Estudio Bíblico: Éxodo Capítulo 32:7 – 33:11

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Estudio de la Santa Biblia en audio MP3, de Éxodo Capítulo 32:7 – 33:11
Continuamos hoy, amigo oyente, estudiando el capítulo 32 de este libro de Éxodo, y comenzaremos a partir del versículo 7, considerando este aspecto de la condenación de la apostasía de Israel. Leamos entonces, los versículos 7 y 8 de este capítulo 32:
7Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. 8Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. (Ex. 32:7-8)
Dios no redimió a Israel, amigo oyente, porque los israelitas fueran una raza superior, a más grandes, o mejores que cualquier otra nación. No fue por ninguna de estas cosas. Dios dijo: “Yo sabía que eres pueblo de dura cerviz, pero te amo”. Ahora, veamos los versículos 9 y 10 de este capítulo 32 de Éxodo que seguimos estudiando:
9Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. 10Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande. (Ex. 32:9-10)
Esta fue una verdadera tentación para Moisés. En realidad, Dios le está diciendo: “Moisés, te usaré como usé a Abraham, y haré de ti una nación grande, y todavía guardaré mi pacto con Abraham”. Ahora, note usted lo que hace Moisés. Él es un ejemplo de uno de los más grandes oradores en toda la Escritura. Leamos el versículo 11, que dice:
11Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? (Ex. 32:11)
Dios dice: “Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido”. Ahora, Moisés en realidad habla claro con Dios. No usa ninguna de aquellas palabras piadosas que se oyen decir hoy en muchas oraciones. Hay tanta hipocresía en muchas de nuestras oraciones. No es extraño que algunos cultos de oración estén muertos. Si habláramos honesta y francamente con Dios, el culto de oración sería el culto más conmovedor de la iglesia.
Escuche usted lo que dijo Moisés. Dios le había dicho a Moisés que los israelitas que él había sacado de la tierra de Egipto habían pecado. Y Moisés dice: “Señor, yo creo que te equivocas. Yo no me acuerdo de haber sacado a nadie de Egipto, no es pueblo mío. Son Tuyos, en realidad. Tú los sacaste de Egipto, y los sacaste con mano fuerte. Yo no pude sacarlos. Señor, Tú te has equivocado aquí”. Ahora, amigo oyente, ¿puede usted imaginar a alguien hablándole tan claro al Dios viviente? Bueno, Moisés lo hizo. Ahora, escuche usted el versículo 12 de este capítulo 32 de Éxodo:
12¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. (Ex. 32:12)
Luego, Moisés le dice al Señor: “Tú sacaste a Tu pueblo de la tierra de Egipto, y si Tú no los llevas a la tierra, entonces los egipcios dirán que sí podrías sacarlos de Egipto, pero que no te fue posible llevarlos a la tierra. Es pueblo Tuyo, Señor. Tú prometiste traerlos a la tierra”. Entonces Moisés le da a Dios el tercer motivo por el cual debe desviar Su ira contra los israelitas. Leamos el versículo 13 de Éxodo 32:
13Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre. (Ex. 32:13)
Moisés ruega a Dios que se acuerde de Abraham, de Isaac y de Israel, y cómo Él había hecho un pacto con ellos. Había prometido multiplicar su descendencia y darles la tierra. Ahora, el versículo 14, dice:
14Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo. (Ex. 32:14)
Cuando Moisés oró así, hizo mover el brazo de Dios. Si nosotros fuéramos más honestos en nuestro orar, veríamos más contestaciones, más respuestas visibles a nuestras oraciones. Siempre recibimos alguna contestación, pero creemos que el Señor nos dice a la mayoría de nosotros “que No”, sencillamente porque no sabemos orar honestamente. Y pasamos ahora a considerar el juicio. Leamos los versículos 15 al 18 de Éxodo 32:
15Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas. 16Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. 17Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campamento. 18Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo. (Ex. 32:15-18)
Amigo oyente, los israelitas se estaban divirtiendo muchísimo; estaban adorando al becerro de oro y viviendo en pecado. Ahora, los versículos 19 al 21 dicen:
19Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte. 20Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel. 21Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? (Ex. 32:19-21)
Ahora, escuche usted a Aarón mientras trata de lavarse las manos de todo este asunto. Esto sería realmente humorístico si no fuera un asunto tan serio. Los versículos 22 y 23 nos dicen:
22Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal. 23Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. (Ex. 32:22-23)
En otras palabras, le echaron la culpa a Moisés por lo que había sucedido. Los israelitas creían que Moisés los había abandonado y por eso acudieron al becerro de oro. Ahora, Aarón sigue hablando aquí en el versículo 24 y dice:
24Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro. (Ex. 32:24)
Uno no puede menos que reírse de esta declaración de Aarón. Y quizá Moisés se rió un poco. Pero Aarón dijo que él echó el oro en el fuego y de allí salió un becerro. Sin embargo, algunos versículos anteriores indicaban que Aarón mismo le había dado forma al becerro con buril, lo que indica que Aarón estaba mintiendo. Ahora, el versículo 25 dice:
25Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos. (Ex. 32:25)
Amigo oyente, esta cuestión del nudismo, el sexo, y las drogas no es nada nuevo. Creemos que es posible mirar a los israelitas en esta ocasión, y verlo todo. Estos son los mismos israelitas que iban a ayudar hasta lo último a Moisés, y por eso Moisés está realmente enojado. Sin embargo, note usted cuán gran intercesor fue Moisés por este pueblo. Tocó el corazón de Dios, e hizo mover la mano de Dios. Para Moisés ha llegado la hora de actuar, y de servirse de una cirugía extrema. Cuando una persona sufre de cáncer, quiere estar libre de esa enfermedad. Si eso quiere decir que es necesario quitar la enfermedad cortando hasta la mitad del cuerpo, aún así esa persona desea estar libre de esa enfermedad. Pues, amigo oyente, el pecado es un cáncer terrible y Dios usa la cirugía extrema en este caso y mata a los culpables. Leamos ahora el versículo 27 de Éxodo 32:
27Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. (Ex. 32:27)
Este juicio es serio y extremo. Y tuvo que ser así porque se había cometido un pecado terrible. Amigo oyente, los liberales se han metido gradualmente en nuestras iglesias y nosotros les hemos permitido que se queden allí sin perturbarles. En cierta ocasión un joven egresado de un seminario de esos liberales, – y quisiéramos explicar que cuando decimos liberales, – queremos decir, aquellos que se han apartado de las enseñanzas bíblicas. Pues, bien, un joven egresado de uno de estos seminarios se presentó en cierta ocasión ante la junta administrativa de una iglesia para presentar examen para el ministerio. La condición en que este joven presentó su examen fue lamentable. Conocía tan poquito en cuanto a teología y a la Biblia, y lo poco que conocía lo tenía todo confundido. Era evidente que tenía un conocimiento bastante bajo de la Biblia y que no tenía nada de fe. No podía explicar las grandes doctrinas de la fe, ni las creía tampoco. Lo interesante es que uno de los examinadores de la junta, conocía al padre de este joven y les dijo a los demás: “El padre de este joven fue gran predicador en días pasados. Fue firme en la fe, y yo sé que algún día este muchacho asentirá y todo le será desenmarañado”. Este hombre en el concilio empleó el hablar de la camaradería y de la hermandad. No hubo un voto unánime, pero el concilio aceptó al joven de todas maneras. Amigo oyente, esto es lo que causa dolor al corazón. Estamos seguros que la manera en que el concilio consideró esta situación no sería en ningún modo la forma en que Moisés la hubiera considerado. Moisés no habría sacado la espada para matar al joven, pero tampoco le habría aceptado como predicador. Estamos seguros que le hubiera regalado una Biblia al joven y lo habría enviado a un instituto bíblico para que aprendiera algo de la Biblia y luego, ser reexaminado para ver si era digno para el ministerio de la predicación.
Amigo oyente, debido a que otros concilios de iglesias actúan de esta manera, los liberales se han metido en la iglesia organizada y han tomado posesión de ella. No se puede avenir con el pecado, amigo oyente. Morely ha dicho: “La avenencia es inmoral. Es mayormente inmoral en la iglesia”. Moisés no se avino y empleó una cirugía extrema. Ahora, veamos el versículo 28:
28Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. (Ex. 32:28)
Procedieron pues a ejecutar a aquellos que eran culpables y el campamento quedó entonces, completamente limpio. Muchos están inclinados a decir que esto fue brutal. Pero, mírelo usted así: ¿Sería mejor quitar el cáncer cortándolo en aquella ocasión y salvar así a la nación; o, sería mejor dejar que el cáncer creciera y destruyera entonces a la nación? Piense usted en los hombres, las mujeres y los niños en el campamento, que no eran culpables. Si se hubiera permitido vivir a los hombres que habían causado que Israel se desviara hacia la idolatría, la nación nunca habría entrado en la tierra prometida. Eso, por supuesto, es lo que está sucediendo en muchas partes de la Iglesia. Vemos a iglesia tras iglesia perdiendo su importancia y su influencia, y al mismo tiempo, llegando a ser prácticamente inútiles, porque han permitido la entrada del liberalismo teológico; somos indecisos, sentimentales y simples. A veces hasta somos torpes en nuestro modo de tratar la maldad. Amigo oyente, la Ley fue dada para ser ejecutada. Veamos ahora el versículo 30 de este capítulo 32 de Éxodo:
30Y aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado. (Ex. 32:30)
Las palabras “le aplacaré de. . .” son las mismas que en otros pasajes se traducen como hacer expiación. Ahora bien, una expiación encubría el pecado. El pecado era tratado de esa manera antes de que Jesucristo viniera a la tierra y muriera en la cruz. Después de la cruz, el pecado es quitado. Ahora Moisés da el cuarto motivo para que Dios lleve a los israelitas a la tierra prometida. De este capítulo 32 de Éxodo, leamos el versículo 31:
31Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro. (Ex. 32:31)
¿Es ésta una confesión? Si usted, amigo oyente, quiere llevarse bien con Dios, tendrá que estar de acuerdo con Él en cuanto al pecado. El pecado es pecado, y tiene que ser confesado. Tampoco importa quien sea usted. Este es el pueblo escogido de Dios, los israelitas, y Moisés dice: “¡Ha pecado!” Israel había cometido un gran pecado y había hecho dioses de oro. Moisés indicó delante de Dios el pecado de Israel. Sigamos ahora con el versículo 32:
32que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. (Ex. 32:32)
Moisés dijo: “Tomo mi lugar con el pueblo. Me identifico con ellos, y si Tú intentas raerlos del libro, entonces, ráeme a mí también”. Recuerde, amigo oyente, que Dios le había dicho a Moisés que todavía iba a guardar Su pacto con Abraham, con Isaac y con Jacob, simplemente haciendo de Moisés una nación. Pero Moisés dijo: “No, yo me identifico con el pueblo. Si no intentas llevarlos a la tierra, entonces ráeme del libro junto con ellos”. Note usted, que lo que conmueve el corazón de Dios, mueve la mano de Dios. Ahora, veamos el versículo 33:
33Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro. (Ex. 32:33)
Dios trata individual y personalmente el pecado. Los versículos 34 y 35 nos dicen:
34Ve, pues, ahora, lleva a este pueblo a donde te he dicho; he aquí mi ángel irá delante de ti; pero en el día del castigo, yo castigaré en ellos su pecado. 35Y Jehová hirió al pueblo, porque habían hecho el becerro que formó Aarón. (Éx. 32:34-35)
Dios tratará personalmente el pecado. Sin embargo, llevará al pueblo a la tierra. Aquellos que no habían pecado en la idolatría del becerro serían guiados por el ángel de Dios. Ahora, el ángel de Jehová en el Antiguo Testamento es la presencia visible de Cristo, el Cristo pre-encarnado. Por causa de la intercesión de Moisés, Dios no abandona a Su pueblo. Y esto debe impresionarnos de la gran importancia de la oración. Y aquí, amigo oyente, concluye el capítulo 32 del libro de Éxodo. Y entramos ahora al capítulo 33. En este capítulo estudiaremos cómo la presencia personal de Dios es quitada del campamento. También veremos que los israelitas murmuran. El Señor habla con Moisés y Moisés desea ver la gloria del Señor. Leamos, pues, los primeros dos versículos de este capítulo 33 de Éxodo:
1Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré; 2y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. (Ex. 33:1-2)
Dios está preparando a Israel para entrar en la tierra prometida. En el libro de Números, empiezan de nuevo a marchar a través del desierto. El libro de Levítico es la continuación de las instrucciones que son dadas para el servicio del tabernáculo que se está recién levantando en este libro de Éxodo. Ahora, de este capítulo 33, veamos el versículo 3:
3(a la tierra que fluye leche y miel); pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino. (Ex. 33:3)
No es exacto decir que Dios moró con el pueblo, ni que moró en el tabernáculo. Dios nunca ha vivido en una casa ni edificio. Esta es una noción pagana por cierto. El tabernáculo es donde los israelitas se acercaban a Dios, y donde Él se reunía con ellos. El tabernáculo nos enseña cómo debemos acercarnos a Dios. También revela a Cristo, que es el camino a Dios hoy en día. Avancemos algo más, ahora con el versículo 4 de Éxodo 33:
4Y oyendo el pueblo esta mala noticia, vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos. (Ex. 33:4)
Estos adornos, como ya hemos visto, eran paganos. Sus zarcillos, por ejemplo, demostraban el hecho de que todavía ellos estaban adorando a los dioses de Egipto. Los zarcillos eran señal de su idolatría. Leamos el versículo 5 que dice:
5Porque Jehová había dicho a Moisés: Di a los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz; en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré. Quítate, pues, ahora tus atavíos, para que yo sepa lo que te he de hacer. (Ex. 33:5)
Esta es la tercera vez que Dios ha llamado a Israel “pueblo de dura cerviz”. Dios no había venido para redimir a Su pueblo porque fuera superior, sino porque lo amaba. Sin embargo, los israelitas no responderían a este llamado de Dios, y Él tiene que arreglar cuentas con ellos. Dios les pide que quiten las señales exteriores que los identifican como paganos y que se declaren a favor de Dios. Por eso mismo creemos que el bautismo en agua era tan importante en los días de la iglesia primitiva; era una evidencia de que una persona había dejado lo viejo y se estaba declarando a favor de lo nuevo. Este es el tipo de testimonio que debemos tener hoy en día. Ahora, el versículo 6 dice:
6Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb. (Ex. 33:6)
Y pasamos ahora a considerar el aspecto del levantamiento del tabernáculo fuera del campamento. Leamos entonces, el versículo 7 de Éxodo 33:
7Y Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión. Y cualquiera que buscaba a Jehová, salía al tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento. (Ex. 33:7)
Mientras era construido el tabernáculo, Moisés lo levanta fuera del campamento. El tabernáculo aquí es simplemente una carpa de reunión, rodeada por un cerco. Ahora, los versículo 8 y 9 dicen:
8Y sucedía que cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y cada cual estaba en pie a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo. 9Cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía y se ponía a la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés. (Ex. 33:8-9)
Quizá surja la pregunta: “¿Ha visto jamás alguien a Dios?” El evangelista Juan, nos responde en el capítulo 1, versículo 18, diciendo que ningún hombre jamás ha visto a Dios. Y luego en el capítulo 14 del evangelio según San Juan, el versículo 9, se nos revela que aquellos que han visto a Jesucristo, han visto al Padre. El Señor Jesucristo es la revelación del Dios velado en carne humana. En el Antiguo Testamento, uno de los nombres de Jesucristo, era Ángel de Jehová. Pues, bien, era el Ángel de Jehová quien hablaba con Moisés. Ahora, la primera parte del versículo 11, dice:
11Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. (Ex. 33:11a)
Así como los amigos se hablan cara a cara, Dios y Moisés se hablaron. Sin embargo, Moisés no vio a Dios. Ahora, la segunda parte del versículo 11, dice:
bY él volvía al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo. (Ex. 33:11b)
Una vez más se menciona a Josué aquí. Este es el hombre que Dios está preparando para seguir a Moisés. No creemos que nadie lo haya sospechado a esta hora, pero cuando lleguemos a nuestro estudio en el libro de Josué, veremos que él era el hombre más improbable, por decirlo así entre todos, para suceder a Moisés. Y aquí, amigo oyente, nos detenemos por esta oportunidad. ¡Que Dios le bendiga es nuestra ferviente oración!

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