Estudio Bíblico: Levítico Capítulo 19:1-8

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Estudio de Levítico Capítulo 19:1-8. La Santa Biblia en audio MP3.
Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por el libro de Levítico. Prosiguiendo nuestro estudio de este libro del Antiguo Testamento, llegamos ahora al capítulo 19. En este capítulo estudiaremos como tema central los pecados sociales. Es una aplicación de los mandamientos a las situaciones de la vida cotidiana. Estamos estudiando la sección del libro de Levítico en la cual los Diez Mandamientos se explican en términos de la vida social de la nación israelita. No podemos pensar en nada que sea más práctico que esta sección en particular. La ley de Dios nos dirá una cosa básica:
Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios (Lev. 19:2)
Esto es lo que leemos en el versículo 2 de este capítulo 19. Y este principio era lo esencial y fundamental para todos los aspectos de la vida del pueblo de Israel. Explicaba todo lo que Dios mandaba o exigía.
La santidad en la vida diaria, y en todo lo que a ella se relacionara, era lo que se requería principalmente en el vivir diario del pueblo de Dios, y esto es algo que debe ser acentuado de nuevo hoy en día. Como vemos, esto de vivir en santidad no es simplemente teoría. La intención de Dios fue que este principio formase parte íntegra de nuestro diario vivir.
La ley de por sí no puede producir la santidad que demanda. Exige la santidad, pero no provee los medios para obtenerla. La ley revela el nivel de justicia que Dios demanda, pero esta norma superior que exige nunca puede ser alcanzada por medio del esfuerzo humano. El Apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, capítulo 3, versículos 19 y 20, dice: “Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”.
¡Cuán maravilloso es que Dios nos ha dado Su Espíritu Santo para morar en nosotros! Él es quien provee todo lo que es necesario para poder vivir la vida cristiana.
La razón que se da para vivir en santidad, en este capítulo, “Yo Jehová vuestro Dios”, o “Yo Jehová”, ocurre 16 veces en el capítulo. Dios es quien distingue entre lo bueno y lo malo. Él solo distingue entre lo que es santo y lo que no es santo. No es necesaria ninguna otra razón.
Veamos ahora brevemente el bosquejo que seguiremos en nuestro estudio de este capítulo 19. Como dijimos, estudiaremos los pecados sociales que constituyen el tema central, y es la aplicación de los mandamientos a las situaciones de la vida cotidiana. Y consideraremos este tema central de los pecados sociales bajo los cuatro aspectos siguientes.
En primer término, la relación del hombre con Dios, en los versículos 1 al 8.
En segundo lugar, la relación del hombre con los pobres, en los versículos 9 y 10.
En tercer lugar, la relación del hombre con su prójimo, en los versículos 11 al 18.
Y en cuarto lugar, la relación del hombre en las diferentes situaciones de la vida, en los versículos 19 al 37.
Comencemos, pues, con el primer aspecto, o sea, la relación del hombre con Dios. Leamos los primeros dos versículos de este capítulo 19 de Levítico:
1Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios. (Lev. 19:1-2)
Dios da estas instrucciones a Moisés el legislador; instrucciones que sirven para explicar y detallar una parte de los Diez Mandamientos. Vemos aquí que Dios exige una conducta santa sobre la base de que Él es santo. Es bueno notar que Dios todavía hoy en día, ordena la misma norma en nuestra conducta.
El Apóstol Pablo, en su primera carta a los Corintios, capítulo 10, versículo 31, nos dice: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. Y luego, en su segunda carta a los Corintios, capítulo 5, versículo 17, dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. También, el Apóstol Pedro, en su primera carta universal, capítulo 1, versículos 13 al 16, dice: “Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”.
La diferencia mayor entre la conducta que era requerida bajo la ley y bajo la gracia es que hoy en día el poder dinámico para poder cumplir las normas de Dios, es provisto para el creyente, en la persona del Espíritu Santo. Estamos unidos al Cristo viviente. Las cosas viejas han pasado. Estamos unidos a Cristo, y debemos tratar de agradarle. Los que estaban bajo la ley trataban de guardar los mandamientos por medio de sus propios esfuerzos, y tuvieron que aprender que la carne siempre falla y que siempre fallará. Pero nosotros, amigo oyente, podemos vencer la tentación y el pecado porque tenemos al Espíritu de Dios en nosotros. El Apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, capítulo 8, versículos 3 y 4 dice: “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. Y en su carta a los Gálatas, capítulo 5, versículos 22 y 23, el mismo Apóstol Pablo dice: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. El Hijo de Dios que habita en nosotros es Quien quiere traernos a un nivel más alto, a la misma santidad.
Ahora bien, al acentuar la importancia de guardar ciertos mandamientos, Dios acentuó los aspectos de la ley en que ellos eran débiles. La historia de Israel nos mostrará que Dios también comprendía muy bien su lado débil. Habían sido instruidos en cuanto al día de reposo, el evitar la idolatría, el traer las ofrendas aceptables a Dios. Sin embargo, fue en estas áreas en las que primero tropezaron y cayeron. Aquí Dios les está exigiendo que sean santos en su vida diaria. Leamos ahora el versículo 3 de este capítulo 19 de Levítico:
3Cada uno temerá a su madre y a su padre, y mis días de reposo* guardaréis. Yo Jehová vuestro Dios. (Lev. 19:3)
Alguien creerá que es extraño que Dios principie con el mandamiento de darles honra al padre y a la madre. Pero no es tan extraño como parece, cuando consideramos que los padres se paran en el lugar de Dios para con sus hijos, y que el hijo aprende a obedecer a Dios, obedeciendo primero a sus padres. Hay que principiar en el hogar, amigo oyente.
Luego, vemos que Dios añade: “y mis días de reposo guardaréis”. Dios exigía una séptima parte del tiempo del hombre tanto como una décima parte de sus bienes materiales.
Estos dos mandamientos que se mencionan primero abarcan las dos divisiones principales de los Diez Mandamientos. Tenemos el deber para con el hombre y el deber para con Dios. El Señor Jesucristo lo resumió todo como amor a Dios y amor al prójimo. Él dijo que esto era el contenido total de la ley.
La ley sobre el día del reposo no se apoyaba en una base moral, sino que era un mandato arbitrario de Dios, dado especialmente al pueblo de Israel. Israel en su apostasía y decadencia pecó primero aquí. Rehusaron guardar los días de reposo diciendo, según el profeta Amós, en el capítulo 8 de su libro, el versículo 5: “¿Cuándo pasará el mes, y venderemos el trigo; y la semana, y abriremos los graneros del pan, y achicaremos la medida, y subiremos el precio, y falsearemos con engaño la balanza”. Esta fue la acusación y argumento de Dios contra la nación escogida por Él. Llegamos ahora al versículo 4 de Levítico 19:
4No os volveréis a los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición. Yo Jehová vuestro Dios. (Lev. 19:4)
Este reglamento abarca los primeros dos mandamientos. El pensamiento aquí es de no darle ni siquiera una ojeada a la idolatría. La adoración pagana era muy llamativa a los ojos, debido a su pompa y ceremonia; y todavía lo es hoy en día. Basta mirar la pomposidad espectacular de los rituales vacíos que se ven en nombre de la religión hoy en día. Es lo que la Biblia llama “servicio de ojo”. No debían mirar los ídolos ni tampoco hacerlos. Dios pone en ridículo los ídolos porque no son nada y no pueden hacer nada. El capítulo 44 del libro de Isaías, versículos 9 al 20, es uno de los pasajes claves en cuanto a esto. Leamos este pasaje comenzando con el versículo 9 que dice: “Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos son testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni entienden. Sigamos ahora con los versículos 16 al 20 que dicen: Parte del leño quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego; y hace del sobrante un Dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque mi Dios eres tú. No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para no ver, y su corazón para no entender. No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol? De ceniza se alimenta; su corazón engañado le desvía, para que no libre su alma, ni diga: ¿No es pura mentira lo que tengo en mi mano derecha? Prosiguiendo ahora nuestro estudio del capítulo 19 de Levítico, leamos los versículos 5 al 8:
5Y cuando ofreciereis sacrificio de ofrenda de paz a Jehová, ofrecedlo de tal manera que seáis aceptos. 6Será comido el día que lo ofreciereis, y el día siguiente; y lo que quedare para el tercer día, será quemado en el fuego. 7Y si se comiere el día tercero, será abominación; no será acepto, 8y el que lo comiere llevará su delito, por cuanto profanó lo santo de Jehová; y la tal persona será cortada de su pueblo. (Lev. 19:5-8)
Aquí no señala nada nuevo. Sin embargo, debemos señalar una vez más que la ofrenda de paz tenía que hacerse voluntariamente; pero aunque fuera una ofrenda voluntaria, el ofrendante no era exonerado de seguir escrupulosamente los reglamentos prescritos. Cualquier divergencia del orden prescrito resultaba en la imposición de una pena al hombre que traía la ofrenda; siendo esa pena un ejemplo para todo el pueblo.
Notamos hoy en día que hay quienes colaboran en la obra cristiana y que piensan que pueden tomar ciertas libertades en su conducta. O que algunas personas pueden pensar que por que hacen una gran donación a la iglesia, pueden tomarse ciertas libertades. Pero, amigo oyente, note usted que aunque la ofrenda de paz era dada voluntariamente, todos y cada uno de los detalles que reglamentaban su presentación tenían que ser seguidos escrupulosamente.
Sólo podemos venir a Dios si seguimos las condiciones impuestas por Dios. Cualquier divergencia del orden prescrito imponía una pena ejemplar para el hombre que traía esa ofrenda. Esta era una ley positiva, y no una ley moral. Por esto, era más peligroso no cumplirla. Cuántas personas hay hoy en día que hacen promesas voluntarias a la iglesia, pero que luego creen que no tienen que cumplirlas si no quieren. Dios dice: “Si lo va a hacer voluntariamente, entonces, hágalo bien”. Cuando se realiza la grabación y la producción de una película para televisión o para el teatro, es impresionante notar la dedicación de los actores que están realizando cada una de las escenas. Y es muy fácil comprender cuál es la razón de su dedicación. Esa razón es la codicia. Les están pagando una cantidad de dinero bastante generosa, y por eso están dispuestos a dedicar todo su empeño y todo su esfuerzo en realizar un buen trabajo. Sin embargo, la gran dedicación de esos actores establece un marcado contraste con la de muchos cristianos que excusan la mala calidad de lo que hacen, diciendo que es simplemente una “obra voluntaria”. Dios dice: “Si lo va a hacer, entonces, hágalo bien y venga a Mí”. No se ofrezca usted, amigo oyente, a hacer la obra de Dios a menos que le vaya a dedicar todo lo que es, y todo lo que tiene. Opinamos que habrá muchos cristianos que ante Dios serán juzgados por causa de su pereza.
Algunos otros se glorían en el hecho de que trabajan. Dicen: “Mire, yo enseño una clase de Escuela Dominical”. Amigo oyente, ¿cuántas veces llegó usted tarde? ¿Cuántas veces falló en prepararse para la clase? Un grupo de actores de televisión memoriza muy bien cada una de las partes y los papeles que tienen que desempeñar en esa producción. Pero algunos maestros de Escuela Dominical, llegan a sus clases y todavía tienen que hojear sus libros buscando algo que decir. Amigo oyente, algún día Dios nos va a juzgar en cuanto a eso. Dios nos dice que no vengamos a Él con una ofrenda voluntaria, a menos que vengamos de la manera que Él ha indicado. Tengamos en cuenta que cualquier divergencia, cualquier desviación del orden que Él ha establecido, que Él ha prescrito, nos acarreará funestas consecuencias.
Y aquí, amigo oyente, nos detenemos por esta ocasión porque nuestro tiempo se ha agotado. En nuestro próximo programa, Dios mediante, continuaremos nuestro estudio de este capítulo 19 de Levítico, y dentro del tema de los pecados sociales, consideraremos el segundo aspecto que es la relación del hombre con los pobres. Le invitamos, pues, a sintonizarnos en nuestro próximo programa para la continuación de este estudio. Y como siempre lo hacemos antes de despedirnos, le instamos a leer los siguientes versículos del capítulo 19 de Levítico, lo que le permitirá estar al tanto de su contenido y estar así mejor preparado para obtener el mayor provecho posible. Será, pues, hasta nuestro próximo programa, Dios mediante, es nuestra oración ¡que el Señor colme su vida de las ricas bendiciones del cielo!

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