Estudio Bíblico: Éxodo Capítulo 15:11 – 16:18

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Estudio de la Santa Biblia en audio MP3, de Éxodo Capítulo 15:11 – 16:18
Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por el libro de los libros, la Santa Biblia, y estamos estudiando el libro de Éxodo. En nuestro programa anterior estábamos hablando del cántico que los hijos de Israel habían entonado con motivo de su liberación de los egipcios. Y dijimos que los israelitas estaban celebrando su liberación. Egipto y los egipcios representaban para ellos el mundo, la servidumbre, la falta de esperanza y el desamparo. Ahora, han sido redimidos y esa es la esencia de su cántico. Hoy continuamos considerando los versículos 11 al 13 de este capítulo 15 de Éxodo; leamos:
11¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, Terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios? 12Extendiste tu diestra; La tierra los tragó. 13Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste; Lo llevaste con tu poder a tu santa morada. (Ex. 15:11-13)
Israel era un pueblo redimido. La redención del pueblo tuvo que realizarse primero. Y eso es lo importante hoy en día. Dios no está pidiendo que usted haga cosa alguna por Él, sino hasta cuando haya sido redimido y usted haya aceptado Su salvación, la que fue lograda por Jesucristo en la cruz del calvario. No le está pidiendo hacer cosa alguna. Cristo no demanda que el mundo haga alguna cosa. Dios no está diciendo: “Si tú quieres sobresalir y alcanzar una norma un poco más alta, yo estoy dispuesto a ser tu buen vecino”. ¡De ninguna manera! Dios no quiere nada del mundo. Él está diciéndole a un mundo perdido: “¿Qué harás con mi Hijo que murió por ti?” Escuche una vez más, el versículo 13 que acabamos de leer:
13Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste; Lo llevaste con tu poder a tu santa morada. (Ex. 15:13)
Parece como si ya están en la tierra prometida. En cuanto a Dios, están en la tierra, porque Él los guiará hasta allí. Ahora, los versículos 18 al 21 de Éxodo capítulo 15, dicen:
18Jehová reinará eternamente y para siempre. 19Porque Faraón entró cabalgando con sus carros y su gente de a caballo en el mar, y Jehová hizo volver las aguas del mar sobre ellos; mas los hijos de Israel pasaron en seco por en medio del mar. 20Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas. 21Y María les respondía: Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido; Ha echado en el mar al caballo y al jinete. (Ex. 15:18-21)
Esta es la conclusión de este cántico de alabanza y acción de gracias a Dios por Su liberación. Ahora, se nos presenta a una muchacha, de la que no hemos sabido nada desde el relato del nacimiento de Moisés, y esta es María, la hermana de Moisés y de Aarón.
El siguiente aspecto que vamos a considerar en este capítulo 15 de Éxodo, es los israelitas murmuran porque les falta agua. Ahora, Israel ya ha cruzado el mar. Gozaron de un tiempo maravilloso de alabanza cantando el cántico de Moisés. Es un pueblo redimido. Uno pensaría que de aquí en adelante todas las piedras serían quitadas, y que la vida sería una situación de holganza, y que serían librados de todas sus dificultades. No debe haber habido ninguna nube en el cielo, ni espina en el camino, ni suspiro alguno de ninguno en la congregación. Viajaron tres días en el desierto, y ¿qué les pasó? ¡Tenían sed! Leamos el versículo 22:
22E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua. (Ex. 15:22)
Egipto había sido una tierra de abundancia, y tenían agua en abundancia. De repente, los hijos de Israel cruzaron el Mar Rojo y se hallaron en circunstancias algo diferentes. El agua ya no les era accesible. Las cisternas de Egipto ya no estaban, y todavía no habían hallado las fuentes de agua viva. Creemos que esta es la experiencia de cada hijo de Dios que ha renacido. Después de la salvación, el creyente halla que las cisternas de Egipto no satisfacen de ninguna manera. Hay un período de sed del alma. Ese es el período del tiempo del cual nos habla Pablo en su carta a los Filipenses, capítulo 3, versículo 7, donde dice: Pero cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Luego, el Apóstol revela una gran sed, un tremendo anhelo cuando dice en Filipenses 3:10: a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte. Esta es la experiencia del hijo de Dios después de ser redimido.
El Dr. J. Vernon McGee, autor de estos estudios bíblicos, contaba la siguiente experiencia personal. “Recuerdo – decía él – el tiempo cuando Dios puso Su mano sobre mí de una manera muy definida y me di cuenta que debía prepararme para el ministerio. Llegué a conocer la paz de Dios al confiar en Cristo. Quería estudiar para el ministerio, pero en ese entonces estaba trabajando en un banco y andando con unos amigos que no tenían ninguna restricción. Yo creía que me estaba gozando muchísimo, en realidad hasta fui presidente de un comité de baile. En aquellos días siempre se tenía que contrabandear el licor para los bailes. Yo había entregado mi vida al Señor, pero decidí no romper enseguida mis asociaciones mundanales. Decidí ir al baile aquella noche aunque resolví que no bailaría; simplemente me pararía con los hombres solos y conversaría con los demás. Yo diría que me ofrecieron una bebida por lo menos una docena de veces y cada vez rehusé beber. Por fin, me encontré con un joven que trabajaba conmigo en el banco y quien guardaba cierto rencor contra mí. Me habían ascendido a un puesto mayor, – decía el Dr. McGee – y él nunca me había perdonado eso. No era culpa mía porque yo no estaba encargado del banco y yo no era quien decidía los ascensos. Pues, él nunca me había perdonado; aprovechaba cada oportunidad para vengarse de mí de alguna manera u otra. Y en esa noche del baile me dijo: ‘Este sí que es un buen lugar para estar un predicador’. También se servía de un lenguaje acérrimo para remacharme el clavo. Llegué a la conclusión de que todo lo que él había dicho era correcto y como un perrito azotado descendí la escalera y salí a la calle. Podía oír tocar la orquesta en la distancia y casi volví al baile; quise regresar y decirle al joven, pues, creo que me quedaré aquí con mis amigos. Pero, ¡gracias a Dios que no volví! – concluyó el Dr. McGee”.
Amigo oyente, siempre hay aquel viaje al desierto después de que uno es salvo. Uno tiene un poquito de sed, pero las cisternas de Egipto simplemente no satisfarán más. Muchos cristianos recién nacidos buscan el agua viva y no saben dónde hallarla. El evangelista Juan, en el capítulo 7 de su evangelio, versículo 37, dice: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. Amigo oyente, venga a Él en la Palabra de Dios, y así podrá saciar su sed. El tener sed, pues, y el no hallar agua fue la primera experiencia de los israelitas en el desierto. Y ahora, ellos tienen una segunda experiencia que no fue mucho mejor que la primera. Escuche usted, leamos los versículos 23 al 26 de este capítulo 15 de Éxodo:
23Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara. 24Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber? 25Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó; 26y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador. (Ex. 15:23-26)
Su segunda experiencia al otro lado del mar fue con el agua amarga de Mara. Han ido un viaje de tres días por el desierto y tienen sed. Cuando por fin llegan al agua, es amarga y no sirve para beber. Al considerar su experiencia, recuerde usted que los hijos de Israel ahora son redimidos. Mara estaba en la misma senda donde Dios los guiaba. Él había elegido Mara para ellos.
Es posible que usted no se dé cuenta de esto, pero el oasis de Mara es una experiencia cristiana muy normal. Cuando una experiencia desagradable llega al cristiano, por lo general es una cosa confusa y perturbadora. Algunos dicen: “¿Por qué permite Dios que esto me suceda?” Yo no puedo decir por qué ciertas cosas vienen a las vidas de los cristianos, pero sí sé que Dios no los está castigando. Los está educando y preparando para alguna cosa. El Señor dijo que tendríamos dificultad en el mundo. En la misma senda suya hay una experiencia Mara. En la senda de cada creyente hay una Mara. Dios lo ha ordenado todo. Alguien ha dicho: “Los chascos de la vida son destinados por Dios”. Y esta es una declaración verdadera. Un joven dijo una vez a su Pastor: “Yo quería ir al Instituto Bíblico. Quería prepararme para la obra misionera, pero mi papá murió, y tuve que proveer para mi familia, y al fin, pues, no pude ir al Instituto”.
La superintendente del departamento de señoritas en una iglesia era una bella joven, la cual también era muy dulce, y una persona que nunca se quejaba por nada. Se había encanecido prematuramente y una vez preguntó el Pastor, por qué era así. En un tiempo ella estaba comprometida para casarse con uno de los jóvenes más guapos en la iglesia. Se iban a casar, pero él tuvo que ir a la guerra y fue muerto. Y esto causó que su cabello se encaneciera. Aquello, pues, fue la Mara en su vida.
Hay muchos contratiempos, chascos, y tristezas en la vida. Los planes suyos, amigo oyente, pueden ser deshechos como un rompecabezas. Es posible que usted tenga un pequeño sepulcro en algún flanco de una colina. Permítanos decirle, amigo oyente, que todos tenemos nuestras Maras. No las podemos evitar. No podemos pasar por un lado, ni saltarlas por encima, ni atravesarlas por algún túnel. Dios usa un hierro ardiente para marcarnos. Recuerdo, siendo yo niño que cuando marcaban las vacas y los terneros, se utilizaba un hierro candente para eso. Y las vacas y terneros berreaban del dolor. Yo, por mi parte, me sentía triste al verlos así. Pero de allí en adelante, todo el mundo sabía a quien pertenecía ese ganado por su marca. Después que un ternero o una vaca era marcada con hierro candente, no se perdería. Y, amigo oyente, Dios ha hecho eso con nosotros hoy en día.
Ahora, ¿qué fue lo que endulzó el agua amarga de Mara? Se nos dice que un árbol echado al agua lo endulzó. Deuteronomio 21:23 dice: “No dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad”. Y en Gálatas 3:13, el Apóstol Pablo dice: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).” Jesucristo murió en un árbol y es aquella cruz que endulza las experiencias de la vida. Gustó la muerte por cada hombre y quitó el aguijón de la muerte. El Apóstol Pablo, nos dice en su primera carta a los Corintios, capítulo 15, versículo 55: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” Sí, amigo oyente, es la cruz de Cristo la que endulza las experiencias amargas de la vida. Leamos ahora el versículo 27 de este capítulo 15 de Éxodo que estamos considerando:
27Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas. (Ex. 15:27)
Elim era un lugar de bendición y frutos en abundancia. Había setenta palmeras y doce fuentes de aguas. Después de la amargura de Mara, Dios guió a Su pueblo a Elim. Ahora, el Salmo 30:5 revela lo siguiente: “Porque un momento será su ira, Pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá la alegría”. El plan de Dios de utilidad para Su pueblo siempre guía por Mara y por Elim. José, Moisés, Elías y David, todos tuvieron esta misma experiencia. Su pueblo hoy en día todavía tiene esta experiencia. Tras cada sombra hay un Elim. Tras cada nube queda el sol. Tras cada sombra está la luz. Tras cada prueba hay un triunfo, y tras cada tormenta el arco-iris.
Jorge Matheson escribió: “Yo trazo el arco iris a través de la lluvia”. Esta es la senda por la cual Dios nos guía, amigo oyente. Todas estas cosas acontecieron a Israel como ejemplo para nosotros. Y así concluye el capítulo 15 del libro de Éxodo. Nos encontramos ahora en el capítulo 16. En este capítulo consideraremos los aspectos siguientes: los israelitas llegan al desierto de Sin. Murmuran por causa de su falta de pan. Las codornices y el maná son enviados. El maná no debe ser recogido en el día de reposo. Y una medida de maná es preservada.
Hemos estado estudiando las experiencias de la nación de Israel después que los israelitas salieron de la tierra de Egipto y cruzaron el Mar Rojo y llegaron al monte de Sinaí; hay ciertas experiencias que son contadas, las que corresponden también a la experiencia cristiana. Hasta aquí, ellos han cantado el cántico de Moisés; han viajado por tres días sin beber agua, han llegado a Mara donde las aguas eran amargas, y luego han viajado a Elim donde había agua y árboles en abundancia. Elim es un cuadro de la fructífera experiencia cristiana, y Dios promete traernos a este lugar. Consideremos el primer aspecto, la murmuración de los israelitas porque les falta comida. El capítulo 16 nos trae al desierto de Sin. Leamos los primeros tres versículos de este capítulo 16 de Éxodo:
1Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. 2Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; 3y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud. (Ex. 16:1-3)
Ya hace dos meses y medio que los israelitas salieron de Egipto. Empezaron a murmurar cuando se acercaron al Mar Rojo. Cuando cruzaron el mar, cantaron el cántico de Moisés, el cántico de redención. No pasó mucho tiempo antes de que empezaran a murmurar y a cantar los cánticos melancólicos. Nosotros los llamaríamos un montón de refunfuñadores. Querían ser librados de la servidumbre de Egipto. Después que viajaron al desierto, les faltó agua y comida, y empezaron a quejarse. Se acordaron de las ollas de carne en Egipto y las anhelaban. Hay muchos que han sido salvados del pecado y que han querido volver a la vida vieja.
Un hombre dijo en cierta ocasión que había sido salvo de una vida de contrabando de licores y de borrachera. Cuando se convirtió, conocía todos los sitios de contrabando que había en aquella ciudad donde vivía, y durante los primeros meses después de su salvación ni siquiera se atrevió a acercarse a ninguno de esos lugares porque bien sabía que entraría en ellos. El decía: “Miré atrás a aquellas viejas ollas de carne, pero gracias a Dios que hoy en día las odio”.
Consideremos ahora el segundo aspecto en este capítulo 16: la provisión del maná y las codornices. Dios no tenía ninguna intención de dejar que los israelitas murieran de hambre. Su plan era el de guiarles por el desierto, y Él había prometido cuidarlos a todos. Leamos ahora los versículos 4 al 7 de este capítulo 16 de Éxodo que estamos estudiando:
4Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. 5Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día. 6Entonces dijeron Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: En la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto, 7y a la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; porque nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros? (Ex. 16:4-7)
Moisés y Aarón preguntaron a la congregación: “Por qué murmuran contra nosotros? Sólo somos humanos. No podemos hacer nada. No podemos proveer para ustedes, pero Dios ha oído sus murmuraciones y ustedes verán la gloria de Dios”. Cada vez que murmuraban los israelitas, la gloria de Dios aparecía. A Dios no le agrada que los cristianos refunfuñen, se quejen y culpen a otros. La iglesia está llena de cristianos que se quejan. Si usted es uno de los de la iglesia que murmura, se queja y refunfuña, pues, salga para ir a otra parte. Es mucho mejor que dé úlceras a otros y no al pastor, los diáconos y la junta directiva de la iglesia. En el versículo 8 veremos la provisión de Dios para un pueblo quejumbroso; leamos:
8Dijo también Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él; porque nosotros, ¿qué somos? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová. (Ex. 16:8)
Amigo oyente, debe tener mucho cuidado en cuanto al asunto del cual usted refunfuña en la iglesia. ¿Está usted refunfuñando en cuanto al predicador porque él no es tan amistoso como usted cree que debe ser? ¿O por causa de que no le dio la mano el otro domingo, o quizá porque no le ha visitado durante la semana pasada? ¿Está usted murmurando contra él? ¿No es verdad que, en realidad, usted está en su contra porque él enseña la Palabra de Dios, y porque representa a Dios en su iglesia? A veces nosotros los predicadores murmuramos también, y por eso mismo todos debemos tener mucho cuidado de no murmurar contra Dios. Esta es una cosa que no le agrada a Dios. En los versículos 9 al 13 de Éxodo 16, Dios confirma a Moisés la promesa de provisión de alimento para el pueblo hebreo; leamos:
9Y dijo Moisés a Aarón: Di a toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos a la presencia de Jehová, porque él ha oído vuestras murmuraciones. 10Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube. 11Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 12Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios. 13Y venida la tarde, subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento. (Ex. 16:9-13)
Dios no tan sólo dio a los israelitas el maná, sino que también envió codornices. Comieron hamburguesas de codornices con maná, lo que era sabrosísimo. La providencia de Dios llegó en la hora debida. Consideremos ahora, el maná. El maná era el alimento de los hijos de Israel mientras viajaban por el desierto. Los versículos 14 al 16 hablan de este tremendo milagro:
14Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. 15Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer. 16Esto es lo que Jehová ha mandado: Recoged de él cada uno según lo que pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda. (Ex. 16:14-16)
Los israelitas debían recoger solamente el maná suficiente para cada día. En el día anterior al día del reposo, debían recoger el suficiente maná para dos días porque el maná no aparecería en el día de reposo. Bien, amigo oyente, nuestro tiempo ha concluido y tenemos que detenernos aquí. ¡Que Dios le bendiga es nuestra ferviente oración!

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