Estudio Bíblico: Éxodo Capítulo 5

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Estudio de la Santa Biblia en audio MP3, de Éxodo Capítulo 5

Éxodo 5

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por el libro de Éxodo. Llegamos hoy al capítulo 5 de nuestro estudio de este segundo libro del Antiguo Testamento. En este capítulo estudiaremos la súplica de Moisés por la liberación de Israel; el aumento de trabajo que se les impuse; usted recordará que a los israelitas les obligaron a hacer ladrillos sin paja. También veremos el conflicto con Faraón; y la oración de Moisés por ayuda. El capítulo 5 principia la contienda contra Faraón. En los capítulos 5 al 11, ocurren nueve plagas que son ataques directos contra la idolatría de Egipto. En realidad, es una batalla del Dios único, contra los dioses de Egipto. Moisés regresó a Egipto después de una ausencia de cuarenta años. El libertador ahora está preparado para librar a su pueblo. Su misión era reunir a los ancianos de Israel e ir ante Faraón para presentarle su petición. Faraón rehusó dejar ir a Israel, y esto abrió el conflicto entre Dios y los dioses de Egipto.
Las plagas no fueron mera casualidad. Dios no envió la plaga de ranas para luego preguntarse “¿Cuál calamidad debo enviar ahora?” Probablemente nunca jamás ha habido algo que fuera tan organizado y significativo como el envío de estas plagas. Fueron dirigidas en una forma definitiva contra la idolatría de Egipto. Faraón hizo la pregunta: “¿Quién es Jehová? No lo conozco y no tengo la intención de dejar salir a Su pueblo”. Dios, pues, se le presentó enviándole las plagas a la tierra de Egipto. En Éxodo, capítulo 7, versículo 5, el Señor expresa con toda claridad lo que tiene presente. Dice Él: “Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando extienda mi mano sobre Egipto, y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos”. Dios usó las plagas para librar a Su pueblo, y para dejar saber a los egipcios Quién era Él.
Cada plaga fue asestada contra un dios distinto de Egipto. Había miles de templos, millones de ídolos y alrededor de tres mil dioses en Egipto. Todo eso excedería lo que tenemos en nuestros países hoy en día. Había poder en la religión de Egipto; los egipcios no eran tontos. Que nosotros tengamos nuestros radios transistores y receptores de televisión no significa en sí que seamos superiores a ellos. Todo el conocimiento nuestro es basado sobre aquello que ha sido trasmitido por los siglos. Hemos estado edificando sobre el conocimiento que nos ha llegado del pasado. El Apóstol Pablo, en su segunda carta a Timoteo, capítulo 3, versículo 8, nos habla acerca del poder en las religiones egipcias, cuando dice:

2 Timoteo 3:8

Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe.

Referencias Cruzadas:

  1. 2 Timoteo 3:8 : Ex. 7.11.

El poder de la religión egipcia era satánico, y Satanás concede poder a aquellos que le adoran.
Dios lanzó Sus palabras contra la idolatría de Egipto, contra Faraón, y contra Satanás. Fue una batalla de los dioses. Éxodo, capítulo 12, versículo 12, lo confirma; dice allí:

Éxodo 12:12

12 Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová.

Dios demostró que los dioses de Egipto eran falsos y reveló a los israelitas que Él tenía habilidad para librarlos. Los israelitas habían nacido en los ladrillales, rodeados de la idolatría, y Dios tuvo que mostrarles que Él era superior.
Un bosquejo breve de cada plaga puede ser útil aquí para que veamos que había un diseño y propósito definido en cada una. Cuando Moisés primero se paró delante de Faraón, su vara se convirtió en culebra. Los sabios de Egipto hicieron el mismo milagro. Esto revela que Satanás tiene poderes definidos. Después de esta demostración, Dios envió las diez plagas.
En la primera plaga el agua se convierte en sangre. Esto lo podemos hallar en Éxodo, capítulo 7, versículos 10 al 25. La fertilidad de la tierra de Egipto dependía del desbordamiento del Río Nilo para traerles tanto los fertilizantes como el agua. Los ritos paganos se celebraban cada primavera cuando el río traía vida de la muerte. El río era uno de los más grandes dioses y era considerado santo. Pero cuando el agua se cambió en sangre, trajo la muerte en vez de la vida. Los hechiceros de Egipto también imitaron esta plaga con sus encantamientos.
En segundo lugar, tenemos la plaga de las ranas. Verificamos esta plaga en Éxodo 8, versículos 1 al 15. Los egipcios adoraban casi todo animal imaginable. La rana fea, fría y de cuero mucoso también era un dios. Adoraban a una diosa que tenía cabeza de rana. Se consideraba una ofensa matar la rana sagrada; ahora, si usted las encontraba dentro de su casa, en las camas, en la comida, y bajo los pies en todas partes como las encontraron los egipcios, pues, es muy posible que cambiara de opinión en cuanto a no matarlas. Esta plaga fue tan mala que Faraón cambió de opinión provisionalmente en cuanto a dejar ir a los hijos de Israel para ofrecer sacrificio a su Dios. Cuando las ranas fueron muertas, sin embargo, endureció su corazón de nuevo, y no dejó ir a Israel. Los sabios también duplicaron esta plaga, lo cual puede indicar que su éxito hasta el momento se había logrado por medio de alguna trampa de prestidigitación o por algún invento mágico.
En tercer lugar, tenemos la plaga de piojos. Referencia a esta plaga la encontramos en Éxodo capítulo 8, versículos 16 al 20. Aunque no puede determinarse a cual insecto se refiere esta palabra traducida como piojo, los insectos aparecieron en números increíbles del polvo en los charcos que se secaron después que el Río Nilo retrocedió. Los egipcios adoraban al dios de la tierra, y esta plaga se levantó del polvo de la tierra. Faraón no pidió que esta plaga fuera quitada, y los hechiceros egipcios no pudieron reproducir esta pestilencia. Parece que reconocieron que el que trajo esta plaga era supremo sobre todos los dioses de Egipto.
En cuarto lugar, encontramos la plaga de las moscas. Éxodo 8:20-32 la refiere. Hay quienes creen que la multitud de moscas realmente era masas del escarabajo sagrado, emblema del sol. El escarabajo se encuentra en las tumbas egipcias, y era su símbolo de la vida eterna. Estos escarabajos eran sagrados y dedicados a Ra, el dios del sol. Esta plaga fue tan severa que Faraón prometió a Israel su libertad limitada para sacrificar a Jehová en la tierra de Egipto.
En quinto lugar, encontramos la plaga del ganado. Éxodo 9, versículos 1 al 7, lo afirma. Esta plaga era una enfermedad muy grave y contagiosa que afectó principalmente al ganado. Los egipcios adoraban a todo el reino animal, especialmente al toro negro. Es algo ridículo cuando uno se da cuenta que esta plaga causó que los egipcios adoraran a una vaca enferma. No me diga que no hay humor en la Biblia.
Ahora, en sexto lugar, encontramos la plaga de las úlceras. Esta plaga aparece en Éxodo, capítulo 9, versículos 8 al 17. La plaga anterior afectó los cuerpos de los animales y ahora esta plaga de úlceras afectó a los cuerpos de los propios egipcios. La plaga era muy dolorosa, pero no fatal. Los hechiceros egipcios no pudieron duplicar esta pestilencia, y ellos mismos estaban afligidos, tanto como sus compatriotas.
En séptimo lugar, tenemos la plaga de granizo. Esta plaga es referida en Éxodo, capítulo 9, versículos 18 al 35. Dios empieza a demostrar Su poder con la plaga del granizo. Lanzó Su ataque contra el dios del aire, o atmósfera. Esta plaga es otro paso adelante para demostrar Quién es Dios. Por primera vez, Faraón confiesa su pecado.
En octavo lugar, está la plaga de las langostas. Éxodo, capítulo 10, versículos 1 al 20 lo menciona. Por primera vez los siervos de Faraón trataron de persuadirlo para que hiciera algún arreglo con Moisés. Una multitud de langostas significaba que la cosecha estaba bajo maldición. Esta fue una evidencia del juicio de Dios como se encuentra en los libros de Joel y Apocalipsis. El arrepentimiento de Faraón fue el más grande que había presentado hasta este momento, pero no pasó mucho tiempo antes de que cambiara de parecer. Y endureció una vez más su corazón y no dejó ir a Israel.
En noveno lugar, tenemos la plaga de las tinieblas. Leemos sobre esa plaga en Éxodo, 10:21-29. Los egipcios adoraban al sol. Acostumbraban dibujar un cuadro sagrado de un disco con sus rayos extendidos. Este se encuentra en todas partes en las ruinas egipcias. Dios borró esta deidad principal. Ante esta plaga, Faraón dio señal de un permiso condicional a Israel, permiso que Moisés rehusó aceptar. Y esto abrió la puerta para la plaga final: la muerte de los primogénitos, que aparece en Éxodo, capítulo 11, hasta el capítulo 12, versículo 36.
Según la religión de Egipto, los primogénitos pertenecían a los dioses de Egipto. En otras palabras, Dios tomó lo que pertenecía a los dioses de Egipto. Dios estaba enseñando a los egipcios Quién era Él. Convenció a Faraón que Él era el Dios único y verdadero. Estaba trayendo a Su propio pueblo al lugar donde estaría dispuesto a reconocerlo a Él como su Dios. Este fue el hecho final del juicio que libraría a Israel de la esclavitud en Egipto.
Es importante comprender que había un propósito en las plagas de Egipto. Dios desafió a los dioses de Egipto a una contienda y los derrotó. El profeta Isaías predijo que algún día cada ídolo desaparecería de Egipto. Egipto es principalmente un país musulmán hoy en día, y está libre de los ídolos.
Una consideración especial debe darse a la reacción del israelita individual ante Dios. El israelita individual nunca fue llamado hijo de Dios; fue la nación entera la que recibió este nombre. La Escritura confirma esto en Éxodo, capítulo 4, versículo 22, donde leemos:

Éxodo 4:22

22 Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.

Cada persona tenía que pasar por aquella experiencia del nuevo nacimiento para poder llegar a ser hijo de Dios y ser parte del pacto. La circuncisión, como ya hemos visto, era la señal del pacto. El Apóstol Pablo habló de la circuncisión en su carta a los Gálatas, capítulo 5, versículo 6, respecto al creyente y dijo:

Gálatas 5:6

porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.

Cada persona hoy en día necesita experimentar el nuevo nacimiento para poder llamarse hijo de Dios. Asimismo el israelita individual tuvo que hacer su propia decisión en cuanto a Dios. En este capítulo 5 de Éxodo, la contienda empieza con Faraón y la batalla empieza con los dioses egipcios.

Leamos el versículo 1 de este capítulo 5 de Éxodo:

Éxodo 5:1

Moisés y Aarón ante Faraón

Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto.

El ofrecer sacrificio a Dios en el desierto fue el primer paso hacia la liberación de Israel. Moisés y Aarón no entraron precipitadamente ante la presencia de Faraón para decir: “Deja ir a mi pueblo. Vamos a salir de Egipto y regresar a la tierra prometida”. Simplemente pidieron que Israel tuviera permiso para salir al desierto para adorar a su Dios. Estaban preparando a Faraón para lo que vendría al fin. Ahora, note usted la reacción de Faraón en el versículo 2 de ese capítulo 5 de Éxodo:

Éxodo 5:2

Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel.

La expresión: “Deja ir a mi pueblo” ha llegado a ser famosa. Ojala que se hiciera famosa la pregunta “¿Quién es Jehová?” Es la mejor pregunta de todas hoy en día, porque usted necesita saberlo antes de que pueda haber una liberación para usted. Faraón hizo dos declaraciones muy definidas. Primero: “Yo no conozco a Jehová”. Y la segunda es: “No dejaré ir a Israel”. Dentro de muy poco tiempo, Faraón conocería al Dios de Israel en una manera terrible, y tendría que dejar ir a los israelitas. Veamos ahora el versículo 3 de Éxodo 5:

Éxodo 5:3

Y ellos dijeron: El Dios de los hebreos nos ha encontrado; iremos, pues, ahora, camino de tres días por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, para que no venga sobre nosotros con peste o con espada.

Dios quiere que le adoremos. Este versículo nos dice que Él nos juzgará si no tomamos este paso ahora. Leamos ahora los versículos 4 y 5 de Éxodo, capítulo 5, que dicen:

Éxodo 5:4-5

Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su trabajo? Volved a vuestras tareas.

Dijo también Faraón: He aquí el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar de sus tareas.

Moisés había tenido reuniones masivas con los israelitas para animarles e instruirles. Estaban impacientes y querían salir de Egipto. Faraón vio el problema que esto ocasionó y su contestación fue de enviarlos de nuevo a los ladrillales. Y esto es exactamente lo que hizo y a la vez aumentó aun más sus dificultades. Veamos ahora en los versículos 6 al 8, de este capítulo 5, la tiránica decisión de Faraón:

Éxodo 5:6-8

Y mandó Faraón aquel mismo día a los cuadrilleros del pueblo que lo tenían a su cargo, y a sus capataces, diciendo:

De aquí en adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como hasta ahora; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja.

Y les impondréis la misma tarea de ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, por eso levantan la voz diciendo: Vamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios.

Faraón creyó que Israel estaba pidiendo unas vacaciones. Razonó que si querían tomar unos días libres, era porque no estaban trabajando lo suficiente. Resolvió entonces, no darles más paja, sino que fueran ellos mismos a buscarla y les obligó a producir el mismo número de ladrillos que antes producían. Sus tareas diarias aumentaron y les fue muy difícil. Servían entonces, con rigor. Leamos los versículos 15 al 21 de Éxodo 5:

Éxodo 5:15-21

15 Y los capataces de los hijos de Israel vinieron a Faraón y se quejaron a él, diciendo: ¿Por qué lo haces así con tus siervos?

16 No se da paja a tus siervos, y con todo nos dicen: Haced el ladrillo. Y he aquí tus siervos son azotados, y el pueblo tuyo es el culpable.

17 Y él respondió: Estáis ociosos, sí, ociosos, y por eso decís: Vamos y ofrezcamos sacrificios a Jehová.

18 Id pues, ahora, y trabajad. No se os dará paja, y habéis de entregar la misma tarea de ladrillo.

19 Entonces los capataces de los hijos de Israel se vieron en aflicción, al decírseles: No se disminuirá nada de vuestro ladrillo, de la tarea de cada día.

20 Y encontrando a Moisés y a Aarón, que estaban a la vista de ellos cuando salían de la presencia de Faraón,

21 les dijeron: Mire Jehová sobre vosotros, y juzgue; pues nos habéis hecho abominables delante de Faraón y de sus siervos, poniéndoles la espada en la mano para que nos maten.

Los hijos de Israel culparon a Moisés y a Aarón por el aumento de sus cargas. Los acusaron a ambos de impedir en vez de ayudarles, y de dar a Faraón una excusa para hacer su vida aun más insoportable. Y ahora, veamos el último aspecto que se considera en este capítulo 5 de Éxodo, y es la oración de Moisés; leamos los versículos 22 y 23:

Éxodo 5:22-23

Jehová comisiona a Moisés y a Aarón

22 Entonces Moisés se volvió a Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste?

23 Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo; y tú no has librado a tu pueblo.

¿Es esta oración una de impaciencia y queja? Parece que sí porque las cosas no andan así como Moisés anticipó que andarían. Había entregado las instrucciones de Dios a Faraón, y el rey simplemente hizo la vida más difícil para los hijos de Israel. Moisés no podía ver todo el cuadro, pero Dios estaba obrando así de una manera lenta y paciente para poder efectuar Su plan. En el capítulo seis, Dios anima a Moisés y a los israelitas y renueva Su promesa de librarlos. Dios tiene mucho que enseñar a Moisés, a los israelitas, a los egipcios, y a Faraón mismo.
Y en esta forma concluye el estudio del capítulo 5 del libro de Éxodo. Y entramos ahora al capítulo 6. En este capítulo 6 consideraremos tres aspectos principales. En primer lugar, la contestación de Jehová a la oración de Moisés. En segundo lugar, una genealogía parcial de Israel; y por último, la renovación de la comisión de Moisés. El capítulo 6 es una continuación de la última parte del capítulo 5. Dios está por enviar las plagas sobre Egipto. La batalla de los dioses está por comenzar. Ahora, ¿cuáles son los eventos que han conducido a este momento? Mirando hacia atrás, encontramos que lo primero que Moisés, Aarón y los ancianos de Israel hicieron, fue pedir permiso a Faraón para ir camino de tres días al desierto para ofrecer sacrificio al Señor. La respuesta de Faraón fue “No”. Porque según el relato bíblico, no conocía a Jehová. Ahora, como respuesta, Faraón en cambio aumentó la carga sobre los israelitas. Los hijos de Israel se quejaron ante Moisés quien a su vez, se quejó ante el Señor. Dios quería asegurar a Moisés Quien era Él y cuál era Su plan de acción. El Dios de Abraham, Isaac y Jacob, había oído el gemido de los israelitas y los iba a librar. Dios quería que Moisés considerara la historia pasada de Israel, para ver cómo era que Él los había guardado. Dios había demostrado vez tras vez Su amor para con Israel y Su deseo de ayudarlos. Dios había intervenido ya muchas veces a favor de los hijos de Israel. Estos, pues, son los aspectos que consideraremos en el capítulo 6, y en nuestro próximo programa entraremos en más detalles en el estudio de este capítulo.

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