Estudio Bíblico: Éxodo Capítulo 20:26 – 21 – 22:25

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Estudio de la Santa Biblia en audio MP3, de Éxodo Capítulo 20:26 – 21 – 22:25
Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro estudio del libro de Éxodo. En nuestro programa anterior nos detuvimos en el versículo 25 en este capítulo 20 de Éxodo. Este versículo dice:
25Y si me hicieres altar de piedras, no las labres de cantería; porque si alzares herramienta sobre él, lo profanarás. (Éx. 20:25)
Dijimos que había una lección importante aquí en este versículo. Dios quería que los israelitas edificaran un altar de piedras sin adornos y sin escultura. En el momento en que se alzaba una herramienta para labrar la piedra del altar, en ese mismo momento el altar era profanado. Un escultor podía hacer que el altar fuera atrayente y hermoso y algo que despertara aprobación humana. Pero el trabajo en el altar de Dios es una abominación a Dios. Hoy en día hemos ido más allá de la “escultura” en nuestras iglesias. Hemos llegado al lugar donde creemos que todo lo que se relaciona con la adoración tiene que ser bello. Queremos la música suave, el alumbrado a media luz, y los colores bellos. Queremos que el sermón sea dado en unos tonos muy bajos y de una manera muy dignificada, tan florido como sea posible. Este tipo de presentación no ha llamado la atención al mundo incrédulo. El liberalismo ha desocupado nuestras iglesias. Ahora, no hay nada malo en tener un lugar atrayente donde adorar. A nosotros nos gusta la música hermosa y también el estilo florido de hablar, pero cuando cualquiera de estas cosas obscurece el mensaje de la cruz y quita la atención del Señor Jesucristo quien murió en esa cruz, entonces, Dios se ve ofendido. Dios no quiere que esto suceda.
Cuando el Apóstol Pablo fue a la ciudad de Corinto, – usted recordará que los corintios eran bastante filosóficos. Muchos de los sacerdotes paganos que estaban asociados con las religiones paganas trataban de identificarse con todos los pecados de Corinto. Cuando Pablo llegó, estos filósofos querían argüir, discutir, y parecer inteligentes. Querían ser conocedores de la “generación de ahora” y pertenecer a ella. Estos corintios iban en toda dirección. Pablo tuvo una experiencia semejante en Atenas, y entonces, en su primera carta a los Corintios, capítulo 2, versículo 2, les dice: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado”. Amigo oyente, si Jesucristo y el crucificado se omite del mensaje, no importa cuán alta sea la torre, ni cuán fuerte suene la campana, ni cuán hermoso sea el santuario, ni cuán suave sea la música, ni cuán educado sea el predicador; no es una iglesia y en cuanto a Dios se refiere es profanada. Leamos ahora el versículo 26 y final de este capítulo 20 de Éxodo:
26No subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no se descubra junto a él. (Ex. 20:26)
A muchas personas les gustaría edificar algunos escalones bellos junto al altar. Eso sería muy conveniente. En aquel día, un hombre llevaba un tipo de falda y para poder subir los escalones tendría que alzar esa falda, y su desnudez quedaría al descubierto. Dios dice: “No quiero ver tu desnudez”. Lo que enseña que la carne no puede ser usada por Dios. Permítame hacer esto muy personal. Cualquier cosa que yo haga que sea de la carne, Dios odia y no la usará. Dios no quiere una exhibición de la carne en algo que tenga que ver con Su obra. Debemos guardarnos pues, de este tipo de cosa. Nos sentimos perturbados cuando las personas ven tan sólo al predicador, pero no ven a Jesucristo al cual los predicadores tratan de presentar. No nos interesa realmente que alguien nos diga que hemos predicado un sermón maravilloso. Queremos predicar acerca de un Salvador maravilloso, y cuando nos oigan predicar, deseamos que nos digan: “¿No es maravilloso Jesús?”
El Dr. J. Vernon McGee, autor de estos estudios bíblicos, contaba el siguiente incidente. “Cuando yo era Pastor, siendo estudiante en el estado de Georgia, – decía él – solía predicar en una iglesia que estaba cerca de una colina de barro rojizo. Una mañana, después de dar el mensaje, todo el mundo salió, menos un muchacho de campo. Llevaba unas botas amarillas de esas que se abotonan muy arriba y me esperaba de una manera muy tímida. Por fin se acercó con lágrimas en los ojos; agarró mi mano y me dijo: ‘Yo nunca jamás sabía que Jesús era tan maravilloso’. Quiso decir algunas palabras más pero estaba demasiado emocionado y se dio media vuelta para salir de la iglesia. Aquella iglesia – continuaba el Dr. McGee – está hoy en medio de una ciudad; pero en aquellos días estaba en un pedazo de terreno algodonero. Contemplé aquel muchacho cruzar por el algodonal y dije al Señor: ‘Oh, Dios mío, ayúdame a siempre predicar para que los hombres sepan y crean que Jesús es maravilloso’. Eso sí fue un encomio y no me han dado muchos encomios así como ese”. Amigo oyente, no necesitamos la exhibición de la carne en el ministerio, ni en el púlpito, ni en la obra de la iglesia. Lo que necesitamos es predicar a Jesucristo, y a éste crucificado.
Y aquí termina el capítulo 20 del libro de Éxodo. Nos encontramos ahora en el capítulo 21. En este capítulo vamos a considerar los siguientes aspectos: Leyes sobre los siervos. Leyes sobre las siervas. Leyes sobre el asesinato y el homicidio sin premeditación, pero criminal. Leyes sobre los que secuestran a las personas. Leyes sobre los que maldicen a los padres. Y leyes sobre los que hieren, etc. En Éxodo capítulo 21 llegamos a la legislación social. Esta parte de la ley es un tema importante aquí, porque los israelitas habían sido esclavos en Egipto. Leamos los primeros dos versículos de este capítulo 21 de Éxodo, que seguimos estudiando:
1Estas son las leyes que les propondrás. 2Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá libre, de balde. (Ex. 21:1-2)
Estos dos versículos exponen claramente que los israelitas nunca podrían hacer esclavos de uno de sus propios hermanos. Veamos otras condiciones en los versículos 3 al 6, de Éxodo 21:
3Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, saldrá él y su mujer con él. 4Si su amo le hubiere dado mujer, y ella le diere hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo. 5Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; 6entonces su amo lo llevará ante los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre. (Ex. 21:3-6)
Esta ley notable declara que si un hombre es esclavo, después de pasar siete años, puede salir libre. Si fuera casado cuando llegó a ser siervo, puede llevar a su esposa con él. Si se casara mientras que era esclavo, al fin de los 7 años, él puede salir libre, pero su esposa todavía pertenecería al amo. Él saldría libre, pero no su esposa. Sin embargo, él podría decir que amaba a su esposa y al amo, y decidir quedarse voluntariamente. Si decidía quedarse, su amo debía entonces, horadar la oreja con lesna y el hombre serviría así para siempre al amo.
Este es un cuadro del Señor Jesucristo. Vino a esta tierra y tomó nuestra humanidad. Todos éramos esclavos del pecado, y Él bien pudo haber salido libre. Jesucristo no tenía que morir en la cruz, pero de buena gana vino a la tierra: “y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Esto es lo que nos dice Pablo en su carta a los Filipenses, capítulo 2, versículo 8.
Ahora, el Salmo 40, versículos 6 al 8, sigue diciendo: “Sacrificio y ofrenda no te agrada; Has abierto mis oídos; Holocausto y expiación no has demandado. Entonces dije: He aquí, vengo; En el rollo del libro está escrito de mí; El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón”. Este pasaje se refiere a Cristo porque en Hebreos 10:5 al 7 leemos: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de m”í.
Cristo tomó un cuerpo humano y tendrá ese cuerpo por toda la eternidad. Bien pudo haber salido de esta tierra sin morir, pero Él dijo: “Yo amo a la iglesia. Amo al pecador”. Por tanto, se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Veamos ahora algunas leyes sobre los actos de violencia. El versículo 12 de este capítulo 21, dice:
12El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá. (Ex. 21:12)
Este versículo da la base para la pena de muerte. Hay quienes creen que el mandamiento “no matarás”, significa que no se puede llegar a ser soldado ni salir para luchar por la patria. El Señor dice que un gobierno tiene el derecho de pedir que los hombres lleguen a ser soldados. La nación de Israel podía matar a cualquiera que asesinara a otro. Miremos ahora el versículo 13 que dice:
13Mas el que no pretendía herirlo, sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir. (Ex. 21:13)
Había seis ciudades de refugio situadas por toda la tierra de Palestina. Estas ciudades fueron establecidas en localidades convenientes para que un fugitivo se aprovechara del refugio que había en ellas hasta cuando el asunto en el cual él estaba envuelto fuera arreglado. Hablaremos más en cuanto a las ciudades de refugio más adelante. Leamos ahora, el versículo 14 de Éxodo 21:
14Pero si alguno se ensoberbeciere contra su prójimo y lo matare con alevosía, de mi altar lo quitarás para que muera. (Ex. 21:14)
Si un hombre comete homicidio premeditado, aquel hombre debe ser ejecutado. Si un hombre mataba a otro en defensa propia sin premeditación, aquel hombre no merecía la muerte. Seguimos ahora con el versículo 15:
15El que hiriere a su padre o a su madre, morirá. (Ex. 21:15)
Esta es la protección de Dios para el hogar. Leamos ahora el versículo 16:
16Asimismo el que robare una persona y la vendiere, o si fuere hallada en sus manos, morirá. (Ex. 21:16)
Dios no aprobaba la esclavitud en ninguna manera, y el hecho es que la condenó. Era un gran sistema en aquel entonces, pero Dios intervino. Leamos los versículos 17 al 19:
17Igualmente el que maldijere a su padre o a su madre, morirá. 18Además, si algunos riñeren, y uno hiriere a su prójimo con piedra o con el puño, y éste no muriere, pero cayere en cama; 19si se levantare y anduviere fuera sobre su báculo, entonces será absuelto el que lo hirió; solamente le satisfará por lo que estuvo sin trabajar, y hará que le curen. (Ex. 21:17-19)
Las leyes ya mencionadas y las otras leyes presentadas en el resto de este capítulo dan la base para las leyes de nuestras tierras. Forman el programa básico de la ley y orden sobre cual es necesario que una nación civilizada sea edificada. Ahora el versículo 24 lo resume todo al decir:
24ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie. (Ex. 21:24)
Y el versículo 25 continua diciendo:
25quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe. (Ex. 21:25)
En otras palabras, estos dos versículos declaran la ley de reciprocidad. La ley debe ser ejecutada si es que ha de haber ley y orden y una protección de la vida humana y de la propiedad. Debemos dar gracias a Dios que hay Uno que está dispuesto a extendernos la gracia para que podamos ser salvos, ese es el Señor Jesucristo.
Y aquí concluye el capítulo 21 de Éxodo. Ahora, en el capítulo 22, continuaremos estudiando las leyes sobre el hurto, los daños y perjuicios, las violaciones, el conseguir prestado, la fornicación; la hechicería; el cohabitar con bestia; la idolatría y leyes con respecto a los extranjeros y las viudas. Los capítulos 21 al 24 de Éxodo, tratan de la legislación social. Aquí se formulan las leyes básicas para lo que nosotros llamaríamos: una sociedad civilizada. Leamos en primer lugar, la ley con respecto a los derechos de propiedad. Hay quienes hacen la pregunta hoy en día, ¿qué es bueno, y qué es malo? Algunos dicen que lo que es bueno y lo que es malo, es relativo. Un profesor universitario que alegaba ser ateo, conversaba una vez con un Pastor a quien dijo que lo que una persona cree ser bueno, eso es lo que es bueno. El Pastor respondió que las normas exactas de lo bueno y de lo malo, han sido basadas en las enseñanzas de la Palabra de Dios. El Pastor continuó diciéndole que la naturaleza de él era exactamente como la naturaleza del profesor, y que claro, le gustaría ceder en ciertas ocasiones y que le gustaría relajar un poquito acá y allá. Pero que Dios le había dado una norma que seguir. Lo interesante es que la norma de Dios ha producido una sociedad en la cual ha habido una medida de ley y de justicia. Las leyes que son presentadas en los capítulos 21 al 24 de Éxodo, tratan el modo de vivir ordinario o diario. Por una parte es algo fastidioso leerlas y es algo como leer un libro de leyes. Sin embargo, la mayoría de nuestras leyes son basadas sobre estos preceptos. Nos alegramos que la Palabra de Dios dice no matarás, porque nos protege a nosotros y a nuestra familia. Estamos contentos que la Biblia dice no hurtarás. Eso me protege la propiedad que tengo aunque sea poquita. Estas y otras leyes son básicas para que haya orden en una sociedad. Leamos entonces, el versículo 1 de este capítulo 22 de Éxodo:
1Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas. (Ex. 22:1)
No podemos decirle por qué es que cinco bueyes deben ser restituidos por uno, o cuatro ovejas por una. En el Nuevo Testamento, sin embargo, Zaqueo se refirió a este principio. Dice en el evangelio según San Lucas, capítulo 19, versículo 8: Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Zaqueo se refería a la ley Mosaica. Nuestra ley hoy en día dice que si uno destruye la propiedad ajena, debe pagar los daños y perjuicios. Todo lo que demanda nuestra sociedad si usted daña o destruye la propiedad ajena, es que devuelva el artículo o que pague su valor. La ley de Dios de devolver cuadruplicado es mucho mejor siendo como es la naturaleza humana. Si tuviéramos que devolver cuadruplicado lo que destruyéramos, o dañáramos, creo que tendríamos más cuidado. La naturaleza humana siempre es la misma, y Dios siempre es igual. Dios trata al hombre sobre la base de lo que es lo mejor para él. Ahora el versículo 2 de este capítulo 22 de Éxodo, dice:
Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte. (Ex. 22:2)
Esta ley le da a usted el derecho de la defensa propia. En cierta ocasión un ladrón entró en una casa y el dueño le hirió con arma de fuego. El ladrón entonces, demandó unos mil dólares por daños y perjuicios al dueño de la casa. El caso fue llevado a la corte y el ladrón ganó el dictamen por razón de que el dueño no tenía ningún derecho de herirlo con arma de fuego. Para poder pagar los daños y perjuicios, el dueño tuvo que vender su propiedad. Todo esto porque trató de proteger lo que era legítimamente de él. La ley de Dios protege la propiedad de un hombre y de su hogar. Bajo este principio un hombre se justifica en proteger su propiedad, su hogar y sus seres queridos.
Las leyes de Dios son principios básicos que dan la ley y el orden a la sociedad. Si el género humano hubiera seguido la legislación social de Dios como es dada en el libro de Éxodo, no tendríamos los problemas sociales en las calles y en las ciudades de nuestros países. Hoy en día hay hombres que administran la ley sin tener ninguna base bíblica y por esto nos hallamos en apuros serios, en apuros muy serios de veras. Ahora, de este capítulo 22 de Éxodo, leamos el versículo 3, que dice:
3Pero si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto. (Ex. 22:3)
Si un hombre hurta, tiene que restituir lo que ha hurtado aun hasta el punto de venderse a la esclavitud para ayudar así a efectuar el pago. El versículo 5, dice:
5Si alguno hiciere pastar en campo o viña, y metiere su bestia en campo de otro, de lo mejor de su campo y de lo mejor de su viña pagará. (Ex. 22:5)
Si la vaca o la oveja de un hombre se meten en el campo de otro y causa daño, debe restituir aquello. Leamos ahora el versículo 6:
6Cuando se prendiere fuego, y al quemar espinos quemare mieses amontonadas o en pie, o campo, el que encendió el fuego pagará lo quemado. (Ex. 22:6)
Este es un versículo práctico que nos enseña la manera correcta de hacer las cosas. Es otro principio básico para el bienestar del género humano acá en la tierra. Dios dio el sistema Mosaico a los israelitas para que fueran ejemplo a las naciones del mundo. Avanzando algo más, los versículos 7 al 15 tratan de las leyes que se relacionan con el fraude y el sistema de restitución por motivo de fraude, tanto joya como de animal. Ahora, el versículo 16 dice:
16Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. (Ex. 22:16)
En otras palabras, si un hombre viola a una muchacha, será obligado a casarse con ella. Las cosas andan algo diferente en nuestro tiempo, ¿verdad? Leamos el versículo 17 de Éxodo 22:
17Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes. (Ex. 22:17)
Si es que su padre no está de acuerdo con el matrimonio, será multado por causa de su decisión. Ahora el versículo 18 continúa con otras leyes:
18A la hechicera no dejarás que viva. (Ex. 22:18)
Hoy en día estamos viendo un resurgimiento de la adoración a Satanás, y a lo sobrenatural. Este rumbo es potente y es real. Aquellos que se involucran en tal adoración y en tales prácticas satánicas no les sería permitido vivir, según la ley Mosaica. Veamos ahora el versículo 19 de Éxodo 22:
19Cualquiera que cohabitare con bestia, morirá. (Ex. 22:19)
El cohabitar con una bestia indica a cuán bajo nivel puede descender el hombre. A los hombres les es posible sumergirse a un nivel inferior al de las bestias, y este versículo es una evidencia de ello. Por razón de que los hombres realmente hicieron tales prácticas viles con las bestias, Dios dio una ley para desaprobarlas. Ahora, en el versículo 20 vemos que Dios condena la idolatría:
20El que ofreciere sacrificio a dioses excepto solamente a Jehová, será muerto. (Ex. 22:20)
Esta, por supuesto, fue la pena más severa. Si ésta hubiera sido ejecutada al pie de la letra, tendríamos hoy una sociedad mucho mejor. El destruir totalmente a cualquiera que sacrifique a cualquier otro dios, excepto al Señor, es duro. Pero después de todo, cuando alguien tiene un cáncer o un tumor, quiere quitárselo cortándolo. Quiere estar libre de eso. Y de esto es que habla Dios. Ahora, en el versículo 21 Dios defiende a los extranjeros; leamos:
21Y al extranjero no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. (Ex. 22:21)
Esta es la política del buen vecino que Dios expone aquí. La compasión de Dios por los desvalidos se hace presente en el versículo 22:
22A ninguna viuda ni huérfano afligiréis. (Ex. 22:22)
La Palabra de Dios ha sido la base para todos los grandes movimientos que han traído bendición al género humano. Ahora, en defensa de los desvalidos, Dios deja en claro una sentencia. Veamos los versículos 23 y 24 de Éxodo 22:
23Porque si tú llegas a afligirles, y ellos clamaren a mí, ciertamente oiré yo su clamor; 24y mi furor se encenderá, y os mataré a espada, y vuestras mujeres serán viudas, y huérfanos vuestros hijos. (Ex. 22:23-24)
Creemos que Dios protege a los desamparados. Gran juicio viene sobre aquellos individuos que han maltratado a otros. Dios será muy severo con aquellos que violan Sus leyes, será inexorable. Ahora, la usura o extorsión, práctica común de muchos, es expuesta en el versículo 25:
25Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura. (Ex. 22:25)
Si una persona presta dinero a otro, no ha de cobrar un interés excesivo. Dios dice que es malo abusar de otros y Él no dejará sin castigo a aquel que viola o tiene en poco Sus leyes. Estas, pues, son algunas de las leyes de Dios. Encontraremos más al estudiar el capítulo 23 de Éxodo, lo cual, Dios mediante, haremos en nuestro próximo programa. Hasta entonces, ¡que la bendición del Altísimo sea sobre usted es nuestra ferviente oración!

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