Estudio Bíblico: Éxodo Capítulo 14:11 – 15:10

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Estudio de la Santa Biblia en audio MP3, de Éxodo Capítulo 14:11 – 15:10
Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por el segundo libro del Antiguo Testamento, el libro de Éxodo. En nuestro programa anterior concluimos diciendo que las huestes de Egipto avanzaban contra los hijos de Israel con 600 carros. Luego, en los versículos 8 al 10, vimos cómo los israelitas se encontraban en una situación bastante difícil, con el Mar Rojo frente a ellos, y las huestes de Egipto por detrás. Leamos ahora el versículo 11 de este capítulo 14 de Éxodo que estamos considerando:
11Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? (Ex. 14:11)
Esta es una declaración algo irónica y estamos seguros que lo fue aún más en aquel día. Las grandes pirámides eran como monumentos a los cementerios de los reyes. Las momias estaban en todas partes en Egipto; era un gran cementerio. Los israelitas decían: “¿Nos trajiste al desierto para morir porque no había lugar para sepultarnos en la tierra de Egipto?” Los israelitas creen que van a ser muertos en el desierto. Ahora el versículo 12, dice:
12¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto. (Ex. 14:12)
Los israelitas en la tierra de Egipto clamaron pidiendo la liberación. Dios les proveyó la oportunidad para salir y en el momento en que se hallaron en peligro, quisieron regresar a Egipto.
Ahora, note usted lo que Dios hará por Su pueblo. Son indefensos, están desesperados sin la ayuda de Dios. Ahora, si han de ser redimidos, Dios tendrá que hacerlo. Ojalá que nosotros pudiéramos adquirir aquel punto de vista objetivo en cuanto a nosotros mismos hoy en día, porque somos exactamente como los israelitas. Si pudiéramos acompañar a los astronautas a la luna y mirar nuestra pequeña tierra, veríamos a hombres y mujeres que andan perdidos en el pecado. En realidad, nuestro mundo es un lugar desesperado. Es un gran cementerio. El Apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, capítulo 5, versículo 12, nos dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. El hombre ha estado en marcha por más de cinco mil años. ¿Hacia dónde marcha? El hombre marcha al sepulcro. No es muy bonito decirlo, pero es la verdad. Sin duda, el hombre es el fracaso más colosal en este universo de Dios.
Consideremos ahora la victoria de Dios sobre Egipto. A menos que Dios intervenga por ellos, los hijos de Israel quedan sentenciados a una muerte segura. Usted y yo, amigo oyente, nunca podríamos ser redimidos a menos que sea Dios quien lo haga. La redención es la obra de Dios. Jonás dijo en su libro, capítulo 2 y versículo 9: “Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; Pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová”. El rey David hizo la misma declaración, y ese es también el mensaje del Nuevo Testamento. Veamos ahora el versículo 13 de este capítulo 14 de Éxodo:
13Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. (Ex. 14:13)
El Señor obrará por Su pueblo. Todo lo que necesitaban hacer era aceptar y recibir la salvación que ofrece el Señor. Debían estar firmes, y Dios obraría. Recuerde que usted no puede ni aun alzar el dedo meñique para obtener su salvación. Todo lo que es necesario que usted haga es aceptar lo que Dios ya ha hecho por usted. Esta es la última vez que los israelitas verían a los egipcios. Levantarán las manos por última vez en esta contienda contra Israel y serán derrotados por Dios. Dios traerá salvación a Su pueblo, y ellos tendrán la paz que viene de tener perdonados los pecados. Leamos ahora los versículos 14 al 16 de Éxodo 14:
14Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos. 15Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. 16Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco. (Ex. 14:14-16)
Los israelitas debían estar firmes y ver así la salvación del Señor. Luego debían de asirse de Sus instrucciones por la fe. Debían cruzar el Mar Rojo. Son muchas las explicaciones naturales que se ofrecen en cuanto a cómo cruzaron los israelitas el mar. En primer lugar, creemos que está bien establecido por los historiadores y teólogos conservadores que el éxodo de Israel es un hecho histórico. El problema se encuentra en tratar de calcular cómo cruzaron el Mar Rojo. Algunos dicen que un viento sopló causando que las aguas retrocedieran para formar muros de agua a cada lado del camino. Otros dicen que algún tipo de fenómeno natural arrolló el mar. Todavía otros alegan que un terremoto tuvo lugar en el mismo momento que estaban listos para cruzar el mar. La cosa que tiene que ser enfrentada aquí es que se realizó un milagro. Es algo que se acepta o no se acepta. Dios, por medio de un milagro, abrió el mar y los israelitas caminaron por medio de él en tierra seca.
Cuando los israelitas cruzaron el mar, era igual como atravesar el desierto. La arena estaba seca. Ni aún se mojaron los pies. Ni una gota de agua les cayó encima. Esto puede ser explicado solamente por un milagro. Cruzaron al otro lado a pie enjuto. Ni aún había la suficiente agua como para humedecerse los pies. Sería difícil explicar esto aparte de un milagro directo de Dios. Ahora, el versículo 17 dice:
17Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que los sigan; y yo me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería. (Ex. 14:17)
Si usted hubiera estado en la orilla del mar cuando Faraón empezó a seguir a los israelitas por el Mar Rojo, usted quizá podría haberle dicho: “Bueno, supongo que usted reconoce que hace esto porque su corazón y el corazón de su pueblo se han endurecido”. Y creemos que Faraón y su ejército se hubieran reído y contestado: “Perseguimos a los israelitas porque queremos perseguirlos”. Pero, amigo oyente, el hecho es que Dios les está forzando a los egipcios a hacer las cosas que ya está en sus corazones hacer. Sigamos adelante con los versículos 18 al 21 de Éxodo 14:
18y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando me glorifique en Faraón, en sus carros y en su gente de a caballo. 19Y el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas, 20e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros. 21Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. (Ex. 14:18-21)
Hay varias cosas en este pasaje en las cuales debemos fijarnos. En primer lugar, los egipcios que son mencionados en el versículo uno son los que se quedaron atrás en la tierra de Egipto. Israel cruzará seguro al otro lado del Mar Rojo, y Faraón y su ejército perecerán en las aguas de aquel mar, y los egipcios que están en la tierra sabrán que el Dios de los israelitas es Jehová. En el versículo 19, el ángel de Dios se menciona. Creemos que el ángel de Dios no es ningún otro sino el Cristo pre-encarnado. Era Dios mismo quien se paró entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. Cuando apareció un recio viento oriental, causó que el mar se retirara. Un viento natural nunca pudo haber hecho muros de agua en ambos lados. Leamos ahora los versículos 22 al 25 de Éxodo capítulo 14:
22Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda. 23Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras ellos hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su gente de a caballo. 24Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios, 25y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios. (Ex. 14:22-25)
Al llevar a cabo Dios Su plan para librar a Su pueblo, de nuevo vemos que obró por medio de la columna de fuego y de la columna de nube, las que a nuestro parecer representan al Espíritu Santo. Y Él obra exactamente así hoy en día. Dios obró por medio de Su Espíritu, representado por la columna de fuego y la columna de nube. Tal como los hijos de Israel fueron guiados por el Espíritu Santo de Dios, así también nosotros debemos ser guiados por Él. Los egipcios entendieron con claridad, entonces, que lo que les estaba sucediendo era ciertamente algo sobrenatural, y ahora quieren escapar, y dan la vuelta y tratan de retirarse. De este capítulo 14 de Éxodo, leamos los versículos 26 al 28:
26Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería. 27Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar. 28Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno. (Ex. 14:26-28)
Este relato requiere una observación cuidadosa porque es un milagro. No hay ninguna manera natural que pueda explicar lo que sucedió. Muchos hombres que creen en la Palabra de Dios, y que son salvos por su fe en Cristo, tratan de explicar el cruce del Mar Rojo de alguna manera natural. Cuando uno lee este relato, es imposible explicarlo naturalmente. Dios dice que es un milagro; y esto se acepta o se rechaza. Demos un vistazo al versículo 29:
29Y los hijos de Israel fueron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas por muro a su derecha y a su izquierda. (Ex. 14:29)
Este es un milagro. Dos veces ahora esto se nos ha aclarado. Caminaron en seco por en medio del mar. Las aguas les fueron por muro a la izquierda y a la derecha. No es posible explicarlo sobre una base natural. Leamos ahora los versículos 30 y 31 de Éxodo 14:
30Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. 31Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo. (Ex. 14:30-31)
Estos dos versículos declaran el propósito de Dios en liberar a Israel. Al principiar su marcha por el desierto los israelitas vieron el poder de Dios cuando los libró de Egipto con sangre. Ahora, en el Mar Rojo, demuestra Su poder de nuevo al guiarlos en plena seguridad en medio del mar y al destruir a los egipcios que los perseguían. Dios, pues, libró a Sus hijos por Su poder.
Y así concluye el capítulo 14 del libro de Éxodo. Y llegamos ahora al capítulo 15. En este capítulo consideraremos los siguientes aspectos: Moisés y los hijos de Israel cantan un cántico de redención. El pueblo requiere agua y murmura porque no hay agua para beber. El agua amarga de Mara y las fuentes de agua en Elim. Consideremos el primer aspecto: el cántico de redención de Israel. Inmediatamente después de cruzar ilesos el Mar Rojo, los hijos de Israel unen sus voces para cantar. Escuchemos las palabras iniciales de este cántico en los versículos 1 al 3 de este capítulo 15 de Éxodo:
1Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová, y dijeron: Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; Ha echado en el mar al caballo y al jinete. 2Jehová es mi fortaleza y mi cántico, Y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré. 3Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre. (Ex. 15:1-3)
Los israelitas están cantando en alta voz sus alabanzas a su Dios. Estos son los mismos que hace unas pocas horas al otro lado del Mar Rojo, se quejaban y clamaban diciendo que querían volver a Egipto para morir. ¿Qué había pasado? El Apóstol Pablo nos dice en su primera carta a los Corintios, capítulo 10, versículo 11, que: estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Unos versículos más atrás en este mismo capítulo 10, versículos 1 y 2, da más luz sobre este asunto; Pablo dice: Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar. Ahora, ¿cómo fueron bautizados los hijos de Israel en Moisés? No pudo haber sido en agua porque cruzaron en medio del Mar Rojo a pie enjuto, es decir, en seco. Ni una gota de agua les cayó encima. Ahora, si usted quiere hablar en cuanto al agua, mire bien a los egipcios; ellos fueron los que se mojaron.
¿Qué significa, pues, que los israelitas fueron bautizados en Moisés en la nube y en el mar? Significa que se identificaron con Moisés. El significado principal del bautismo es la identificación. El ritual del bautismo se lleva a cabo en el agua, y creemos que esto es esencial e importante. Manifiesta el verdadero bautismo que es del Espíritu Santo, el cual nos identifica con Cristo, y nos pone en Cristo. Ahora, los israelitas fueron bautizados en Moisés. Se quejaron a un lado del mar y cuando cruzaron al otro lado entonaban el cántico de Moisés. Se identificaron con Moisés. Habían sido librados por medio de él.
Aprendemos más acerca de este incidente en Hebreos 11:29, donde se nos dice: Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados”. Fue por la fe que los israelitas cruzaron el mar. Ahora,¿de quién era la fe? No era la fe de los israelitas, porque ellos no tenían ninguna fe sino hasta cuando cruzaron el mar. Fue la fe de Moisés. Fue Moisés quien extendió su mano sobre el Mar Rojo. Fue Moisés, quien los guió por en medio del mar. Cuando llegaron al otro lado, fue Moisés el que empezó a cantar de la liberación, y de que habían visto la salvación de Dios. Luego se identificaron con Moisés y comenzaron a cantar con él.
Fueron bautizados en Moisés, y eso es lo que sucede cuando usted, amigo oyente, confía en el Señor Jesucristo como su Salvador. Cristo es quien nos libra de la servidumbre egipcia, y de las tinieblas egipcias de este mundo. Nos guía a través del Mar Rojo, nos hace ver Su liberación, y nos trae hasta el lugar donde podemos elevarle un himno de redención. Luego, somos unidos a Él. Somos bautizados en Cristo. El Apóstol Pablo, en su primera carta a los Corintios, capítulo 12, versículo 13, dice: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”. El Espíritu Santo es el que nos une a Cristo, y nos hace uno con Él. Es una cosa maravillosa estar unidos a Él.
Una vez un ancianita hablando en cuanto a la seguridad de su salvación, dijo: “Nadie puede quitarme de Su mano”. Alguien le contestó a la ancianita: “Bueno, ¡tú puedes pasar inadvertida por entre los dedos de Él!” Y ella respondió: “Eso nunca puede suceder. No puedo pasar por los dedos de Cristo, porque yo soy uno de Sus dedos”. Y eso es verdad, amigo oyente, somos miembros del cuerpo de Cristo. El Espíritu Santo nos une a Él. ¡Qué redención más maravillosa tenemos en Cristo! Lo que le sucedió a Israel es un ejemplo para nosotros. Es un cuadro de nuestra redención, y de lo que hace el Espíritu de Dios cuando confiamos en el Señor Jesucristo como nuestro Salvador.
Antes de que los israelitas unieran sus voces con Moisés para cantar el cántico de redención a su Dios, se hallaban en el desierto cantando los cánticos melancólicos. Antes de cruzar el mar, se vieron afligidos y sintieron tristeza por haber salido de Egipto. Cantaron en alta voz y por largo tiempo los cánticos tristes; y veremos que volverán a cantarlos de nuevo porque estos llegaron a ser como una canción lema mientras viajaban por el desierto. Por un tiempo, sin embargo, cantaron el cántico de redención. Este cántico puede ser comparado con el cántico de Débora y de Barac en el libro de los Jueces. Hay muchos cánticos en la Biblia. David compuso y cantó muchos himnos, los cuales se encuentran en los Salmos. Usted encontrará que sus cánticos son verdaderas obras maestras. Aún Jeremías tuvo un cántico aunque muchas veces fue acompañado por un lamento y un dolor. Otros profetas tuvieron cánticos que entonar en todo el Antiguo Testamento.
El Nuevo Testamento principia con cánticos. El doctor Lucas, por ejemplo, cuenta acerca de varios de ellos. Hay el cántico de Elizabet cuando le fue traída la palabra de que iba a dar a luz. María cantó un cántico cuando se dio cuenta que iba a ser la madre del Señor Jesucristo. Otros grandes cánticos fueron relacionados con el nacimiento de Cristo, así como el cántico de alabanza que oyeron cantar los pastores a la hueste celestial.
Por último, el libro de Apocalipsis nos da un vistazo del cielo al ver nosotros la gran compañía reunida alrededor del trono de Dios cantando un cántico nuevo. Con todo el hablar hoy en día en cuanto a la paz, no sería malo que todo el mundo leyese ese cántico que cantaron las huestes de Israel. Nos dice que Jehová es varón de guerra. En el capítulo 19 de Apocalipsis, lo vemos acercándose a la tierra y reprimiendo toda injusticia. Hasta aquel tiempo, la tierra nunca tendrá la paz. En Mateo 10:34, el Señor dijo: No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Estas palabras fueron habladas en cuanto a Su primera venida a la tierra. La segunda vez que Él venga, traerá paz con la espada. Esa es la única manera de librar la tierra de injusticia. Este cántico de Moisés y de los israelitas, pues, relata la experiencia fantástica que tuvieron al cruzar el Mar Rojo. Su cántico contaba la historia de lo que habían visto hacer a Dios y de lo que Dios había hecho por ellos. Fue algo que no iban a olvidar tan pronto. Ahora, los versículos 4 al 6 de Éxodo 15, dicen:
4Echó en el mar los carros de Faraón y su ejército; Y sus capitanes escogidos fueron hundidos en el Mar Rojo. 5Los abismos los cubrieron; Descendieron a las profundidades como piedra. 6Tu diestra, oh Jehová, ha sido magnificada en poder; Tu diestra, oh Jehová, ha quebrantado al enemigo. (Ex. 15:4-6)
Los israelitas están celebrando su liberación. Egipto y los egipcios representaban para ellos el mundo, la servidumbre, la falta de esperanza, y el desamparo. Ahora, han sido redimidos, y esa es la esencia de su cántico. Este cántico continúa en los versículos 7 al 18, exaltando la grandeza del poder con que Dios ha derribado a los enemigos que perseguían a los hijos de Israel. Y aquí nos detenemos por esta oportunidad. Continuaremos considerando este capítulo 15 de Éxodo, en nuestro próximo programa. Hasta entonces, es nuestra oración ¡que Dios le bendiga abundantemente!

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