Estudio Bíblico: Éxodo Capítulo 33:12 – 34 – 35:5

Play

Estudio de la Santa Biblia en audio MP3, de Éxodo Capítulo 33:12 – 34 – 35:5
Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por el libro de Éxodo. En nuestro programa de hoy, vamos a comenzar con el versículo 12 de este capítulo 33 de Éxodo. Vamos a considerar la oración de Moisés y la contestación del Señor. Leamos entonces, los versículos 12 y 13 que dicen así:
12Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos. 13Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo. (Ex. 33:12-13)
Moisés pidió lo mismo que el Apóstol Pablo pidió en su carta a los Filipenses, capítulo 3, versículo 10, donde dice: a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte. Es lo mismo que Felipe quiso decir cuando en el evangelio según San Juan, capítulo 14, versículo 8, pidió:“. . .Señor, muéstranos el Padre, y nos basta”. Creemos que todo hijo de Dios que es sincero tiene un verdadero anhelo de conocer a Dios. Ahora, leamos los versículos 14 y 15 de Éxodo 33:
14Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. 15Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. (Ex. 33:14-15)
Moisés sabía que la presencia de Dios iría con él. Él sabía que no podría llevar la carga él sólo. Ahora, el versículo 16, dice:
16¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra? (Ex. 33:16)
Es importante notar aquí que Dios hizo de los israelitas un pueblo peculiar para un propósito muy definido. La iglesia también debe ser un pueblo peculiar hoy en día. Esto quiere decir que debemos ser un pueblo que da honra y gloria a Dios; pero no que seamos personas raras. Leamos ahora el versículo 17 de Éxodo 33:
17Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre. (Ex. 33:17)
Moisés se hace amigo íntimo con Dios. Sigamos adelante, ahora con el versículo 18:
18El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria. (Ex. 33:18)
Moisés en realidad no podía ver a Dios cara a cara, mas Dios le dice a él en el versículo 19:
19Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. (Ex. 33:19)
Pablo hace uso de este versículo en su carta a los Romanos, capítulo 9, versículo 15, cuando expresa: Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Ahora, el versículo 20 de Éxodo 33, dice:
20Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá. (Ex. 33:20)
Es un hecho, amigo oyente, que usted no verá a Dios cara a cara. Ahora, los versículos 21 al 23 dicen:
21Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; 22y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. 23Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro. (Ex. 33:21-23)
Este pasaje está hablando en cuanto a la gloria como una representación de Dios. El Señor Jesús dijo que cuando Él venga la segunda vez, habría la señal del Hijo del Hombre en el Cielo. El evangelista Mateo, nos declara en el capítulo 24 de su evangelio, versículo 30: Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.
Creemos que aquella señal es la gloria Shekiná de la cual acabamos de leer aquí en Éxodo, capítulo 33, versículos 21 al 23. Cuando Cristo tomó forma humana, la gloria no estaba allí. Se humilló y puso a un lado Su gloria, porque todavía era Dios. Por eso, Él pudo decir: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Nosotros, amigo oyente no veremos a Dios. Veremos al Señor Jesucristo, y Él tendrá forma humana porque esa es la forma que tomó acá en la tierra. Hoy día Cristo tiene un cuerpo glorificado, y algún día seremos como Él es según se nos declara en la primera carta del Apóstol Juan, capítulo 3, versículo 2, donde dice: Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Esta es la anticipación y la esperanza de los creyentes que caminamos por la fe. Moisés también aprendió a caminar por la fe. Él sabía que la presencia de Dios iría con él; de lo contrario, sufriría fracaso. Nosotros también, amigo oyente, necesitamos de la presencia de Dios hoy para poder enfrentar los problemas de la vida. Y bien, aquí concluye el capítulo 33 de Éxodo. Y entramos al capítulo 34. En este capítulo vamos a estudiar la renovación de las tablas de piedra. Estudiaremos también la proclamación del nombre de Jehová; y el rostro de Moisés resplandece. Veamos los primeros cuatro versículos de este capítulo 34 de Éxodo:
1Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste. 2Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte. 3Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte. 4Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra. (Ex. 34:1-4)
Este es el segundo par de tablas de la ley. Las primeras tablas fueron rotas cuando Moisés descendió del monte Sinaí y encontró que los israelitas habían hecho un becerro de oro y que lo estaban adorando. Ahora, vuelve al monte con tablas en blanco. Leamos el versículo 5 de Éxodo 34:
5Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. (Ex. 34:5)
El Señor ahora proclama Su nombre. Este es un adelanto tremendo tanto para Moisés como para los israelitas. Un nombre tiene un significado particular, y cuando usted y yo oímos decir el nombre de César, o de Egipto, ciertas imágenes o representaciones surgen en nuestra mente. Dios ahora está proclamando Su nombre y quiere que los israelitas se acuerden de las experiencias que han pasado con Él desde que han salido de la tierra de Egipto. Leamos ahora los versículos 6 y la primera parte del 7, de Éxodo 34:
6Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; 7aque guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado. (Ex. 34:6-7a)
Dios no extiende Su misericordia tapándose los ojos ante el culpable, ni diciendo: “Simplemente me olvidaré de aquel pecado”. El pecado tiene que ser castigado y la pena tiene que ser pagada. Dios no absuelve así no más al culpable. ¿Qué pasa entonces? ¿Cómo mantiene Su misericordia y a la vez atiende a la iniquidad? Un sacrificio debe ser provisto. Los sacrificios que Israel ofreció en aquel día no quitaban el pecado. Sólo lo encubrían y señalaban a aquel “sacrificio perfecto”, al Señor Jesucristo, el cual cuando vino quitó el pecado por medio de Su muerte en la cruz del calvario. Ahora, la segunda parte del versículo 7, dice:
7bque visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación. (Ex. 34:7b)
Es bueno que recordemos que hoy en día es muy posible cometer un pecado que puede hacer mella en los hijos, en los nietos, en los bisnietos, etcétera. Cierto día un grupo de estudiantes universitarios que seguían cursos de sicología normal, salieron para dar una gira de inspección en un hospital mental en la ciudad de Oliver, estado de Tennessee en los Estados Unidos. Durante su gira, pudieron observar algunas de las anormalidades existentes. Todos los enfermos sufrían de una enfermedad mental u otra. Un alumno interesado preguntó al médico que les guiaba, la causa de estas enfermedades. El doctor simplemente respondió: “Es por causa de los pecados que cometió o el padre, o el abuelo, o el bisabuelo”
En otro caso, un médico en la ciudad de Nashville, Estados Unidos, llevó a uno de sus alumnos a un hospital donde él iba a operar a unos niños ciegos. El alumno preguntó: “¿Por qué son ciegos?”. Y el médico respondió: “Es por causa de los pecados que cometieron sus padres”. Amigo oyente, es que no se puede ganarle a Dios. No se le puede engañar ni violar Sus leyes con impunidad. Dios siempre es el mismo y no cambia. Debemos dar gracias por la revelación de Dios que dice: “Dios hace misericordia a millares y perdona la iniquidad”. Y si sólo acudimos a Él, encontraremos Su misericordia. Leamos ahora los versículos 8 y 9 de este capítulo 34 de Éxodo:
8Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró. 9Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad. (Ex. 34:8-9)
Esta es la cuarta vez que a Israel se le llama un pueblo de dura cerviz. Esperamos que usted ya se haya dado cuenta que Dios nunca salvó a la nación de Israel porque fuera superior, ni porque los israelitas anduvieran tan bien, ni porque prometieran hacer lo bueno. Al contrario, vemos que es un pueblo de dura cerviz. Y pasamos ahora a otro aspecto: la renovación de la comisión de Moisés. Leamos entonces, el versículo 10 de Éxodo 34:
10Y él contestó: He aquí, yo hago pacto delante de todo tu pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de Jehová; porque será cosa tremenda la que yo haré contigo. (Ex. 34:10)
La palabra “tremenda” aquí significa “incitar terror”. Esta palabra no tiene el sentido que a veces damos a la palabra “tremenda”. Era parte del resguardo o la protección de Dios con la que Él cubría a Su pueblo. Habrían sido destruidos por el enemigo, si Él no hubiera hecho esto. Ahora, el versículo 11, dice:
11Guarda lo que yo te mando hoy; he aquí que yo echo de delante de tu presencia al amorreo, al cananeo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. (Ex. 34:11)
Dios dice que Él expulsará de delante de ellos a todos sus enemigos y esta es la tercera vez que lo promete hacer. Sigamos ahora con el versículo 12 de Éxodo 34:
12Guárdate de hacer alianza con los moradores de la tierra donde has de entrar, para que no sean tropezadero en medio de ti. (Ex. 34:12)
Dios los amonestó que se guardaran, o que se cuidaran de hacer pacto alguno con los habitantes de la tierra. Cuando los gabaonitas llegaron a Josué, como lo veremos más adelante en el libro de Josué, engañaron a los israelitas. Afirmaron falsamente que habían venido desde muy lejos y hasta llevaban con ellos pan seco y mohoso para comprobárselo a Josué. ¿Por qué no quería Dios que Israel hiciera pacto con los habitantes de la tierra de Canaán? Si hacían pacto con estas personas, en realidad, caerían en una trampa y se verían llevados una vez más a la idolatría. Veamos ahora los versículos 13 y 14 de este capítulo 34 de Éxodo:
13Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus imágenes de Asera. 14Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es. (Ex. 34:113-14)
Amigo oyente, Dios es un Dios celoso y no quiere compartir Su honra y Su gloria con los dioses falsos. Tampoco hay motivo de pedir disculpa por razón de que Dios sea celoso. En cierta ocasión una señora dijo: “Mi esposo no tiene celos de mí”. Ella estaba jactándose de aquel hecho, pero creemos que si su esposo en realidad no tenía celos de ella, entonces tampoco la amaba. Cuando uno ama cualquier cosa o a cualquiera persona, siente celos por ella y no le gusta compartirla con otros. Claro que es posible tener celos en un sentido malo, pero no estamos hablando en cuanto a eso. Cuando usted ama a una persona, se preocupa por ella, y la cuida. Le dedica atención. Ahora, los versículos 15 al 17 dicen:
15Por tanto, no harás alianza con los moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y ofrecerán sacrificios a sus dioses, y te invitarán, y comerás de sus sacrificios; 16o tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán fornicar también a tus hijos en pos de los dioses de ellas. 17No te harás dioses de fundición. (Ex. 34:15-17)
Amigo oyente, la tierra de Canaán estaba tan llena de idolatría exactamente como un perro está cubierto de pulgas. La tierra estaba llena de una inmoralidad crasa y Dios está amonestando a Israel a que se mantenga separado de quienes se involucran en estas actividades, y que de ningún modo hagan pacto alguno con ellos. Israel debía o destruirlos, o ahuyentarlos de la tierra. Ahora, Israel desobedeció a Dios y no quitaron completamente a esas gentes de la tierra, y por eso, Israel cayó en la idolatría una vez más. Por eso, Dios los envió a la cautividad babilónica más tarde. El hecho es que Dios es un Dios celoso de Su nombre y rehúsa compartir Su posición de autoridad y liderazgo, Su honra y gloria, con ningún otro. La idolatría en la tierra era una abominación para Dios, y Él no quería que esto llegara a ser una parte del modo de vivir de Israel. Quería tener a un pueblo para Sí mismo, un pueblo que le amara solamente a Él. Y pasamos ahora a otro aspecto importante. Leamos el versículo 18 de Éxodo capítulo 34:
18La fiesta de los panes sin levadura guardarás; siete días comerás pan sin levadura, según te he mandado, en el tiempo señalado del mes de Abib; porque en el mes de Abib saliste de Egipto. (Ex. 34:18)
Dios está preparando a Israel para entrar en la tierra por medio del restablecimiento de las fiestas y los sábados. A tono con esto, el versículo 23 nos dice:
23Tres veces en el año se presentará todo varón tuyo delante de Jehová el Señor, Dios de Israel. (Ex. 34:23)
Dios luego sigue dando muchos detalles con respecto a varias cosas diferentes, cosas que los israelitas debían hacer, y también cosas que no debían hacer. Pasemos ahora al versículo 25 y al 26 de este capítulo 34 de Éxodo:
25No ofrecerás cosa leudada junto con la sangre de mi sacrificio, ni se dejará hasta la mañana nada del sacrificio de la fiesta de la pascua. 26Las primicias de los primeros frutos de tu tierra llevarás a la casa de Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre. (Ex. 34:25-26)
El resumen de esto es que los Israelitas tenían que poner a Dios primero que todo. Y el último aspecto que vemos aquí en este capítulo 34, es que el rostro de Moisés resplandece. Y esto lo encontramos en los versículos 29 hasta el 35; leamos este pasaje:
29Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios. 30Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él. 31Entonces Moisés los llamó; y Aarón y todos los príncipes de la congregación volvieron a él, y Moisés les habló. 32Después se acercaron todos los hijos de Israel, a los cuales mandó todo lo que Jehová le había dicho en el monte Sinaí. 33Y cuando acabó Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro. 34Cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía; y saliendo, decía a los hijos de Israel lo que le era mandado. 35Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios. (Ex. 34:27-35)
Estos versículos nos muestran cuán estrecha era la comunión que había entre Dios y Moisés, hasta tal punto que Dios comunicó de Su resplandor al rostro de Moisés. Y, amigo oyente, Dios espera que nosotros desarrollemos este tipo de comunión con Él, una comunión estrecha. Ahora, por supuesto, nuestro rostro no resplandecerá de la manera que el rostro de Moisés resplandeció. Pero, si mantenemos nuestra estrecha comunión con Dios, el mundo podrá notar que nuestro rostro, nuestro ser entero, resplandece con el gozo, con la paz que Jesucristo da. Podrá notar que nosotros tenemos algo diferente de lo que ellos tienen. Y de la misma manera que el pueblo de Israel notó el resplandor en el rostro de Moisés, el mundo podrá notar en nuestro ser entero, el resplandor que Jesucristo irradia cuando Él entra a tomar posesión total y absoluta de nuestro ser. Esta, amigo oyente, es la comunión intima y estrecha que Dios quiere que mantengamos constantemente con Él, y así daremos verdadero cumplimiento a las palabras de Jesús expresadas en Mateo 5:16: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Y aquí, amigo oyente, concluimos nuestro estudio del capítulo 34 de Éxodo. No nos queda mucho tiempo, pero en los minutos restantes vamos a comenzar el capítulo 35 de Éxodo. En este capítulo estudiaremos el día de reposo. También las ofrendas voluntarias para el tabernáculo; y finalmente, Bezaleel y Aholiab son llamados al trabajo. En este capítulo, el Señor vuelve a hablar con Israel en cuanto al día de reposo. Esta es la tercera vez que lo hace. Leamos los primeros 3 versículos de este capítulo 35 de Éxodo.
1Moisés convocó a toda la congregación de los hijos de Israel y les dijo: Estas son las cosas que Jehová ha mandado que sean hechas: 2Seis días se trabajará, mas el día séptimo os será santo, día de reposo para Jehová; cualquiera que en él hiciere trabajo alguno, morirá. 3No encenderéis fuego en ninguna de vuestras moradas en el día de reposo. (Ex. 35:1-3)
El Señor hace hincapié en que la razón principal de que exista el día de reposo es que pertenece a la creación. Dios descansó en el día de reposo después de Su obra de la creación. Dios le dijo a Israel que este día tenía una relación particular y definida entre Él e Israel. Un poquito después de la creación el hombre empezó a apartarse de Dios. Luego llegó el día cuando todo el género humano ya no reconoció a Dios, y empezó a adorar a la criatura. Y al final, el hombre no guardaba ya el día de reposo. Fue entonces cuando Dios empezó a establecer una relación particular entre Sí mismo y los israelitas. Dios empezó a dar leyes que realmente eran más aplicables a esa tierra y a los de esa tierra que a cualquier otro lugar o persona. Si alguien trabajaba en el sábado, era ejecutado a pedradas. Sería muy difícil continuar nuestra sociedad sin que alguien trabaje en el día de reposo, es decir, el día sábado. Supóngase usted que nadie enciende el fuego en el sábado. Esto sí que causaría grandes problemas, especialmente en los países del norte donde es helado. Las leyes de Dios eran dadas para ser adaptadas a la tierra en la cual vivía Israel. Veamos ahora, las ofrendas voluntarias para el tabernáculo. Leamos los versículos 4 y 5 de Éxodo 35:
4Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado: 5Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová; oro, plata, bronce (Ex. 35:4-5)
Estas ofrendas para la construcción del tabernáculo eran voluntarias. A los israelitas no se les requiría, no se les pedía traer nada. No había ninguna demanda, ninguna exigencia de ninguna clase sobre ellos. Pero vemos en los versículos siguientes, que debían también traer otras cosas además del oro, la plata y el bronce. Leamos los versículos 6 al 9 de Éxodo 35:
6azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, 7pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, 8aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, 9y piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y para el pectoral. (Ex. 35:6-9)
Estas son las cosas que los israelitas podían ofrendar para la construcción del tabernáculo. Y aquí nos detenemos por esta ocasión. Continuaremos la consideración de este capítulo 35, Dios mediante, en nuestro próximo programa. Será pues, hasta entonces, ¡que Dios le bendiga es nuestra ferviente oración!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>