Por qué habéis robado mi copa de plata?

    ¿No es ésta en la que bebe mi señor, y por la que suele adivinar? Habéis hecho mal en lo que hicisteis.

    Cuando él los alcanzó, les dijo estas palabras.

    Y ellos le respondieron: ¿Por qué dice nuestro señor tales cosas? Nunca tal hagan tus siervos.

    Vemos aquí que José se despide de sus hermanos y que ellos empiezan su viaje de regreso pensando que todo marcha bien. No tienen ninguna idea de que la copa de José esté en el costal de Benjamín. Al alejarse un poco de la ciudad, una compañía los alcanza. Los acusan de robar la copa de José. Y añaden que José utilizaba esta copa para adivinar. Recordemos que José era profeta y que le era posible predecir el futuro. Sabemos que esto es verdad porque interpretó él mismo los sueños del jefe de los panaderos y del jefe de los coperos, y aún del mismo Faraón. Puede ser que haya usado esta copa para adivinar, o quizá el mayordomo creía que la usaba con este fin. Pero, debemos comprender que su don de la profecía era un don que procedía de Dios, es decir, un don que Dios le había dado, y que esto era antes de que estuviera escrita cualquiera revelación o profecía Bíblica. Nunca debemos coger una taza y estudiar las hojas del té. Ni debemos contemplar el horóscopo, con el cual se involucran tantas personas. Es una tontería absoluta y una trampa diabólica. Eso revela la triste condición espiritual de las personas que hoy en día acuden a tal tipo de cosa. Pero, José tenía un don y no estaba en la copa. Su don, procedía de Dios.

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  • Génesis 18.12.2012 1 Comment
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    Estudio de la Santa Biblia en audio MP3, de Génesis Capítulo 42

    Génesis 42:1-38

    Iniciamos nuestro estudio en el capítulo 42. Este capítulo continúa exponiendo los incidentes dramáticos que se desarrollan en la vida de José, y creemos que podríamos considerar este capítulo como uno de los más dramáticos en toda la Biblia. Veremos aquí cómo el hambre obliga a Jacob a enviar a sus hijos a Egipto para comprar trigo. Ellos tienen una audiencia con José, quien les reconoce sin ser reconocido por ellos. Les da el trigo que necesitan pero con la condición de que dejen a Simeón como rehén. El plan de Dios de utilizar a José para preservar su raza durante el hambre, y de mudar a Jacob y sus hijos hacia Egipto, empieza a emerger ahora en detalles más claros. Ahora se ve con claridad la acción de la mano de Dios. Pero cuando José estuvo en la oscuridad de la cárcel, no podía comprender todo esto. No obstante, creyó a Dios. Y aquí tenemos un hombre, que debido a su fe siempre fue entusiasta y optimista. Francamente hablando, quisiéramos que nuestra fe fuera tan fuerte para que a pesar de lo que sucediera, a pesar de las circunstancias que estuvieran frente a nosotros, fuéramos siempre optimistas. Es triste admitir que sólo un poco de lluvia o quizá unas pocas nubes oscuras, apagan nuestro optimismo. Estamos seguros, amigo oyente, que esto sucede también a muchos el día de hoy.
    Bien, este hombre está en una posición singular. Y ahora, ¿qué sucederá? Creemos que ya usted puede imaginar lo que pasará. El hambre cubre toda la tierra y todo el mundo viene a Egipto para conseguir alimentos. Imagínese, pues, ¿quiénes vienen entre toda esta gente a buscar alimentos? Lo veremos en nuestro estudio de este capítulo 42. Primero notamos que el hambre obliga a Jacob a enviar a sus diez hijos a Egipto. ¿Por qué tan sólo diez? ¿Por qué no envió también a Benjamín? Porque no quería perder a Benjamín, amigo oyente. Hubiera muerto si perdiera a Benjamín. Cuando llegan a Egipto los diez hermanos, José los reconoció, pero ellos no le reconocieron a él. Y, ¿por qué no? Bueno, creemos que hay varias razones. En primer, lugar ellos creían que él había muerto, y por tanto no le estaban buscando de ninguna manera. Simplemente, no esperaban verlo más. En cambio él, sí esperaba verlos a ellos.
    Luego, debemos recordar que José se afeitó. Por otra parte, habían transcurrido muchos años. Tenía solamente 17 años cuando sus hermanos lo vendieron, y ahora tiene unos 39 años cumplidos. Por tanto, no lo habían visto durante unos 22 años. José anda ahora en los 40 años y se viste y se porta como egipcio; y aún sus hermanos vemos que lo califican como egipcio. Veamos ahora, el versículo 1 del capítulo 42 de Génesis:

    Génesis 42:1

    Los hermanos de José vienen por alimentos

    42  Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando?

    Al parecer, se miraban tristemente, no sabiendo a dónde ir ni qué hacer. Sigamos ahora con el versículo 2 que dice:

    Génesis 42:2 A

    Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; 

    Esto nos da un ejemplo de la fe. Muchísimas personas dicen que la fe les es tan misteriosa que no saben cómo creer. En cierta ocasión, un hombre que en realidad no quería creer, argumentaba diciendo: “Bueno, y ¿cómo puedo creer?” Note usted cómo creyó Jacob; en la segunda parte del versículo 2, él dijo:
    2bHe aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no muramos. (Gén. 42:2b)

    Génesis 42:2

    Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no muramos.

    Oyó decir algo, lo creyó. Creyó que traería la vida y actuó sobre lo que creyó. Esa es la fe salvadora.
    Quizá alguien se pregunte, ¿cómo puedo creer en Jesús? Ahora, puede usted imaginarse a Jacob parándose delante de sus hijos y diciéndoles: “He oído decir que hay trigo en Egipto, pero cómo puede uno creer tal cosa. ¡Claro que no! La manera en que se cree es, actuando sobre lo que se oye. El Apóstol Pablo dijo:

    Hechos 16:31

    31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.

    Se oye algo y se cree. Y eso es lo que aconteció con Jacob; oyó decir algo, lo creyó y luego actuó sobre eso. Así pudo conseguir el trigo que les dio la vida; y esa es exactamente la misma manera en que recibimos la vida eterna por la fe en Jesucristo. Pasando ahora a los versículos 3 y 4, notemos la actitud de los hijos de Jacob:

    Génesis 42:3-4

    Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo en Egipto.

    Mas Jacob no envió a Benjamín, hermano de José, con sus hermanos; porque dijo: No sea que le acontezca algún desastre.

    Supongamos que les sobreviniera algún mal a los otros diez muchachos. Entonces, ¿qué resultaría? Bueno, en primer lugar ya son mayores de edad. Pero, si le interesa saber la verdad, es que no le habría dañado a Jacob tanto perder a uno de ellos, como le dolió perder a José. José se parecía a Raquel, y Raquel fue el único amor en la vida de Jacob. Y así vemos que guarda a Benjamín con él, pero no detiene a ninguno de los otros. Envía a todos sus diez hijos, y detiene solamente a Benjamín con él. Ahora, los versículos 5 y 6, dicen:

    Génesis 42:5-6

    Vinieron los hijos de Israel a comprar entre los que venían; porque había hambre en la tierra de Canaán.

    Y José era el señor de la tierra, quien le vendía a todo el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José, y se inclinaron a él rostro a tierra.

    José había estado esperándolos; estaba seguro que tenían que venir. Habían llegado delegaciones de toda la tierra poblada de aquel entonces. El hambre era mundial. José los espera y he aquí viene un grupo de diez hombres. Todos se inclinan ante él. José mira a aquellos hombres y los reconoce. Y usted tal vez se pregunte: ¿en qué pensaría José? Pues, ¿en qué piensa usted, amigo oyente? ¿Se acuerda de los sueños de José, en los cuales que las espigas de sus hermanos se inclinaban ante la espiga de José? Aquí está pues el cumplimiento literal de estos sueños. Ciertamente esto aumentó su confianza de que Dios le estaba guiando. Ahora, el versículo 7 da comienzo al momento más dramático en la vida de José; leamos:

    Génesis 42:7 a

    Y José, cuando vio a sus hermanos, los conoció; mas hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente, 

    ¿Sabe usted por qué les trató ásperamente? Bueno, los estaba probando y notaremos que los va a probar en todo y que les hará unas preguntas muy penetrantes. Y ahora, la última parte del versículo 7 hasta el versículo 13, dice:

    Génesis 42:7-13 B

    …, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán, para comprar alimentos.

    José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron.

    Entonces se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: Espías sois; por ver lo descubierto del país habéis venido.

    10 Ellos le respondieron: No, señor nuestro, sino que tus siervos han venido a comprar alimentos.

    11 Todos nosotros somos hijos de un varón; somos hombres honrados; tus siervos nunca fueron espías.

    12 Pero José les dijo: No; para ver lo descubierto del país habéis venido.

    13 Y ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor está hoy con nuestro padre, y otro no parece.

    Créanos, amigo oyente, que este debe haber sido un momento de gran tensión dramática. José trata de conseguir toda la información que fuese posible. Quiere saber de su familia, pero sin dejarles saber quién es él. Y los acusa de ser espías. Hay solamente diez hombres ante él. Confiesan que realmente son doce, que uno se quedó en casa con su padre, y acerca del restante, dicen: el otro no parece. En otras palabras, consideraban que José había muerto. Ahora, por tercera vez José los acusa de ser espías. Leamos ahora los versículos 14 y 15 de Génesis, capítulo 42:

    Génesis 42:14-15

    14 Y José les dijo: Eso es lo que os he dicho, afirmando que sois espías.

    15 En esto seréis probados: Vive Faraón, que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniere aquí.

    José trata de ponerse en contacto con su hermano menor. Estos hombres son realmente solo hermanastros, medio hermanos, pero Benjamín es su hermano de madre y padre y José quiere verlo, y esta es la manera en que trata de lograr esto. Leamos los versículos 16 al 18 de Génesis, capítulo 42:

    Génesis 42:16-18

    16 Enviad a uno de vosotros y traiga a vuestro hermano, y vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad en vosotros; y si no, vive Faraón, que sois espías.

    17 Entonces los puso juntos en la cárcel por tres días.

    18 Y al tercer día les dijo José: Haced esto, y vivid: Yo temo a Dios.

    Si hubiera alguna cosa que debió haber dado a los hermanos de José una noción vaga de su identidad, fue esta declaración: Yo temo a Dios. No podemos comprobarlo, pero, al parecer en aquel día, había otros, además de Jacob que conocían a Dios. Sabían que el camino a Dios era por medio del sacrificio. Así es que esta declaración probablemente no despertó tanto el interés de estos hermanos. Quizá despertara ciertas sospechas en cuanto a este hombre. Por lo menos, José dio un testimonio para Dios. Parece que José nunca perdió una oportunidad para testificar de su fe en Dios. Siempre dio a Dios la gloria por ser Él quien guiaba su vida. Esperaríamos que esta declaración causara que los hermanos sospecharan quién era él. También, pudiera haberles animado a creer que serían tratados justamente bajo su mano. Pero, al parecer, su declaración no causó ninguna impresión en ellos. Ahora les dice en los versículos 19 y 20:

    Génesis 42:19-20

    19 Si sois hombres honrados, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos, y vosotros id y llevad el alimento para el hambre de vuestra casa.

    20 Pero traeréis a vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así.

    No nos olvidemos que los hermanos de José ya eran hombres. Algunos contaban ya con más de 50 años. Ahora, ellos se encuentran en un apuro verdadero. Son tratados duramente por un hombre que teme a Dios, pero tienen miedo porque no saben lo que hará con ellos. José usa el pretexto de estarlos probando para ver si son hombres honrados o no, y les advierte que no pueden volver sin su hermano menor. Claro que lo que él quiere es que su hermano menor venga en el próximo viaje, así es que tienen que dejar a uno de los hermanos como rehén allá en Egipto. Leamos ahora el versículo 21:

    Génesis 42:21

    21 Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.

    Lo que ocurre aquí es muy interesante. Ellos hablan hebreo y José les puede entender. José ha estado hablando con ellos a través de un intérprete. No tenía necesidad de hablarles así, pero lo hizo porque así podía mantener las apariencias de que era egipcio. Sin darse cuenta que José les escuchaba y entendía, hacen una verdadera confesión de su culpa. Sienten que lo que sucede es la venganza de Dios sobre ellos, por su manera de tratar a José. Leamos ahora los versículos 22 al 24 de Génesis, capítulo 42:.

    Génesis 42:22-24

    22 Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el joven, y no escuchasteis? He aquí también se nos demanda su sangre.

    23 Pero ellos no sabían que los entendía José, porque había intérprete entre ellos.

    24 Y se apartó José de ellos, y lloró; después volvió a ellos, y les habló, y tomó de entre ellos a Simeón, y lo aprisionó a vista de ellos.

    Ahora, lo que ocurre aquí es que José los escuchó y oyó decir que ahora estaban arrepentidos. Se dio cuenta que lo estaban de corazón, pues dicen que esta angustia les llegó por causa de la maldad que habían hecho contra José. José oye su confesión y queda muy conmovido. ¡Cómo le hubiera gustado acercarse para abrazarlos a cada uno, y darles la bienvenida llamándolos ¡hermanos! Pero no se atreve a hacerlo porque si lo hiciera nunca habría conseguido que Benjamín viniera. Por tanto, deseaba probarlos aún más. Les dio una prueba verdadera ahora; tienen que dejar a uno de sus hermanos y resulta ser Simeón quien se quedará. José está tan cargado de emociones en este momento que tiene que llorar, pero se aparta de ellos, se lava la cara y luego regresa de nuevo, como si nada hubiera acontecido. No tenemos ninguna idea por qué dejaron a Simeón. Pensamos que quizá hicieron su elección mientras José se había apartado de ellos ante estas fuertes emociones. Eligieron, pues, a Simeón y José aceptó tal selección. Ahora, el versículo 25, dice:

    Génesis 42:25

    25 Después mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino; y así se hizo con ellos.

    José simplemente no pudo quitar el dinero de sus hermanos. Por tanto, mandó a los hombres que llenaran los sacos y que devolvieran el dinero y lo metieran dentro de los sacos; y así se hizo con ellos. Y ahora, los versículos 26 al 28:

    Génesis 42:26-28

    26 Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y se fueron de allí.

    27 Pero abriendo uno de ellos su saco para dar de comer a su asno en el mesón, vio su dinero que estaba en la boca de su costal.

    28 Y dijo a sus hermanos: Mi dinero se me ha devuelto, y helo aquí en mi saco. Entonces se les sobresaltó el corazón, y espantados dijeron el uno al otro: ¿Qué es esto que nos ha hecho Dios?

    No es difícil reconocer la culpa que sentían estos hombres. Ven la mano de Dios en sus vidas y sienten que la restitución de su dinero es como un juicio de Dios sobre ellos. Esto, que ordinariamente habría sido una buena noticia, y algo maravilloso que el dinero les fuera devuelto, se convierte en motivo de angustia para ellos.
    Amigo oyente, ¿no le gustaría a usted, ir al supermercado para hacer las compras y después sacar los paquetes con los víveres para toda la familia, y al vaciar los paquetes en la casa descubrir que le han devuelto todo el dinero que había pagado por los víveres? ¿Cree que esto sería noticia mala para usted, especialmente si el dueño del establecimiento le comunicara que le estaba devolviendo el dinero como regalo? Tenemos que decir que bajo circunstancias ordinarias, eso sería una buena noticia. Nos animaría muchísimo ¿verdad?
    Bueno, no surtió tal efecto entre estos hombres. Ya se sentían como si estuviesen en suficientes aprietos con aquel gobernador tan duro y porfiado en Egipto, quien les ha hecho tan difíciles las cosas. Esto, pues, sólo sirvió para aumentar sus dificultades. Leamos ahora el versículo 29 de este capítulo 42 de Génesis:

    Génesis 42:29

    29 Y venidos a Jacob su padre en tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había acontecido, diciendo:

    ¿Por qué no regresaron a José enseguida? Amigo oyente, ¿qué habría hecho usted en esas circunstancias? Creemos que reconocieron que habrían de estar en dificultades si hubieran regresado, por lo menos así pensaban. Luego, este hombre les acusaría de haberse robado el dinero. Simplemente, no podían correr el riesgo; así es que deciden regresar a su casa, proponiendo devolver el dinero cuando fuesen de nuevo a Egipto. Sigamos la trama de esta apasionante historia bíblica en los versículos 29 al 36:

    Génesis 42:29-36

    29 Y venidos a Jacob su padre en tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había acontecido, diciendo:

    30 Aquel varón, el señor de la tierra, nos habló ásperamente, y nos trató como a espías de la tierra.

    31 Y nosotros le dijimos: Somos hombres honrados, nunca fuimos espías.

    32 Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre; uno no parece, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán.

    33 Entonces aquel varón, el señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres honrados: dejad conmigo uno de vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras casas, y andad,

    34 y traedme a vuestro hermano el menor, para que yo sepa que no sois espías, sino hombres honrados; así os daré a vuestro hermano, y negociaréis en la tierra.

    35 Y aconteció que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en el saco de cada uno estaba el atado de su dinero; y viendo ellos y su padre los atados de su dinero, tuvieron temor.

    36 Entonces su padre Jacob les dijo: Me habéis privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y a Benjamín le llevaréis; contra mí son todas estas cosas.

    ¡Pobre Jacob! No es el individuo engreído a quien una vez conocimos. Ni es todavía el hombre de fe que veremos más adelante. Pero ya se está desarrollando en esa dirección. Ahora no se jacta. Es pesimista. Dice que todas las cosas están en su contra. Su hijo José no diría tal cosa. Pero Jacob lo dijo. José hubiera dicho lo mismo que Pablo dijo cuando escribió tantos años después su epístola a los Romanos, capítulo 8, versículo 28:

    Romanos 8:28

    Más que vencedores

    28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

    Y en Filipenses 1:6 leemos:

    Filipenses 1:6

    estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;

    Leamos ahora los dos versículos finales de este capítulo 42 de Génesis, versículos 37 y 38:

    Génesis 42:37-38

    37 Y Rubén habló a su padre, diciendo: Harás morir a mis dos hijos, si no te lo devuelvo; entrégalo en mi mano, que yo lo devolveré a ti.

    38 Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros, pues su hermano ha muerto, y él solo ha quedado; y si le aconteciere algún desastre en el camino por donde vais, haréis descender mis canas con dolor al Seol.

    La vida de Jacob se desenvolvía alrededor de la vida de su hijo Benjamín. José era su favorito porque era el primogénito de su amada Raquel. La ausencia de José era una angustia constante para Jacob. Ahora, enfrenta la posibilidad de perder al otro hijo de Raquel, y dice que si eso llega a suceder, morirá. Con toda sinceridad creemos que realmente moriría, pues su vida estaba involucrada por completo en la vida de su hijo Benjamín. Dijo: es el hijo de mi mano derecha, es mi bastón, me apoyo sobre él. Y esto es precisamente lo que había hecho durante ya muchos años. Pero ahora, surge la posibilidad de que se lo quiten. Por tanto, Jacob dice categóricamente que no le dejará ir. Pero mientras tanto, el pobre Simeón está en la cárcel en Egipto esperando largo tiempo. Jacob es muy obstinado y terco. Sin embargo, no es Jacob quien está gobernando las circunstancias, sino Dios. Y así concluye el capítulo 42 del libro de Génesis. Ahora, en el capítulo 43, encontramos que debido a la gravedad del hambre, los hijos de Jacob se ven obligados a regresar a Egipto, pero esta vez acompañados por Benjamín, su hermano menor. Allí tienen otra audiencia con José y le presentan a Benjamín. José todavía no se da a conocer. Lo que les impulsa a viajar a Egipto de nuevo, es como dijimos, la gravedad del hambre. Si hubiera disminuido el hambre, creemos que Simeón habría tenido que pasar toda su vida en la cárcel en Egipto, o por lo menos hasta cuando su hermano lo hubiera puesto en libertad.
    Sin duda alguna, el capítulo 43 de Génesis, se puede considerar como el capítulo más dramático de todo el libro de Génesis. No conocemos nada que sea tan conmovedor como el encuentro de Benjamín con José, que se narra en el capítulo 43.

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