Estudio Bíblico: Éxodo Capítulo 23:1 – 24 – 25:7

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Estudio de la Santa Biblia en audio MP3, de Éxodo Capítulo 23:1 – 24 – 25:7
Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro extenso recorrido por el libro de Éxodo, y llegamos al capítulo 23. Leamos el primer versículo.
1No admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso. (Ex. 23:1)
Cuídese de lo que habla, amigo oyente. Esta es la regla de conducta de Dios. El que chismea es tan malo como un asesino, un ladrón, o un adúltero. Prosigamos con el versículo 2 que dice:
2No seguirás a los muchos para hacer mal, ni responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios; (Ex. 23:2)
Si pusiéramos por obra el precepto de Dios que dice: “No seguirás a los muchos para hacer mal”, tendríamos que salir de ese asunto de las marchas de protesta. A una persona que estaba protestando porque quería lograr la libertad, se le preguntó, ¿cuanta libertad tenía, y si podría cambiar su vestido de descontento por otro cualquiera, y si todavía sería aceptado? Esta persona respondió que no. Entonces, realmente no tenía tanta libertad como parecía. Cuando alguien protesta, usted tiene que protestar también y marchar en fila. Esto de las protestas, gritería y confusión no es nada nuevo. En el capítulo 19 del libro de los Hechos de los Apóstoles, versículo 32, leemos: Unos, pues, gritaban una cosa, y otros, otra; porque la concurrencia estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido. ¿No le suena familiar este caso, amigo oyente? Cuando alguien inicia una marcha de protesta, usted no desea quedarse atrás y se une al grupo, y diríamos que lo hace sólo por imitación, sin conocer las razones que empujan a estos grupos a protestar. Concluimos entonces, diciendo que ésta, amigo oyente, no es la libertad de la que tanto alardeamos. No siga usted a los muchos para hacer el mal. Este es el consejo de Dios. Ahora, el versículo 3 de este capítulo 23 de Éxodo, nos dice:
3ni al pobre distinguirás en su causa (Éx. 23:3)
El juicio no debe ser influido por la riqueza ni por la pobreza. El juicio y la justicia deben ser empleados imparcialmente. Los romanos pintan la justicia como una mujer tierna, pero con los ojos vendados. Ella no hacía acepción de personas, y llevaba una espada en una mano y una balanza en la otra. La espada quería decir que cuando se entregaba el juicio, habría la ejecución de la pena. La balanza significaba que la justicia sería imparcial. Hace falta que este concepto sea empleado entre nosotros hoy en día. Veamos ahora, las leyes en cuanto a la tierra y al sábado. Una vez más, Dios da a Israel esta ley con respecto al sábado y al año sabático. Leamos, entonces, los versículos 10 y 11 de este capítulo 23 de Éxodo:
10Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás su cosecha; 11mas el séptimo año la dejarás libre, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás con tu viña y con tu olivar. (Ex. 23:10-11)
Dios revisará esta ley con Israel cuando entren en la tierra. Los asuntos del sábado, del año sabático y del año del jubileo son tratados en el libro de Levítico. Brevemente, el sábado era el séptimo día de la semana, y era un día de descanso estricto cuando ciertos tipos de trabajo eran prohibidos. El sábado fue instituido por Moisés en Éxodo, capítulo 16, versículos 23 al 29, y es el cuarto mandamiento. Es el día que Israel debía santificar al Señor, porque Él lo bendijo y lo apartó para descansar, después de la creación.
Ahora, el año sabático era el año en el cual la tierra descansaba de todo cultivo después de haber sido cultivada por seis años consecutivos. De esta observancia Israel debía aprender que la tierra no servía tan sólo para el provecho del género humano, sino que también era del Señor quien se la dio y se la continuaría dando si se esforzaba en guardar Su pacto. El año del jubileo también se llama el año de libertad. Debía ser santificado cada quincuagésimo año, y debía proclamarse a Israel la presencia compasiva y bondadosa de su Dios. Los hebreos que habían sido forzados a venderse a la esclavitud eran libertados. La tierra que tuvo que ser vendida era devuelta a sus dueños originales. Era un año de redención. Veamos ahora en los versículos 14 al 17, tres fiestas nacionales en este capítulo 23 de Éxodo:
14Tres veces en el año me celebraréis fiesta. 15La fiesta de los panes sin levadura guardarás. Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías. 16También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo. 17Tres veces en el año se presentará todo varón delante de Jehová el Señor. (Ex. 23:14-17)
Tres veces durante el año, todos los varones hebreos debían comparecer delante de Jehová en Jerusalén. Había tres fiestas que debían ser celebradas. Primero, la fiesta de la Pascua. En segundo lugar, la fiesta de Pentecostés. Y en último lugar, la fiesta de los Tabernáculos. La fiesta de la Pascua fue instituida en memoria de la preservación de Israel de la última plaga que fue enviada por Dios contra la tierra de Egipto, y de su liberación de aquella tierra de servidumbre. La fiesta de Pentecostés no tiene ninguna aparente significación histórica, pero era celebrada al fin de la siega de los granos tardíos. Las primicias de la siega eran ofrecidas al Señor en agradecimiento por Su bondad para con ellos. La fiesta de los Tabernáculos tenía lugar después de la cosecha de los frutos. Era en conmemoración de la redención de Israel de la tierra de Egipto, y recibió su nombre del hecho de que durante la celebración los hijos de Israel habitaban en tabernáculos.
Encontramos ahora promesas e instrucciones con respecto a la conquista de Israel de la tierra prometida. Antes de que entraran los israelitas en la tierra prometida, Dios les dio ciertas leyes para guiarlos en la tierra. Leamos en Éxodo 23, los versículos 20 y 21:
20He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. 21Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él. (Ex. 23:20-21)
Siempre ha surgido la pregunta en cuanto a quién es este ángel. Otras Escrituras dan luz en cuanto a la respuesta. El Apóstol Pablo, por ejemplo, en su primera carta a los Corintios, capítulo 10, versículo 4, dice: y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Luego, en los versículos 9 y 10 de este mismo capítulo 10 de primera a los Corintios, el Apóstol Pablo continúa diciendo: Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Es el Señor Jesús a quién debían obedecer. Es definitivamente Él quien está en la mira aquí.
Se nos dice que cuando los israelitas entraran en la tierra, se encontrarían allí con un enemigo. La tierra estaba llena de los amorreos, los heteos, los ferezeos, los cananeos, los heveos, y los jebuseos. Dios dijo a Israel que Él intentaba quitar al enemigo de la tierra por causa de su pecado. Ahora el Señor les dice en el versículo 27 de Éxodo 23:
27Yo enviaré mi terror delante de ti, y consternaré a todo pueblo donde entres, y te daré la cerviz de todos tus enemigos. (Ex. 23:27)
Dios está diciéndoles a los israelitas que Él va a ponerlos en la tierra y va a hacer que la tierra sea de ellos. Luego, Dios les dice en los versículos 32 y 33 de Éxodo, capítulo 23:
32No harás alianza con ellos, ni con sus dioses. 33En tu tierra no habitarán, no sea que te hagan pecar contra mí sirviendo a sus dioses, porque te será tropiezo. (Ex. 23:32-33)
Los hijos de Israel no debían hacer ningún pacto con los habitantes de la tierra, ni con sus dioses. Josué se equivocó al hacer un pacto con los gabaonitas. Él creía que ya el enemigo había sido quitado de la tierra y no investigó lo suficiente. Ahora, esta equivocación condujo a Israel hacia la idolatría, a servir a otros dioses. El resultado de esta desobediencia fue la cautividad babilónica. Ahora, Israel pudo haberse ahorrado mucha tristeza si no hubiera hecho pactos con el enemigo y con sus dioses.
Y aquí concluye el capítulo 23 del libro de Éxodo. Y entramos ahora al capítulo 24. En este capítulo estudiaremos que el Señor llama a Moisés a subir al monte. Los hijos de Israel prometen la obediencia. La gloria de Dios aparece, y Aarón y Hur quedan encargados durante la ausencia de Moisés. El capítulo 24 de Éxodo concluye la sección en cuanto a la legislación social que principió en el capítulo 21. Ahora, hemos notado que la ley de Moisés abarca mucho más que los Diez Mandamientos breves; hemos notado también que la esfera de la legislación social cubre mucho más terreno. Leamos, pues, el versículo 1 de este capítulo 24 de Éxodo:
1Dijo Jehová a Moisés: Sube ante Jehová, tú, y Aarón, Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde lejos. (Ex. 24:1)
Dios mandó a estos hombres a subir al monte, pero aun a éstos que gozaban de un puesto bastante singular en aquel entonces, se les ordenó a adorar desde lejos. ¡Cuán diferentes son las cosas bajo la ley a lo que lo son bajo la gracia! Cuán diferente es su situación ahora, a la de aquella situación cuando Dios estaba guiándolos por el camino desde Egipto sobre alas de águilas de la gracia. Bajo la ley, el hombre debe adorar desde lejos, pero hoy en día, el Apóstol Pablo nos dice en su carta a los Efesios, capítulo 2, versículo 13: Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Dios nos salva y nos guía hoy por el camino de la vida por medio de Su gracia. Leamos ahora, los versículos 2 y 3 de Éxodo 24:
2Pero Moisés solo se acercará a Jehová; y ellos no se acerquen, ni suba el pueblo con él. 3Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todas las leyes; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho. (Ex. 24:2-3)
Esta es la segunda vez que los hijos de Israel han dado una contestación afirmativa cuando Dios les pregunta si quieren tener Sus mandamientos y Su ley. Están muy seguros de sí mismos, son independientes, y casi arrogantes cuando le dicen a Dios: “Sí, queremos Tu ley”. Prometieron hacer todas las palabras que el Señor había dicho, y todavía ni las tienen todas. Dios les ha dado los Diez Mandamientos, y ellos creen que los pueden guardar muy bien. Uno se pregunta cómo es que Israel pudo haber sido tan engañado. Es un enigma de veras, pero hay muchos que todavía creen que viven según la ley. Aquellos que creen satisfacer la norma de Dios, son engañados y es una cosa terrible de veras. El Apóstol Juan en su primera carta, capítulo 1, versículo 8, nos dice que: Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Rara vez engaña usted a sus vecinos, y quizá no engañe a su esposa o esposo, ni a sus amados, pero es muy posible que se engañe a sí mismo. Si usted dice que no peca, se engaña y la verdad no está en usted. Por si acaso perdiera lo que Juan dijo en su primera epístola, capítulo 1 y el versículo 8, Juan repite sus pensamientos en el capítulo 1, versículo 10 de su primera carta, donde dice: Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Juan lo dijo. Él dijo que si usted dice que no ha pecado y que guarda la ley de Dios, ha hecho a Dios mentiroso. Amigo oyente, Dios no es mentiroso. Lo mejor es no jactarse de la bondad suya. ¡Qué arrogancia tienen los hijos de Israel al decir: “Haremos todas las palabras que el Señor ha dicho!”. Usted notará, sin embargo, que no guardaron todas Sus palabras. Leamos ahora, los versículos 4 al 7 de Éxodo 24, y consideremos otro aspecto importante:
4Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel. 5Y envió jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como sacrificios de paz a Jehová. 6Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. 7Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos. (Ex. 24:4-7)
Estos israelitas estaban seguros de veras; el hecho es que estaban confiando muchísimo en sí mismos. Creían realmente que podrían guardar la ley de Dios. Sin embargo, no guardaron la ley, y ese es el peor tipo de engaño de sí mismo que hay. Prometieron obedecer a Dios, pero no le obedecieron. El hombre natural cree que puede agradar a Dios, pero no le es posible de ninguna manera. Ningún hombre puede agradar a Dios, porque ningún hombre puede satisfacer la norma de Dios. Nos olvidamos que realmente somos miembros de una raza que es depravada totalmente en cuanto a Dios. El género humano no obedece a Dios, y si usted lo duda siquiera por un solo momento, simplemente mire a su alrededor y note la desobediencia. Mire el pecado, la confusión, el ateísmo, y la impiedad por todas partes. Dios tiene muchísima razón cuando Él dice en Romanos 3:10: Como está escrito: No hay justo, ni aun uno. Es interesante, ¿verdad? Vivir en una época cuando hay los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno, malo. El profeta Isaías dijo que tal día llegaría. Pues, amigo oyente, estamos viviendo en aquel día. Ahora, el versículo 8 de Éxodo 24, dice:
8Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas. (Ex. 24:8)
Aún antes de que Dios les dé la ley, los israelitas son rociados con sangre para hacerles saber que debe haber un sacrificio. El escritor a los Hebreos, nos dice en el capítulo 9, versículo 22 de esta carta: Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Dios repetirá muchas veces este hecho a los hijos de Israel. Una vida debe ser entregada, y una pena debe ser pagada antes que cualquiera de nosotros pueda ir al cielo. Veamos ahora que Moisés sube al monte Sinaí. Leamos los versículos 9 y 10, de Éxodo 24:
9Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; 10y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. (Ex. 24:9-10)
La frase “y vieron al Dios de Israel” es una mala traducción. En realidad, nadie ha visto a Dios porque Él es Espíritu. El evangelista Juan en el capítulo 1 de su evangelio, versículo 18, nos dice que: A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. Lo que vieron entonces estos hombres, fue una representación de Dios. Sinceramente dudamos de que veamos a Dios el Padre por toda la eternidad. Jesucristo es probablemente la vista más cercana que tendremos del Padre. Todo lo que sabemos hoy en día en cuanto al Padre es por el Hijo. No sabemos a qué se parece Dios el Padre, ni cómo se siente, ni lo que piensa porque Dios nos ha dicho en Isaías 55:8 y 9: Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Moisés, Aarón, Nadab, y Abiú y los setenta ancianos de Israel no vieron a Dios el Padre, sino una representación de Dios. Ahora, el versículo 11 de Éxodo 24, dice:
11Mas no extendió su mano sobre los príncipes de los hijos de Israel; y vieron a Dios, y comieron y bebieron. (Ex. 24:11)
En este versículo, como en el previo, vieron una representación de Dios. Más tarde, Moisés pide ver a Dios porque todo lo que había visto era una representación. Moisés quería ver a Dios. Ver a Dios fue el ruego de Felipe en el aposento alto. Felipe le dijo según Juan 14:8: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. El Señor le respondió en el versículo 9: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? Si quiere ver a Dios, amigo oyente, tendrá que verlo mediante Jesucristo.
Alguien dijo una vez que uno puede llegar directamente a la presencia de Dios después de ser salvo. La verdad es que no llegamos directamente a la presencia de Dios. Tenemos un mediador. El Apóstol Pablo nos dice en su primera carta a Timoteo, capítulo 2, versículo 5: Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. Usted, amigo oyente, llega a Dios por medio de Jesucristo, el mediador. Cristo es el árbitro del cual habló Job en el capítulo 9, versículo 33 del libro que lleva su nombre: No hay entre nosotros árbitro, Que ponga su mano sobre nosotros dos. Cristo pone una mano en la mano de Dios y la otra en la mano suya y la junta a usted y a Dios. Nosotros no alcanzamos a Dios el Padre por nuestra propia cuenta, y debemos reconocer eso. Ahora, el versículo 13 de este capítulo 24 de Éxodo, dice:
13Y se levantó Moisés con Josué su servidor, y Moisés subió al monte de Dios. (Ex. 24:13)
Ahora, notamos que Josué empieza a aparecer con más regularidad en este cuadro. Dios lo está preparando para suceder a Moisés. Él es joven, y Dios tiene muchas cosas que enseñarle antes de que esté listo para guiar a Israel. Leamos ahora, los versículos finales 14 al 18 de este capítulo 24 de Éxodo:
14Y dijo a los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros; y he aquí Aarón y Hur están con vosotros; el que tuviere asuntos, acuda a ellos. 15Entonces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el monte. 16Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. 17Y la apariencia de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel. 18Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches. (Ex. 24:14-18)
Fue durante este tiempo en el Monte Sinaí cuando Moisés recibió las instrucciones que son presentadas en el resto de este libro de Éxodo. Dios estaba efectuando Su perfecto plan para los hijos de Israel. Y aquí concluye el capítulo 24 de Éxodo. No tenemos mucho tiempo para entrar en muchos detalles del capítulo 25, pero en el capítulo 25 veremos lo que deben ofrendar los israelitas para el tabernáculo, y las instrucciones en cuanto al mobiliario del tabernáculo. En los capítulos 25 hasta el 30 de Éxodo, Dios da a Israel el dibujo para el tabernáculo y el modelo de las vestiduras para el Sumo Sacerdote. Tenemos luego, la construcción y la erección del tabernáculo, y el hecho de que se llenó de la gloria del Señor. El tabernáculo llegó a ser el centro de la vida de Israel, porque fue allí donde el hombre se acercó a Dios. Leamos los primeros dos versículo de este capítulo 25 que vamos a comenzar:
1Jehová habló a Moisés, diciendo: Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda. (Ex. 25:1-2)
Hace sólo unos pocos meses que Israel ha sido librado de la esclavitud. El Señor les pide que den una ofrenda para ayudar a construir el tabernáculo, y los israelitas dieron tanto que Dios les mandó que dejaran de dar. Amigo oyente, es muy rara la vez cuando ocurre una cosa así. Fueron mandados a traer los artículos siguientes. Leamos los versículos 3 al 7 de Éxodo 25:
3Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, cobre, 4azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, 5pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, 6aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, 7piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral. (Ex. 25:3-7)
Estos fueron los artículos que los israelitas debían traer. Ahora, ¿de dónde consiguieron estas cosas? Usted recordará que Israel acababa de ser librado de la servidumbre, y que estas cosas fueron parte de su salario retrasado de unos cuatrocientos años, que cobraron a su salida de la tierra de Egipto. Usted recordará que Éxodo 12:36 nos dice: Y Jehová dio gracia al pueblo delante de los egipcios, y les dieron cuanto pedían; así despojaron a los egipcios. Cuando Israel salió de Egipto, llevaron con ellos una riqueza tremenda. Se ha estimado que sólo los materiales utilizados en la construcción del tabernáculo, tenían un valor equivalente a unos cinco millones de dólares. El tabernáculo era de un tamaño pequeño porque tenía que ser llevado en la marcha por el desierto, pero era muy adornado, rico y hermoso. Y aquí nos detenemos por esa ocasión, amigo oyente, porque el tiempo se nos ha agotado. En la continuación de este estudio retornaremos, Dios mediante, en nuestro próximo programa, y esperamos que usted nos sintonice de nuevo. Será, pues, hasta entonces, ¡que Dios le bendiga es nuestra ferviente oración!

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