Estudio Bíblico: Génesis Capítulo 48:15 – 49:12

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Estudio de la Santa Biblia en audio MP3, de Génesis Capítulo 48:15 – 49:12

Génesis 48:15-22

Génesis 49:1-12

Veamos una vez más este versículo 14 que dice:

Génesis 48:14

14 Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito.

Notamos aquí que Efraín debía ser el líder superior a Manasés. Más adelante, veremos que la tribu de Manasés, marchó bajo la bandera de la tribu de Efraín durante su travesía por el desierto, como lo veremos cuando estudiemos el libro de Números. Josué procedía de la tribu de Efraín y había muchos otros grandes hombres que también descendieron de esa tribu. Efraín, pues, llegó a ser la tribu con prioridad. ¿Ve usted lo que aconteció aquí? Aunque Jacob no podía ver tan bien, podía saber lo que José hacía. José estaba empujando a su hijo mayor a la posición de la mano derecha de Jacob, y el menor hacia la izquierda. Pero, ¿qué fue lo que hizo el viejo Jacob? Bueno, simplemente cambió las manos. Puso la mano derecha sobre el hijo menor, y la izquierda sobre el mayor.
Ahora quizá usted pueda preguntar, ¿por qué hizo eso Jacob? Sabemos que sentía amor para con ambos jóvenes. No cabe duda en cuanto a eso. Ambos eran los hijos de su hijo favorito, José. Pero, a sabiendas, da la bendición al menor, y hemos llegado la conclusión que es porque él mismo era el menor y él había recibido la bendición de Isaac. Aquí, pues, transfiere esa bendición al hijo menor de José.
Hallamos este mismo procedimiento muchas veces en las Sagradas Escrituras. Dios lo emplea para enseñarnos una lección. Por ejemplo, en la selección de un rey para Israel, Dios nunca escogió a Saúl, fueron los hombres quienes escogieron a Saúl. Votaron por él. La selección de Dios fue David. Ahora, David no era aún el hijo mayor de Isaí, sino el menor. Dios enseña que no acepta la primogenitura que es por el nacimiento natural. Dios nunca aceptará eso. Debe ser un nuevo nacimiento.
Dios, amigo oyente, no presta atención a las cosas que a nosotros nos llaman la atención. Nosotros podríamos escoger al hijo mayor, el que lleva la responsabilidad y de quien podríamos depender. Miramos al hombre natural y escogemos según sea su habilidad natural. Ahora, por favor no nos entienda mal. Dios sí puede utilizar talento, pero debe ser dedicado a Él. Si fuera únicamente el talento lo que produce el avivamiento, pues, podríamos estar gozando de un avivamiento ya por muchos años. Hay mucho talento cristiano a nuestro alrededor, pero no estamos gozando de un avivamiento. Y, ¿por qué? Porque el talento no ha sido dedicado a Dios. Amigo oyente, debe ser entregado a Dios para que Él lo utilice conforme a Su voluntad. Leamos ahora los versículos 15 y 16 de este capítulo 48 de Génesis:

Génesis 48:15-16

15 Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día,

16 el Angel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra.

Jacob llega aquí a las cumbres espirituales, amigo oyente, y nunca sobrepasará este nivel. Vemos que aquí en el versículo 16 dice: el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes. Vemos que no tiene nada de qué jactarse sino sólo de un Redentor maravilloso. Y así se han multiplicado en gran manera en medio de la tierra, exactamente como lo dijo Jacob. Leamos ahora los versículos 17 al 19 de este capítulo 48 de Génesis:

Génesis 48:17-19

17 Pero viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto; y asió la mano de su padre, para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés.

18 Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza.

19 Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud de naciones.

Mejor es que José acepte esto porque él tampoco es el mayor. Sucede que es uno de los menores y aun la bendición es dada a sus hijos. Ahora, los versículos 20 al 22, dicen:

Génesis 48:20-22

20 Y los bendijo aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. Y puso a Efraín antes de Manasés.

21 Y dijo Israel a José: He aquí yo muero; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres.

22 Y yo te he dado a ti una parte más que a tus hermanos, la cual tomé yo de mano del amorreo con mi espada y con mi arco.

Note usted la expresión tan firme de la fe por parte de Jacob. He aquí que yo muero; pero Dios estará con vosotros. No hay ninguna incertidumbre en su vida ahora. La fe quita los obstáculos que la incertidumbre pone en el camino de la vida. Algo notable en esta etapa de la vida de Jacob cuando ya ha aprendido a caminar por fe. Y esto concluye nuestro estudio del capítulo 48 del libro de Génesis.
Ahora, en el capítulo 49, Jacob en su lecho de muerte bendice a sus doce hijos. Notaremos que tuvo una bendición específica para cada uno de ellos. Esto es muy interesante porque veremos más adelante que las doce tribus se juntarán alrededor de otro hombre que también está ya listo para morir, el cual es Moisés, quien bendecirá a las doce tribus. Dios no solamente había prometido ciertas cosas a la nación de Israel, sino que también prometió algo específicamente a cada tribu. Muchas de éstas ya han sido cumplidas.
Este es otro capítulo dramático. En el capítulo anterior vimos a Jacob en su lecho de muerte. Se esforzó y se sentó en la cama y bendijo a los dos hijos de José. Se gozó tanto de ver a su hijo José, que antes creía que estaba muerto. Después de aquella entrevista, entra el resto de los hijos de Jacob. Este es su mensaje de despedida, y tales mensajes son siempre importantes. Principia con el hijo mayor y luego continúa por toda la lista. Lo que dice un hombre en su lecho de muerte es importante porque uno siente que es especialmente en esta hora que se habla la verdad. Todos hemos oído decir de confesiones que se hacen en el lecho de muerte. Este mensaje en el lecho de muerte es dramático porque es profético y cuenta lo que pasará a los doce hijos de Jacob cuando lleguen a ser tribus. Hoy, al haberse cumplido muchas de estas predicciones, han llegado a ser considerablemente históricas.
Esta es la última vez que tenemos la oportunidad de ver otra evidencia de la fe en la vida de Jacob. Dijo a sus hijos que serían las doce tribus de la nación de Israel, y que ellos habitarían en la tierra de Canaán. ¡Qué fe, notamos aquí! Recuerde usted que el cananeo todavía estaba en la tierra de Canaán, y que la familia de Jacob estaba favorablemente situada en Egipto.
Leamos los primeros dos versículos de este capítulo 49 de Génesis para conocer las últimas palabras de Jacob:

Génesis 49:1-2

Profecía de Jacob acerca de sus hijos

49  Y llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros.

Juntaos y oíd, hijos de Jacob,
Y escuchad a vuestro padre Israel.

Llegamos aquí a una expresión importante. Hay quienes creen que demasiadas veces repetimos ciertas expresiones, y estamos de acuerdo con ellos. Sin embargo, nos daremos cuenta que hay ciertas expresiones que la Biblia usa vez tras vez. Una de esa expresiones se encuentra aquí mismo: en los días venideros. Los días venideros de la nación de Israel serán diferentes que los de la iglesia. Esta es una distinción muy definida de la dispensación, y hay que reconocerla. Ahora se habla de los días venideros de Israel. ¿Qué les acontecerá a sus hijos en los días venideros de Israel?
Un joven inteligente, profesor de hebreo y teología en un seminario, muy estudioso de la Palabra de Dios, estaba escribiendo algo sobre las profecías con respecto a los doce hijos de Jacob que más tarde llegarían a ser tribus y junto con las que aparecen en Deuteronomio, capítulo 33, donde Moisés también tuvo algo que decir a cada tribu. Este joven profesor estudiaba pues los detalles de cada profecía dada aquí a cada hijo, y más tarde las que fueron dadas a cada tribu. Y descubrió que muchas de esas profecías han sido ya cumplidas y algunas todavía esperan su cumplimiento. Y es que, amigo oyente, no sólo ha de cumplirse la profecía con respecto a la nación de Israel como tal, sino también la profecía con respecto a cada una de sus tribus y esto es muy notable de veras.
Muchas de las profecías todavía esperan su cumplimiento. Lo interesante es que la mayor parte de lo que Moisés dijo a las tribus ya se ha cumplido. En cambio, de las profecías que Jacob hace aquí, muchas todavía esperan su cumplimiento. Leamos una vez más el versículo 2 de este capítulo 49 de Génesis:

Génesis 49:2

Juntaos y oíd, hijos de Jacob,
Y escuchad a vuestro padre Israel.

Vemos aquí ahora al viejo Jacob sentado en la cama. Hay algunos cuadros que lo representan tendido sobre la cama como si no le fuera posible levantar la cabeza. Pero eso no es verdad. Se apoyaba sobre su bordón como leemos en Hebreos 11:21.

Hebreos 11:21

21 Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón.

Francamente, el viejo Jacob había sido activo durante toda su vida, y quería continuar así. La muerte realmente es una turbación. Llega en el momento más inoportuno, cuando más queremos seguir nuestra actividad aquí. Si hemos acordado un compromiso, una cita, pues debemos olvidarlo. A veces asumimos compromisos o actividades por anticipado, bajo la condición de que estemos vivos. Bueno, Jacob se apoyó sobre su bordón. Quería continuar su vida pero no le fue posible. ¡Qué hombre más extraordinario! Leamos ahora los versículos 3 y 4 de Génesis, capítulo 49. Jacob se dirige a Rubén y le dice:

Génesis 49:3-4

Rubén, tú eres mi primogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor;
Principal en dignidad, principal en poder.

Impetuoso como las aguas, no serás el principal,
Por cuanto subiste al lecho de tu padre;
Entonces te envileciste, subiendo a mi estrado.

Estos patriarcas reconocían el gran tema de la herencia, que hoy en día es de tanta preocupación. “De tal palo, tal astilla”, decimos. Jacob reconoce eso y ve que este hijo se parece muchísimo a él.
Impetuoso como las aguas, podía haber descrito a Jacob en sus primeros años. Era verdad también en cuanto a su hijo mayor. No serás el principal. Y Rubén nunca lo fue. Nunca salió primero. Salió de segundo o tercero, pero nunca como primero. Hay muchas personas así como él hoy día. Se conforman con un segundo o tercer lugar y no desean sobresalir, no desean llegar al primer lugar.
Ahora, la historia con respecto a Rubén, a la cual se refiere Jacob aquí, es sórdida. No dedicamos suficiente tiempo a ella cuando estudiamos el Génesis, porque no vimos ninguna razón de tratar con ella. La literatura contemporánea y los dramas de los cines y la televisión nos dan suficiente material sórdido, es decir, repugnante hasta que enfermamos con eso. Hemos notado que aun los hombres que condenan la censura y creen que todos deben tener oportunidad de hacer todo lo que quieran y hablar lo que les dé la gana, ya escriben diciendo que están cansados de la suciedad que nos ponen a la vista hoy en día por todos lados. Así pues, no vemos ninguna razón por la cual tratar este incidente aquí. Al cristiano se le exhorta a pensar en lo que es bueno y puro; así lo expresa el Apóstol Pablo en su carta a los Filipenses, capítulo 4, versículo 8, donde dice:

Filipenses 4:8

En esto pensad

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Veamos ahora lo que Jacob dice a Simeón y a Leví, y leamos los versículos 5 hasta el 7:

Génesis 49:5-7

Simeón y Leví son hermanos;
Armas de iniquidad sus armas.

En su consejo no entre mi alma,
Ni mi espíritu se junte en su compañía.
Porque en su furor mataron hombres,
Y en su temeridad desjarretaron toros.

Maldito su furor, que fue fiero;
Y su ira, que fue dura.
Yo los apartaré en Jacob,
Y los esparciré en Israel.

Estos dos hijos se agrupan y se llaman hermanos, pues ambos eran hijos de Lea, la primera esposa de Jacob. Usted recordará cómo entraron en Salem, una ciudad de Siquem y dieron muerte a todos los hombres que vivían en esa ciudad, sólo porque un hombre fue culpable de deshonrar a su hermana. Claro que no les gustó, pero se vengaron del pueblo entero y fue malo lo que hicieron. Jacob ahora les hace recordar eso.
Simeón era la tribu más sureña y uno podría pensar que habría sido identificada con Judá y Benjamín. Esto no fue verdad en la historia, y en realidad uno simplemente no oye hablar de ella. Tenía este territorio sureño, pero parece haberse desvanecido entre las otras tribus.
En Leví vemos una exhibición de la maravillosa gracia de Dios. Es verdad que fueron esparcidos en Israel, pero fue porque era la tribu sacerdotal. Solo la gracia de Dios puede tomar un hombre cruel como Leví y hacer de él, el cabecilla de la tribu sacerdotal. Es la gracia de Dios que ha hecho de nosotros, pecadores, un reino de sacerdotes, amigo oyente. Todo creyente es sacerdote hoy en día. Entre ellos se encuentran borrachos convertidos, rameras convertidas, y asesinos convertidos. Hemos sabido de todo esto en diversas iglesias. Ahora, ¿cómo llegaron a ser sacerdotes en el reino de Dios? Bueno, exactamente como nosotros lo llegamos a ser. Es por la maravillosa gracia de Dios.

1 Pedro 1:18-19

18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,

19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,

Así nos lo dice el Apóstol Pedro en su primera carta, capítulo 1, versículos 18 y 19. Luego, Pedro sigue diciendo en el capítulo 2, versículo 5 de su primera carta:

1 Pedro 2:5

vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

¿De quiénes habla? De los que han sido redimidos por la sangre preciosa de Cristo.

Rubén perdió el lugar principal, y ahora Simeón y Leví también han perdido ese lugar. El Rey no habría de venir de ninguna de estas tribus. Hay otro hijo y él también fue pecador. Veremos lo que la gracia de Dios hizo por él. Génesis, capítulo 49, versículo 8, dice:

Génesis 49:8

Judá, te alabarán tus hermanos;
Tu mano en la cerviz de tus enemigos;
Los hijos de tu padre se inclinarán a ti.

Esto no era el caso en el tiempo que Jacob dio esta bendición. Usted recordará, amigo oyente, que el primer sueño de José debía ser cumplido, y todos sus hermanos se postrarían delante de él. Pero en el futuro será la tribu de Judá ante la cual han de postrarse. De Judá es de quien procederá el Rey el cual es el Señor Jesucristo. Leamos ahora los versículos 9 al 12 de Génesis, capítulo 49:

Génesis 49:9-12

Cachorro de león, Judá;
De la presa subiste, hijo mío.
Se encorvó, se echó como león,
Así como león viejo: ¿quién lo despertará?

10 No será quitado el cetro de Judá,
Ni el legislador de entre sus pies,
Hasta que venga Siloh;
Y a él se congregarán los pueblos.

11 Atando a la vid su pollino,
Y a la cepa el hijo de su asna,
Lavó en el vino su vestido,
Y en la sangre de uvas su manto.

12 Sus ojos, rojos del vino,
Y sus dientes blancos de la leche.

Esta es una de las profecías más notables en toda la Palabra de Dios. Ya se nos ha dicho que habrá una simiente de mujer. Esa fue la primera profecía: Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. Así leímos cuando estudiamos el capítulo 3 de Génesis, versículo 15. Aquella simiente fue confirmada a Abraham, Isaac y Jacob. Aquí de nuevo es confirmada a Judá. Es de la línea de Judá de donde vendrá el Rey. Y no sólo eso, sino también se llamará Siloh. Ahora, Siloh significa descanso y tranquilidad. Él es el Príncipe de Paz, es quien traerá descanso. Amigo oyente, recuerde que cuando Jesús caminaba aquí en la tierra, Él dijo:

Mateo 11:28

28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Ese es Siloh. Jesucristo había venido como Siloh, como descanso, pero los hombres de su día lo rechazaron.
Jesucristo también vendrá con el cetro. El cetro de este universo hoy en día, está en las manos que fueron clavadas en la cruz. En la última parte del versículo 24 de este capítulo 49 de Génesis leemos que de Dios vendrá el Pastor, la Roca de Israel. Por tanto, este Siloh también es Pastor y Roca. Cuando lleguemos al libro de Números capítulo 24, versículo 17, encontraremos allí que también hay una Estrella que se profetiza.
Pensemos en todo lo que significa la venida de Cristo. Él es la simiente prometida a la mujer y a los patriarcas. Es el Siloh que trae descanso. Es el que lleva el cetro. Es el Pastor que dio Su vida, y el Príncipe de los Pastores que algún día vendrá.

Mateo 21:42

42 Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras:
    La piedra que desecharon los edificadores,
    Ha venido a ser cabeza del ángulo.
    El Señor ha hecho esto,
    Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? 

Es hoy día la Estrella resplandeciente de la mañana, para Su iglesia. Esta es la línea que corre de Adán y Set, después de que Abel fue muerto. De Set atraviesa a Noé, a Sem, y luego a Abraham, Isaac y Jacob; y ahora a Judá. Amigo oyente, no perdamos el hecho maravilloso de que Dios se mueve aquí según un plan y según un programa muy bien trazado y muy bien elaborado. Es muy importante que notemos eso. Luego examinemos la profecía de Sus dos venidas. Atando a la vid su pollino. Aquí está Él quien vino sentado sobre un pollino a Jerusalén, ofreciéndose como Mesías y Rey de Israel, el Salvador. Lavó en el vino su vestido, y ese vino era Su propia sangre que vertió en la cruz. La próxima vez que venga, Isaías nos dice que Él tendrá un vestido salpicado; estará manchado entonces, no con Su propia sangre, sino con la sangre de Sus enemigos. Sus ojos estarán rojos del vino de venganza, cuando llegue la segunda vez como Vencedor y como Juez. Amigo oyente, esta profecía a Judá es una profecía notable en las Sagradas Escrituras.

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