Estudio Bíblico: Éxodo Capítulo 3

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Estudio de la Santa Biblia en audio MP3, de Éxodo Capítulo 3

Éxodo 3

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por el segundo libro del Antiguo Testamento: el libro de Éxodo. En nuestro programa anterior, concluimos diciendo que Dios no había visto ningún bien en Israel, y esto es lo que le causó librar a esta nación. Oyó el gemido de Israel estando en esclavitud y la redimió. También Dios vio nuestra condición desesperada y nos salvó. Dios tuvo un plan pero no preguntó a los hombres lo que ellos pensaban en cuanto a este plan. Dios no les dijo: “Bueno, este es mi plan para su salvación; si les agrada, lo llevaré a cabo”. No, señor. De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para morir por los pecados del mundo. El Hijo se puso de acuerdo para venir, y el Padre se puso de acuerdo para salvar a quien quiera que confiara en Cristo para recibir la salvación. Dios dice: “Esta es la salvación que les ofrezco. Acéptenla o déjenla”. Amigo oyente, Dios quiere que la aceptemos, pero deja que cada individuo escoja por sí mismo.
Había una mujer escocesa, que trabajaba mucho lavando ropa para poder enviar a su hijo a la universidad. Cuando él llegó a la casa para las vacaciones, su mente estaba llena de dudas en cuanto a Dios por causa de la enseñanza liberal que había recibido en la universidad. No quería que su madre supiera del cambio en su pensar, pero ella seguía contándole de cuán maravilloso era Dios que la había salvado; y de cómo ella sabía que era salva. Por fin, el hijo no pudo escucharla más, y le dijo: “Madre, parece que no te das cuenta de cuán pequeña eres en este universo, y de que tú no vales mucho. Si perdieres tu alma, no le haría ninguna falta a Dios. No vale nada”. La madre no le contestó a su hijo en seguida, sino que siguió poniendo la mesa. Luego ella dijo: “Hijo, he estado pensando en lo que tú me dijiste y tienes razón. Mi pequeña alma no vale mucho. Yo no perdería mucho, ni Dios. Pero si Él no me salva, Él perderá más que yo. Porque Él prometió que si yo confiaba en Jesús, me salvaría. Y si Él no cumple Su palabra, perderá Su palabra. Perderá Su reputación, y dañará Su carácter”.
Amigo oyente, esto es lo que Dios dice al género humano. No halló nada de atractivo en los hijos de Israel, pero oyó el gemido de ellos, lo cual le interesó y por eso los redimió. No hay nada amable tampoco en cuanto a nosotros que le diera causa para salvarnos. Dios hizo un pacto con Abraham, Isaac y Jacob, el cual prometió la redención de Israel. También se puso de acuerdo para salvar a cualquiera que confíe en Cristo Jesús como el Salvador de su alma. La gracia es el amor en acción. Nos salva por Su gracia, y Su gran amor ha provisto la redención.
Y aquí concluimos el capítulo 2 de este segundo libro del Antiguo Testamento, el Éxodo. Y entramos en el capítulo 3. En este capítulo 3, vamos a considerar el llamamiento de Moisés; la zarza ardiente; la revelación de Yo soy, o sea Jehová; la promesa de liberación divina; la vacilación de Moisés de aceptar el llamamiento de Dios; y la comisión de Moisés. Los cuarenta años de Moisés en Madián han llegado a su fin. Toda su educación en Egipto no fue lo suficiente como para prepararlo para su gran trabajo de liberar a Israel de la esclavitud en Egipto. Dios lo equipó para esta tarea haciéndole pasar cuarenta años de preparación en el desierto de Madián. Leamos los versículos 1 y 2, de este capítulo 3 de Éxodo:

Éxodo 3:1-2

Llamamiento de Moisés

Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios.

Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.

La zarza ardiente siempre ha sido considerada como un cuadro de la nación de Israel. La que se ha encontrado en medio del fuego de la persecución desde su principio. Desde su esclavitud en Egipto, y por los siglos, su experiencia ha sido de aflicción. Los israelitas han estado en el fuego, pero como la zarza ardiente, nunca han sido consumidos. Esto es interesante porque otras grandes naciones nunca han pasado por el fuego, y sin embargo, han desaparecido. ¿Desde cuándo ha visto usted por ejemplo, a un madianita? ¿Ha visto jamás la bandera de Madián? ¿Sabe alguna cosa en cuanto al gobierno de Madián? Claro que no, porque Madián ha desaparecido.
Debe notarse que el Ángel de Jehová que apareció a Moisés no es ningún otro que el Cristo pre-encarnado. Algunas personas quizá discutirían esta conclusión, pero esta es una de las ciertas convicciones a la cual se llega después de muchos años de estudio y meditación de la Palabra de Dios. Leamos ahora, los versículos 3 al 5 de este capítulo 3 de Éxodo:

Éxodo 3:3-5

Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

Aquí está un hombre que ha sido educado en la cultura y civilización egipcia del día, quien había pasado cuarenta años en el desierto siendo preparado por Dios para librar a Israel, y sin embargo, no sabe lo suficiente como para quitarse el calzado en la presencia de Dios. Muchas personas hoy han aprendido mucho de la sabiduría del mundo, pero ignoran completamente a Dios y Su palabra. Moisés tuvo que ser reprendido y Dios le exigió que se quitara el calzado porque estaba parado en tierra santa. Dios está enseñándole una gran lección en cuanto a la santidad de Dios. También nosotros necesitamos aprender esta lección. Ahora, el versículo 6 de este capítulo 3 de Éxodo, dice:

Éxodo 3:6

Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Moisés no miró a Dios. Si le hubiera mirado, habría mirado la revelación de Dios, al Señor Jesucristo velado en forma humana. Todavía se puede decir con Juan, en el capítulo 1, versículo 18 que:

Juan 1:18

18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

La única manera en que se puede conocer a Dios es por medio del Señor Jesucristo. Leamos ahora, los versículos 7 y 8 de Éxodo, capítulo 3:

Éxodo 3:7-8

Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias,

y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.

Cuando Dios redime, amigo oyente, no sólo redime de alguna cosa, sino que también redime a o para alguna cosa. Hemos sido salvados del pecado para la santidad y el Cielo. El Apóstol Pablo explica este concepto en su carta a los Efesios, capítulo 2, versículos 5 y 6, diciendo:

Efesios 2:5-6

aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

Dios nos ha resucitado, y nos ha dado una posición en Cristo. Si hoy usted es salvo, usted es completamente salvo. Será tan salvo de aquí a un millón de años como lo es salvo hoy porque usted está en Cristo. Usted ha sido sacado de la línea de Adán y colocado dentro del linaje de Cristo. Ha sido sacado de la muerte y ha sido colocado en la vida. Usted ha sido llamado de las tinieblas, a la luz. Ha sido traído del infierno al Cielo. Eso es la redención: es de algo para alguna cosa.
Dios dijo: “Libraré a los israelitas de su esclavitud a una tierra buena”. Eso es la salvación de Dios. Esa es la redención. Leamos ahora los versículos 9 al 11 de Éxodo, capítulo 3:

Éxodo 3:9-11

El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.

10 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

11 Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?

¿Se fija usted en lo que ha pasado con Moisés? Cuarenta años antes de ese momento, él ya estaba listo para librar a Israel. Estaba confiado y hasta arrogante. Mató a un egipcio, y libró a uno de sus hermanos de la persecución, porque pensaba que su hecho sería comprendido. Creía que podía librar a Israel por sí solo. Pero, se dio cuenta que no podía librarlo, y Dios tuvo que llevarlo a la profundidad del desierto para un entrenamiento especial que le capacitara para esta tarea. Aprendió cuán débil verdaderamente era. Aprendió que por sus propias fuerzas no podía librar a Israel.
Ahora, Moisés está diciendo a Dios: “¿Quién soy yo? No puedo hacer lo que me pides hacer”. Amigo oyente, es ahora precisamente cuando Dios lo puede utilizar. Esta es la manera en que Dios tiene que entrenar a todos Sus hombres. Dios tuvo que tomar al mozo David, el que había podido matar a un gigante, y ponerlo en las cuevas y cavernas de la tierra. Lo persiguieron como si fuera una perdiz. Sólo así pudo darse cuenta de cuán débil era. Luego, Dios pudo hacer de David un rey.
En el primer libro de Reyes, capítulo 17, versículo 1, encontramos que el profeta Elías parecía lo suficientemente valiente como para entrar a la corte de Acab y Jezabel para decirles que:

1 Reyes 17:1

Elías predice la sequía

17  Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.

Elías no era tan valiente como parecía ser. Dios lo puso en el desierto donde entrena a Sus hombres. Elías bebió del arroyo. Hubo una sequía que causó que el arroyo se secara. Él miraba mientras el arroyo tenía menos y menos agua. Llegó a decir: “Mi vida no es más que un arroyo seco”. Y tenía razón. Luego Elías pasó un tiempo más comiendo una pequeña torta hecha de un puñado de harina que quedó en la tinaja de una viuda. Él se dio cuenta que él no era nada y que Dios lo era todo. Cuando Elías se dio cuenta de esta verdad, entonces Dios lo usó para que pudiera enfrentarse a los profetas de Baal y lograr fuego del cielo. El Apóstol Pablo lo dice de la manera siguiente en su segunda carta a los Corintios, capítulo 12, versículo 10:

2 Corintios 12:10

10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Esto ciertamente es una paradoja. Sin embargo, es lo que Dios estaba enseñando a Moisés. Cuando Moisés aprendió que no podía librar a Israel por sí mismo, sino que tendría que ser Dios quien lo iba a hacer por medio de él, entonces, Dios estaba así listo para usarlo.
Una de las razones por la que muchos de nosotros; hoy no somos usados por Dios es porque somos demasiado fuertes. ¿Ha pensado usted en esto, amigo oyente? Dios no puede usarnos cuando creemos que somos demasiado fuertes. Es en la debilidad que somos hechos fuertes. El Apóstol Pablo dijo en su primera carta a los Corintios, capítulo 1, versículo 27:

1 Corintios 1:27

27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte;

Moisés y Pablo reconocieron que Dios podía obrar por medio de ellos cuando eran débiles. Es asombroso lo que Dios puede hacer por medio de un instrumento que sea débil. Ahora, los versículos 12 y 13 de Éxodo, capítulo 3, dicen:

Éxodo 3:12-13

12 Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.

13 Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

La pregunta que hizo Moisés fue una pregunta natural. Estamos seguros que todos nosotros habríamos hecho la misma pregunta. Moisés tenía miedo de que los hijos de Israel no le aceptaran. Él no sabía cómo explicarles a Dios. No sabía cómo iba a lograr que los israelitas fueran a este monte de Dios. Estos fueron los problemas que Moisés afrontaba. Pero, note usted cómo le responde Dios; leamos el versículo 14:

Éxodo 3:14

14 Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.

Sin duda, hay más significado incluido en el nombre “Yo Soy” que el que jamás se haya considerado, pero hay algunas cosas de mayor importancia que deben ser tomadas en cuenta. El nombre “Yo Soy” es un tetragrama en Hebreo, o una palabra de cuatro letras. Nosotros lo traducimos “Jehová”. El nombre Jehová representa el nombre divino “YAWE” que aquí se relaciona con el verbo “hayah”, ser. También ha sido traducido “Yahvéh”. Llegó a ser un nombre sagrado, un nombre santo para los hijos de Israel al punto que a ellos realmente se les olvidó pronunciarlo. No decían Su nombre para evitar profanarlo. ¿Cuál nombre, pues, es el correcto? ¿Es Jehová, o Yahvéh? Bueno, nadie sabe; pero “Yo Soy” es el nombre de Dios.
En Génesis, Dios es Creador. Él es Elohim, el Dios todopoderoso, el que existe por Sí mismo; “YO SOY El QUE SOY”. Este es el Dios que está enviando a Moisés a librar a los hijos de Israel. ¡Él es el existente!
El Salmo 135, versículo 13, dice:

Salmos 135:13

13 Oh Jehová, eterno es tu nombre;
Tu memoria, oh Jehová, de generación en generación.

El nombre de “Jehová” en este versículo puede ser traducido “Yo Soy El Que Soy”. Es importante que veamos que este nombre habla del hecho de que Dios existe.
El profeta Isaías en el capítulo 50 de su profecía, versículo 4, también da luz sobre este asunto cuando dice:

Isaías 50:4

Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios.

Moisés tenía que decir a los hijos de Israel que Dios no era solamente el que existe por Sí mismo, sino que también Él es el Dios personal de la salvación. Este mismo Dios más tarde se manifestó como el Señor Jesucristo, el Salvador de todos los que confían en Él.
Y ahora, pasamos a otro aspecto importante: la comisión de Moisés. Ha llegado el momento para el cumplimiento de las promesas de José como es declarada en Génesis 50:25, que dice:

Génesis 50:25

25 E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos.

Leamos ahora el versículo 15 de este capítulo 3 de Éxodo:

Éxodo 3:15

15 Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová,[a] el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.

Footnotes:

  1. Éxodo 3:15 El nombre Jehová representa el nombre divino YHWH que aquí se relaciona con el verbo hayah, ser.

Dios se había aparecido a Abraham, a Isaac y a Jacob. Este mismo Dios estaba enviando ahora a Moisés hacia los israelitas, y el procedimiento que tenía que emplear lo vemos en los versículos 16 al 20 de este capítulo 3 de Éxodo; leamos:

Éxodo 3:16-20

16 Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto;

17 y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel.

18 Y oirán tu voz; e irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová el Dios de los hebreos nos ha encontrado; por tanto, nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que ofrezcamos sacrificios a Jehová nuestro Dios.

19 Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte.

20 Pero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir.

Dios ha dado a Moisés el temario o la agenda y la dirección que deberá seguir. Debe decirles a los ancianos de Israel acerca del plan de Dios para su liberación. Luego, él y los ancianos deberán ir a Faraón y pedir que les permita ir camino de tres días por el desierto para sacrificar como nación a su Dios. La intención fue de anunciarle suavemente el plan de Israel a Faraón, en lugar de decirle bruscamente: “Bueno, vamos a salir de aquí y regresar a la tierra de Canaán para siempre”.
Dios le dice a Moisés que Faraón no permitirá que salga Israel. La negativa de Faraón en este asunto principiará la campaña de Dios contra los dioses de Egipto. Después de aquella campaña, aunque Dios manifestará Sus obras poderosas, Faraón todavía con resolución rehusará permitir que se vayan los israelitas. Dios enviará luego una plaga que causará que Faraón cambie de opinión, y envíe a Israel fuera de Egipto. Dios tiene un plan para librar a Israel, y lo librará. Leamos ahora los dos versículos finales, 21 y 22 de Éxodo capítulo 3:

Éxodo 3:21-22

21 Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando salgáis, no vayáis con las manos vacías;

22 sino que pedirá cada mujer a su vecina y a su huéspeda alhajas de plata, alhajas de oro, y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto.

Cross references:

  1. Éxodo 3:22 : Ex. 12.35-36.

La palabra “pedirá” en este pasaje no significa “robar”, sino tomar el sueldo retrasado. Los israelitas habían sido esclavos sin paga. Dios les dice que cobren su sueldo de unos cien años de trabajo. Saldrían de Egipto recompensados por sus años de trabajo. Dios estaba cuidando de Su pueblo.
Y así concluye el capítulo 3 del libro de Éxodo.

One thought on “Estudio Bíblico: Éxodo Capítulo 3

  1. EL DIOS DE PAZ SEA CON USTED
    Por favor, quisiera explicara sobre este punto: “”Moisés tuvo que ser reprendido y Dios le exigió que se quitara el calzado porque estaba parado en tierra santa. Dios está enseñándole una gran lección en cuanto a la santidad de Dios. También nosotros necesitamos aprender esta lección.”"

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